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Mons. Sergio: “Gastar nuestra vida por Cristo implica ser solidarios y altruistas, en especial con los pobres”

Desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti, afirmó que Gastar nuestra vida por Cristo implica amarlo incluso por encima de nuestro propio amor, ser solidarios y altruistas con el prójimo, en especial con los pobres, los primeros destinatarios de los frutos de los talentos que Dios nos ha dado.

Este domingo 15 de noviembre, la celebración Eucarística fue presidida por Mons. Sergio Gualberti, y concelebrada por los Obispos Auxiliares; Mons. Mons. Estanislao Dowlaszewicz, Mons. René Leigue, P. Hugo Ara, Rector de la Catedral y Vicario de Comunicación y el Capellán de Palmasola, P. Mario Ortuño.


La Palabra de Dios de estos últimos domingos del año litúrgico, *nos llama a ser vigilantes y laboriosos en espera de la venida última de Cristo*. Y, en el Evangelio de hoy, Jesús habla de esta actitud importante en nuestra vida de fe, a través de la parábola de un hombre pudiente que, debiendo ausentarse, confía sus bienes a tres sirvientes: a uno da cinco talentos, a otro dos y a otro uno.

A su regreso, él ajusta cuentas con esos empleados: los dos primeros con su trabajo e iniciativa han duplicado los talentos recibidos, por eso el dueño premia su fidelidad y dedicación, entregándoles todo lo que han ganado. Pero el tercero entierra el único talento recibido y no lo hace fructificar. Su actitud cobarde y negligente provoca una dura reacción del señor que le hace quitar ese único talento y lo aleja de su presencia.

Debemos temer de ser indolentes, egoístas e insensibles al momento de gastar nuestra vida por Cristo y el Evangelio

Así mismo el prelado nos exhortó a no tener miedo de equivocarnos al salir de nuestra falsa seguridad para hacer fructificar los bienes del reino de Dios, sino debemos temer de ser indolentes, egoístas e insensibles al momento de gastar nuestra vida por Cristo y el Evangelio.

Esta manera de vivir, trae consecuencias graves porque, además de volver una persona estéril e incapaz de producir frutos de bien

Lo que Jesús denuncia es la inconsecuencia de los que, habiendo recibido el mensaje del Reino de Dios, se refugian en una seguridad estéril y egoísta, y viven una existencia sin sentido, por eso no merecen quedarse con los bienes recibidos. Esta manera de vivir, trae consecuencias graves porque, además de volver una persona estéril e incapaz de producir frutos de bien, la excluye de la salvación.

No debemos tener miedo de Dios porque su corazón es bondadoso

Tampoco debemos tener miedo de Dios porque su corazón bondadoso, nos “encargará de mucho más” y nos hará crecer en nuestra fe y vida cristiana como una espiral que se expande gradualmente para abarcar horizontes siempre más amplios, hacia la meta definitiva, hacia el reino eterno de Dios.

Todos nosotros, por el bautismo, somos hijos de la luz

Llamados a salir de la noche de la indiferencia, a desinstalarnos de nuestras seguridades y comodidades, a despertar de nuestra pasividad e ilusionarnos por el Reino de Dios como quienes comparten la alegría de haber encontrado a Jesucristo.

Hoy la Iglesia celebra la 4º Jornada Mundial de los pobres

en la Iglesia celebramos la 4º Jornada Mundial de los pobres, querida por el Papa Francisco con el tema: Tiende tu mano al pobre (Sir 7, 32). Como signo de adhesión a esta loable iniciativa, hemos decidido que la mitad de las colectas recaudadas en todas las misas en la Arquidiócesis se destinará a esa intención.

El Arzobispo aseguró que en su mensaje, el Papa nos motiva a ser generosos y solidarios con los pobres: “Tender la mano es un signo… que recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad, el amor. En estos meses, en los que el mundo entero ha estado como abrumado por un virus que ha traído dolor y muerte, desaliento y desconcierto, ¡cuántas manos tendidas hemos podido ver! La mano tendida del médico que se preocupa por cada paciente tratando de encontrar el remedio adecuado.

La mano tendida de la enfermera y del enfermero que, mucho más allá de sus horas de trabajo, permanecen para cuidar a los enfermos.

