Análisis

Mons. Sergio Gualberti a las autoridades electas: “No exceder los límites del mandato que el pueblo les ha confiado”

La Palabra de Dios del tiempo de Adviento, no sólo nos enseña y nos da indicaciones de cómo prepararnos a la celebración del nacimiento de Jesús y a su venida definitiva, sino que nos presenta figuras concretas de personas que han anunciado o que han vivido en primera persona esta buena noticia: El profeta Isaías, Juan el Bautista y la Virgen Maria.

Juan el Bautista es el modelo presentado en este domingo 2do de Adviento por el Evangelio de Marcos, que inicia con el anuncio más sorprendente de toda la historia: “Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios”. Estas palabras no indican el comienzo de un libro o de una predicación sobre Jesucristo, sino el principio, el primer paso de un evento decisivo para la humanidad puesto en marcha por Dios: Jesús de Nazareth es el mesías esperado, el Hijo de Dios. Jesús mismo es el Evangelio, la verdadera y única Buena Noticia que fundamenta la esperanza de “un cielo nuevo y una tierra nueva” para cuantos creemos en Dios. Estas pocas palabras son el núcleo central de todo el Evangelio, el principio de la vida cristiana, del conocimiento de Jesús y de los pasos a dar para ser sus seguidores.

Esta es la buena noticia anunciada por Juan Bautista, presentado con las palabras del profeta Isaías: Una voz grita en el desierto: preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”. Aquí queda definido en manera clara la misión del Bautista: preparar la venida del Señor.Juan es identificado con la voz de Isaías,  el profeta del consuelo y de la liberación del exilio de Israel: “Consuelen, consuelen a mi Pueblo… hablen al corazón, anuncien… la buena noticia a Sión”. Juan es la voz, imagen muy audaz para definir su misión: elegido para ser profeta, es decir llamado a hablar en nombre de Dios, a ser su portavoz, a preparar el “camino” para la acogida de Jesús y encabezar el camino de los cautivos para llevarlos a la liberación definitiva.

Juan el Bautista se presenta en el desierto como el profeta enviado por Dios. Las palabras que anuncia no son suyas, son de Dios, es las asume, las proclama, las grita con fuerza y valentía y las hace vida. Su estilo de vida y su actuar es como el de los antiguos profetas, por eso se lo considera el último y más grande de los profetas del Antiguo Testamento. “Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre”.

En el desierto: Juan escoge el desierto y no la ciudad o lugares poblados para hacer este gran anuncio. Esta opción nos puede extrañar, ya que el desierto es un lugar despoblado e inhóspito. En la Biblia el desierto asume un valor simbólico, es el lugar de la tentación y de la prueba, pero también es el lugar del silencio y de lo esencial, donde no hay distracciones, donde uno se encuentra consigo mismo y tiene la oportunidad de un encuentro personal e íntimo con Dios, el lugar del cambio de vida en preparación a una nueva misión. En el desierto Moisés se preparó para encabezar la liberación de los israelitas de la esclavitud de Egipto, Elías para encausar la defensa de la fe en el verdadero Dios, y Jesús para dar inicio a su misión pública.

La misión prioritaria de Juan no es bautizar sino predicar,  proclamar con viva voz la urgencia de la conversión, depreparar el camino del Señor, mediante una nueva conducta y nuevas actitudes. Juan llama con fuerza al arrepentimiento y al cambio de mentalidad para el perdón de los pecados, para asumir una actitud de apertura a Dios, de abrir nuestro corazón a Dios, rellenar los valles de nuestras omisiones y cerrazones, y aplanar los montes del odio, del mal y del pecado.Juan expresa la conversión y el cambio radical de vida, con el gesto simbólico de la inmersión en las aguas del río Jordán, el bautismo como signo de conversión.

El motivo del arrepentimiento y del cambio de vida, es la llegada ya próxima de Jesús: “Detrás de mi vendrá el que es más poderoso que yo”. La persona y la misión de Juan están totalmente orientadas a Jesús y a la luz del evangelio. Él precede pero al mismo tiempo sigue a Jesús, es el primer discípulo que se pone en espera vigilante indicando al pueblo lo nuevo que aparece en Jesús. Y Juan presenta a Jesús como el más fuerte, el más digno y con la función de bautizar con el Espíritu Santo. Es el salto cualitativo entre el bautismo con el agua de Juan, signo de penitencia, y el bautismo con el Espíritu de Jesús, que vence al pecado, trae la salvación, y nos sumerge en la gracia, en la misma vida de Dios.

Con la predicación y acción de Juan en el desierto tiene inicio el tiempo decisivo de la salvación traída por el Señor. El Señor está aquí, está cerca y en medio de nosotros, él se deja encontrar, a él tenemos que mirar y dirigirnos. Inicia el camino de la nueva liberación, el camino de “una conducta santa y piadosa”, el camino de la esperanza hacia el encuentro definitivo y gozoso con Dios.

Juan Bautista va delante de nosotros encabezando este camino, modelo de humildad y servicio, consciente de haber sido llamado a preparar la llegada del Señor: “Yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalia”. La actitud de servicio y de humildad del Precursor nos cuestiona a todos en el desempeño de nuestros oficios y responsabilidades, a nivel familiar, social, sindical y político.

En particular, la actitud de Juan el Bautista llama a todas las autoridades nacionales recién elegidas y a las departamentales y municipales que resultarán elegidas en las próximas elecciones, para que ejerzan sus funciones con humildad y espíritu de servicio.

Las autoridades nunca tienen que olvidar de no exceder los límites del mandato que el pueblo les ha confiado, que se les ha pedido servicio y no poder autoritario, que tienen que trabajar por el bien común, en particular de los pobres y marginados, promover la justicia, luchar en contra de la corrupción y la violencia, e impulsar el bienestar y la paz en todo el país, sin discriminaciones ni marginaciones.

Todos estamos llamados a ir al desierto, “a rellenar los valles y aplanar las montañas”, a vaciarnos de nosotros mismos y de nuestros criterios, de nuestras arrogancias y prepotencias, para rellenarnos con el Espíritu que nos hace nuevas criaturas, capaces de “trazar en la estepa el sendero” de Jesucristo, el “más fuerte”, el que vence a la muerte y nos da la vida. El Espíritu nos hace cristianos capaces de acoger el Evangelio, de no tenerlo guardado para nosotros mismos, sino de anunciarlo con gozo y testimoniar, con nuestro ejemplo, que la liberación es inminente y que Dios ya está acá en Jesús.

Antes de terminar quiero expresar mi sincera gratitud a todas las parroquias y a todas personas que, el domingo pasado, han dado su oferta con desprendimiento y generosidad, acogiendo la invitación de la segunda colecta a favor de las obras de asistencia social de la Iglesia. La suma entregada hasta el día viernes es de Bs. 154.000, pero el monto va a aumentar, porque algunas comunidades todavía no han hecho llegar lo recolectado.

Estas ofertas son un signo concreto de apertura a la invitación de la Mamita de Cotoca, que nos llama a sentarnos con Ella, “a la mesa del pan partido”, el pan que es Cristo y que es solidaridad con los hermanos más necesitados. Aprovechemos este domingo para peregrinar al Santuario y pedir a la Virgen María que nos ayude a preparar, con nuestro compromiso concreto, los caminos para acoger a su Hijo Jesús en nuestra vida personal y en nuestra sociedad. Amén.