Análisis

Mons. Sergio Gualberti: “Que se dejen a un lado los afanes de poder, las prácticas de confrontación”

 

 

Las lecturas de este Domingo ponen en evidencia un hecho: nuestra manera de pensar, de mirar a las personas, de concebir a la realidad y a la vida, es muy distinta y muy limitada en relación a los juicios del Señor: “Los pensamientos de ustedes no son los míos… como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los de ustedes”.

 

Una confirmación de estas palabras expresadas por el profeta Isaías esla parábola de Jesús que acabamos de escuchar. Él nos habla de un propietario, que representa aDios Padre, que sale a la plaza a toda hora en busca de peones, que somos nosotros, para enviarlos a trabajar en su viña y, al final de la jornada, los paga a todos por igual.

 

El propietario de la viña, tiene un comportamiento provocador porque además de darles a todos un denario, paga antes a los que habían llegado por últimos a la viña, para que los primeros se dieran cuenta de su actuación. Por eso, no nos asombran las quejas de los peones que reclaman mayores méritos y derechos en base al criterio de valoración y de distribución equitativa, conforme al sentido común de justicia social. “¡Estos últimos trabajaron nada más que una hora y tu le das lo mismo que a nosotros!”.

 

A este reclamo el propietario responde con unas palabras francas y directas: “Amigo, no soy injusto contigo. ¿Acaso no habíamos tratado en un denario?”. El dueño ha actuado conforme a justicia, habiendo cancelado a los primeros obreros lo que habían acordado. Si en el trato con los últimos ha ido más allá del criterio económico y se ha dejado guiar por su bondad y generosidad, no puede ser condenado por eso.

 

¿No tengo derecho de disponer de mis bienes cómo me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?” Para el dueño no es difícil detectar que la reacción de los peones es dada por la envidia y no sólo por la indignación ante la aparente injusticia.

 

Con esta parábola Jesús nos pone en claro que los criterios de Dios son inmensamente distintos de nuestra mentalidad mercantilista y egoísta, se rigen por el amor y la gratuidad. Dios nos sorprende porque nos trata a todos por igual, volcando nuestra escala de valores y nuestra concepción que clasifica a las personas en base a criterios de economía, de poder y de prestigio.

 

Para él todos somos sus hijos, el nos ha creado a su imagen y semejanza, y todos fuimos redimidos por su Hijo Jesús, por eso llamados a vivir en igualdad y unidad como hermanos entre nosotros. Este es el plan de salvación que Dios ha previsto para todo ser humano, es el Reino que Jesucristo ha venido a anunciar e instaurar.

 

En el Reino de Dios se borra todo privilegio, porque el Señor nos llamaa todos, sin distinción de ninguna clase, a tener parte de la herencia de vida eterna y a tener acceso gratuito a sus dones abundantes. Y, si hay una preferencia de parte de Dios, es para recrear entre todos los seres humanos la igualdad y fraternidad vulneradas por el pecado, dando predilección a los pobres y marginados, víctimas de un sistema injusto y discriminador. Jesús expresa esta preferencia de Dios para con los menos favorecidos de la sociedad con una afirmación categórica: “Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos”.

 

Los últimos son los excluidos de la vida de la sociedad, los que no cuentan nada, y sin embargo, Jesús, desde estos “don nadie”, instaura una nueva manera de relacionarnos entre personas, marcada ya no por la dominación, la injusticia y la disparidad, sino por el amor, la igualdad y la fraternidad. Él concreta esta misión salvadora sanando a los enfermos, solidarizándose con los pobres y perdonando a los publicanos y pecadores, rechazados y marginados por la sociedad de su tiempo. En estas palabras y actuación de Jesús se manifiesta cual es el rostro verdadero de Dios, un rostro misericordioso y siempre dispuesto a perdonar.

 

Así también lo afirma el profeta Isaías: Busquen a Dios mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca… vuelvan al Señor y Él, que es generoso en perdonar, les tendrá compasión…”.El Señor, en su voluntad y deseo de salvación, nos urge a buscarlo, a convertirnos, a estar atento a él que está cerca para que gocemos de su perdón y su amor misericordioso. Son palabras consoladoras que nos mueven a superar nuestros temores, a desechar la imagen de un Dios que castiga y a mirar con esperanza nuestras propias debilidades y pecados.

 

Además estas palabras nos llaman a dar testimonio, al igual que Jesús, de Dios “justo y bondadoso y de gran misericordia” como hemos meditado en el Salmo. Dar testimonio es cambiar nuestros criterios, actitudes y juicios, a menudo mezquinos y duros, y asumir pensamientos y actitudes de misericordia y perdón hacia los hermanos. Como hemos visto, en las palabras de Isaías y en la parábola de Jesús, la enseñanza de orden espiritual de máxima importancia no es tanto la recompensa, sino la llamada de parte de Dios a todos y a toda hora, y a la que tenemos que responder con disponibilidad y generosidad.

 

“Vayan también ustedes en mi viña”, es la invitación que el Señor nos vuelve a dirigir esta mañana. Respondamos con apertura y entusiasmo, no seamos desconfiados ni mezquinos, pensando que, de todos modos, la recompensa es la misma. Sería un grave error postergar la “conversión” y no buscar a Dios mientras se deja encontrar, no hacer rendir al máximo los talentos que Él nos ha dado y no ponerlos al servicio de la instauración del Reino de Dios en la viña, es decir en nuestro mundo.

 

En este tiempo de campaña electoral sería conveniente que los partidos no pierdan de vista la afirmación categórica de Jesús: “los últimos serán los primeros”. Que se dejen a un lado los afanes de poder, las prácticas de confrontación y de antagonismos en búsqueda de hegemonía, y se asuman actitudes de servicio con miras al bien común, para abrir caminos de una nueva justicia e igualdad que lleven hacia la paz verdadera y duradera.

 

Para terminar invoco la bendición del Señor sobre nuestra ciudad y departamento que el miércoles próximo celebran un aniversario más del grito libertario, para que todos los ciudadanos tomemos conciencia del llamado del Señor a trabajar en su viña, es decir a ser testigos del reino de Dios en la construcción de nuestra sociedad cruceña más fraterna y solidaria, basada en la libertad, la igualdad y la justicia.Amén