La mano tendida del que trabaja en la administración y proporciona los medios para salvar el mayor número posible de vidas.

La mano tendida del farmacéutico, quién está expuesto a tantas peticiones en un contacto arriesgado con la gente.

La mano tendida del sacerdote que bendice con el corazón desgarrado. La mano tendida del voluntario que socorre a los que viven en la calle y a los que, a pesar de tener un techo, no tienen comida. La mano tendida de hombres y mujeres que trabajan para proporcionar servicios esenciales y seguridad. Y otras manos tendidas que podríamos describir hasta componer una letanía de buenas obras. Todas estas manos han desafiado el contagio y el miedo para dar apoyo y consuelo “.

El Papa termina su mensaje invitándonos a recorrer sin cansarnos y de la mano de la Virgen María, el camino del amor, la finalidad de cada una de nuestras acciones.

“En este camino de encuentro cotidiano con los pobres, nos acompaña la Madre de Dios que, de modo particular, es la Madre de los pobres. Que la oración a la Madre de los pobres pueda reunir a sus hijos predilectos y a cuantos les sirven en el nombre de Cristo. Y que esta misma oración transforme la mano tendida en un abrazo de comunión y de renovada fraternidad”.

Homilía de Monseñor Sergio Gualberti,

Arzobispo de Santa Cruz

15/11/2020

La Palabra de Dios de estos últimos domingos del año litúrgico, nos llama a ser vigilantes y laboriosos en espera de la venida última de Cristo. Y, en el Evangelio de hoy, Jesús habla de esta actitud importante en nuestra vida de fe, a través de la parábola de un hombre pudiente que, debiendo ausentarse, confía sus bienes a tres sirvientes: a uno da cinco talentos, a otro dos y a otro uno.

A su regreso, él ajusta cuentas con esos empleados: los dos primeros con su trabajo e iniciativa han duplicado los talentos recibidos, por eso el dueño premia su fidelidad y dedicación, entregándoles todo lo que han ganado. Pero el tercero entierra el único talento recibido y no lo hace fructificar. Su actitud cobarde y negligente provoca una dura reacción del señor que le hace quitar ese único talento y lo aleja de su presencia.

Al interpretar esta parábola, podemos ver, en ese señor, a Jesucristo y, en su ausencia, la ascensión a la derecha del Padre; en los empleados somos reflejados nosotros cristianos, llamados a hacer fructificar los tantos dones que Él nos ha dado y nos da gratuitamente y por amor.

A su vuelta el Señor, al igual que con esos servidores, nos pedirá cuenta de cómo hemos administrado las capacidades, cualidades y potencialidades que Él ha sembrado en nosotros, si hemos trabajo con responsabilidad y vigilancia permanente y si hemos dado frutos abundantes en el servicio a Dios y al prójimo. En tal caso, tendremos la dicha de escuchar esas palabras consoladoras del Señor: “Está bien, servidor bueno y fiel…entra a participar del gozo de tu señor”.

Lo que el Señor premia con sobreabundancia no es la productividad sino la fidelidad y la diligencia en la administración de los talentos; esto es lo que nos abre el acceso al reinado de vida, amor y felicidad de Dios ya desde ahora en nuestra vida terrenal, aunque todavía como una semilla en crecimiento.

Pero será bien distinta la actitud del Señor si nos hemos portado como aquel siervo ocioso que se ha amilanado por el miedo y que, con descaro, acusa de su propia cobardía al mismo dueño: ”Servidor malo y perezoso… Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez”. Lo que Jesús denuncia es la inconsecuencia de los que, habiendo recibido el mensaje del Reino de Dios, se refugian en una seguridad estéril y egoísta, y viven una existencia sin sentido, por eso no merecen quedarse con los bienes recibidos. Esta manera de vivir, trae consecuencias graves porque, además de volver una persona  estéril e incapaz de producir frutos de bien, la excluye de la salvación.

Por eso, no debemos tener miedo de equivocarnos al salir de nuestra falsa seguridad para hacer fructificar los bienes del reino de Dios, sino debemos temer de ser indolentes, egoístas e insensibles al momento de gastar nuestra vida por Cristo y el Evangelio, porque esta es la sola manera de encontrarla. Gastar nuestra vida por Él implica amarlo incluso por encima de nuestro propio amor, ser solidarios y altruistas con el prójimo, en especial con los pobres, los primeros destinatarios de los frutos de los talentos que Dios nos ha dado.

