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Monseñor Bittschi: “Oremos para que el Señor despierte en nosotros el deseo de amar su Palabra”

En su reflexión de este domingo 4 de agosto, domingo 18 durante el año litúrgico, Monseñor Adolfo Bittschi, obispo auxiliar de Sucre y director nacional de Obras Misionales Pontificias compartió su mensaje dominical enfocándose en el Evangelio según San Juan 6, 24 – 35.

Tituló su reflexión: “YO SOY EL PAN DE LA VIDA”, destacando tres puntos sobre este misterio del “PAN DE VIDA” ofrecido por Dios.

1. El pan es la persona de Jesús que dice: “Yo soy el pan de vida”

Jesús afirma con claridad: «Yo soy el PAN DE VIDA ». Un cristiano, que “conoce” el misterio de la Eucaristía relaciona esta declaración con el “Pan Eucarístico”, el Cuerpo de Cristo. Sí, “el pan de la vida”, del cual está hablando Jesús, encontrará su plenitud en el pan que Él consagrará en la Última Cena diciendo “Esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes”.

Sin embargo, en este discurso su declaración de ser el PAN DE VIDA es más general: es Jesús con toda su persona, sus actos y palabras. En efecto, dice: «Yo soy el pan de vida; El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás». De esta forma, Jesús invita ir a Él y a creer en Él. En otras palabras, comer el PAN DE VIDA significa acoger a Jesús como Hijo enviado de Dios. Por eso, el Señor insiste: «el pan de Dios es Él que baja del cielo y da vida al mundo» y, respondiendo a la pregunta sobre lo que se tiene que hacer para cumplir las obras de Dios, Jesús declara: «La obra de Dios es esta: que crean en Él que Él ha enviado».

En una palabra, el “PAN DE VIDA” es Jesús. “Comerlo” significa asumir en el corazón, a través de la fe, su persona, con todas sus enseñanzas y sus acciones salvíficas y santificadoras.

2. El pan es la “Sabiduría de Dios”

Hablando en Cafarnaúm a los judíos acerca del “PAN DE VIDA”, ellos habrían pensado en un discurso similar sobre la misteriosa figura de la “Sabiduría de Dios” en los Proverbios. La Sabiduría invita a un banquete. Esta profecía nos ayuda a comprender las palabras de Jesús. “La sabiduría se ha hecho una casa, ha labrado siete columnas; ha sacrificado víctimas, ha mezclado el vino y ha preparado la mesa. Ha enviado a sus criados a anunciar: …«Venid a comer de mi pan, a beber el vino;  dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la inteligencia»”. (Proverbios  9,1 – 6)

Esta invitación a seguir la vía de la Sabiduría divina y su llamada a comer el “PAN DE VIDA”, se refiere al adherirse a la SABIDURÍA, a su enseñanza. Entonces el “PAN” que Jesús ofrece son también sus Palabras. En Mateo 4,4 dice Jesús, citando el libro de Deuteronomio, “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Dt 8,3).

Quien la acoge pasa de la muerte a la vida, como Él indica: “quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no es llevado a juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la Vida” (Juan 5,24).

3. Cristo y su Palabra es el “Pan para la vida del mundo”

Para sus discípulos misioneros la llamada de Jesús a comer el pan que es su palabra para la vida es urgente para su vida espiritual y su misión de evangelizar en el mundo de hoy. Se trata del don de la mesa de la Palabra de Dios, revelada en Cristo, el Verbo y Sabiduría de Dios encarnado. Sus palabras tienen que ser siempre acogidas como el alimento necesario para el camino. Para la vida de los discípulos, el pan de la Palabra sigue siendo el alimento fundamental junto con el Pan Eucarístico del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Enviándolos al mundo con el mandato misionero después de su Resurrección, Él les ordenó enseñar a todos los pueblos «a guardar todo lo que yo les he mandado» (Mt 28,20), es decir, transmitir y custodiar fielmente todas sus Palabras que llevan a la vida con Dios.

Monseñor pidió orar “para que el Señor despierte en nosotros el deseo de amar su palabra para saciar el hambre de verdad que ha puesto en nuestro corazón y la compartamos con todos nuestros hermanos que la necesitan en el camino hacia la vida eterna”.

Recordó también “CONCILIO VATICANO II, Constitución dogmática sobre la divina revelación, Dei Verbum, dice: “21. La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor”. CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA: 103 “… la Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera también el Cuerpo del Señor. No cesa de presentar a los fieles el Pan de vida que se distribuye en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo (cf. DV 21)”.

Y en el santo del día mencionó a San Juan María Vianney, Cura de Ars, Patrono de los párrocos, nació 1786 cerca de Lyon, Francia. El idioma latín le causó graves dificultades. Cuando pudo dar el examen en francés respondió acertadamente. Por su fe profunda y su vida ejemplar fue ordenado sacerdote. Con sus fuertes penitencias se transformó su pequeña parroquia de Ars. Fundó una escuela para niñas.

En una catequesis  sobre la Oración el santo Cura de Ars decía: “Consideradlo, hijos míos: el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro. El hombre tiene un hermoso deber: ORAR y AMAR. Si oráis y amáis, habréis hallado la felicidad en este mundo. La oración no es otra cosa que la unión con Dios, es una felicidad que supera nuestra comprensión. Nosotros nos habíamos hecho indignos de orar, pero Dios, por su bondad, nos ha permitido hablar con Él. Nuestra oración es el incienso que más le agrada”.

Así Monseñor Bittschi pidió también orar por los sacerdotes, sobre todo por los párrocos, para que sigan el ejemplo de su Santo Patrono Juan María Vianney.

 

[Fuente: Bolivia Misionera]

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