Tampoco debemos tener miedo de Dios porque su corazón bondadoso, nos “encargará de mucho más” y nos hará crecer en nuestra fe y vida cristiana como una espiral que se expande gradualmente para abarcar horizontes siempre más amplios, hacia la meta definitiva, hacia el reino eterno de Dios. Estos horizontes esperanzadores se concretan en el cumplimiento de las promesas de Dios, fin y meta de la historia. De hecho, el evangelio, más que “del fin del mundo”, nos habla de “un fin del mundo”, el fin de lo viejo y la aparición de lo nuevo, aunque todavía no en su plenitud.

En esta misma perspectiva, la primera lectura del libro de Proverbios, nos presenta una interesante figura de una mujer sabia que ha puesto los talentos recibidos al servicio de los demás. Es una sencilla y ejemplar ama de casa, una esposa fiel y madre amorosa: “El corazón de su marido confía en ella y no le fallará”. Una mujer hacendosa y dedicada “trabaja de buena gana con sus manos”, una mujer generosa y solidaria, “abre su mano al desvalido y tiende sus brazos al indigente”. Su obrar le merece grandes elogios: “Es mucho más valiosa que las perlas”, y también es digna de un premio, al igual que a los dos servidores de la parábola: “Entréguenle el fruto de sus manos y que sus obras la alaben públicamente”.

Hacer fructificar los talentos que Dios ha dado, es la exhortación que también San Pablo dirige a los cristianos de Tesalónica con otra imagen cristalina: “No vivan en las tinieblas, todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día. No nos durmamos, permanezcamos despiertos y seamos sobrios”. Todos nosotros, por el bautismo, somos hijos de la luz, llamados a salir de la noche de la indiferencia, a desinstalarnos de nuestras seguridades y comodidades, a despertar de nuestra pasividad e ilusionarnos por el Reino de Dios como quienes comparten la alegría de haber encontrado a Jesucristo.

Antes de terminar, les recuerdo que hoy en la Iglesia celebramos la 4º Jornada Mundial de los pobres, querida por el Papa Francisco con el tema: “Tiende tu mano al pobre” (Sir 7, 32). Como signo de adhesión a esta loable iniciativa, hemos decidido que la mitad de las colectas recaudadas en todas las misas en la Arquidiócesis se destinará a esa intención.

En su mensaje, el Papa nos motiva a ser generosos y solidarios con los pobres: “Tender la mano es un signo… que recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad, el amor. En estos meses, en los que el mundo entero ha estado como abrumado por un virus que ha traído dolor y muerte, desaliento y desconcierto, ¡cuántas manos tendidas hemos podido ver! La mano tendida del médico que se preocupa por cada paciente tratando de encontrar el remedio adecuado.

La mano tendida de la enfermera y del enfermero que, mucho más allá de sus horas de trabajo, permanecen para cuidar a los enfermos. La mano tendida del que trabaja en la administración y proporciona los medios para salvar el mayor número posible de vidas. La mano tendida del farmacéutico, quién está expuesto a tantas peticiones en un contacto arriesgado con la gente.

La mano tendida del sacerdote que bendice con el corazón desgarrado. La mano tendida del voluntario que socorre a los que viven en la calle y a los que, a pesar de tener un techo, no tienen comida. La mano tendida de hombres y mujeres que trabajan para proporcionar servicios esenciales y seguridad. Y otras manos tendidas que podríamos describir hasta componer una letanía de buenas obras. Todas estas manos han desafiado el contagio y el miedo para dar apoyo y consuelo“.

El Papa termina su mensaje invitándonos a recorrer sin cansarnos y de la mano de la Virgen María, el camino del amor, la finalidad de cada una de nuestras acciones. “En este camino de encuentro cotidiano con los pobres, nos acompaña la Madre de Dios que, de modo particular, es la Madre de los pobres. Que la oración a la Madre de los pobres pueda reunir a sus hijos predilectos y a cuantos les sirven en el nombre de Cristo. Y que esta misma oración transforme la mano tendida en un abrazo de comunión y de renovada fraternidad”. Amén

Fuente: Campanas