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Mons. Roberto Flock: No está aquí, porque ha resucitado

Mons. Roberto Flock, Obispo Auxiliar de Cochabamba, durante la vigilia Pascual celebrada en la Catedral Metropolitana de Cochabamba “Dios busca como sacudirnos para que abandonemos los caminos de falsedad, corrupción y violencia que crucificaron a Jesús y siguen crucificando a los más indefensos del mundo. Necesitamos experimentar el encuentro personal y comunitario con Cristo Resucitado para ser sus auténticos discípulos, que se amen unos a otros como él nos amó. Necesitamos ser movidos por su Espíritu Santo para ser sus testigos y para avanzar el Reino de Dios en todos los ámbitos de la vida.”, dijo.

Vigilia Pascual 2014
«No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado.
No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho.»
Queridos Hermanos,
Ayer muchos hemos acompañado la tradicional procesión del Santo Sepulcro, después de recordar la Pasión de Cristo. Ha salido la noticia de que al limpiar la urna se ha encontrado algunas manchas parecidas de sangre en el antiguo colchón de paja. Los Caballeros del Santo Sepulcro lo van a hacer analizar. Aunque resultara ser verdaderamente sangre, teniendo que aclarar cómo llegó a estar allí, tenemos que recordar siempre el mensaje que el Ángel del Señor proclamó en el mismísimo sepulcro de Cristo:

«No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado.
No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho.»

Jesús ha resucitado. Ya no está él, ni su cuerpo, ni su sangre en el sepulcro. Ha resucitado en gloria celestial. Ha subido al cielo, pero también permanece con nosotros todos los días hasta final del mundo. La procesión con el Santo Sepulcro, como las celebraciones del Vía Crucis y la contemplación del Santo Síndone, complementan los relatos inspirados en los Evangelios de la pasión de Cristo en que meditamos el infinito amor de Dios en este mundo de pecado y crueldad. Pero Cristo ha resucitado. Ya no muere más. La muerte no tiene poder sobre él. Su resurrección es una luz que brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la pueden vencer.

En el transcurso de esta Eucaristía estaremos en presencia de la Sangre de Cristo. Aquí mismo somos invitados a recibir también su Cuerpo. Después de la Consagración, ya no tenemos pan y vino en el altar, sino el cuerpo y la sangre de Cristo Resucitado. Al comulgar con reverencia y luego purificar el cáliz, la patena y los copones, observamos una particular escrupulosidad, para no despreciar ni una gota de la Sangre de Cristo, ni una migaja de su cuerpo. Lo que recibimos del altar vale más de lo que pudiera aparecer como milagro en la urna del Santo Sepulcro y en las imágenes del crucificado.

Si el Señor concede semejantes milagros, es para ayudar a los que son débiles en su fe, para dar un paso más. De repente hace falta, observando la gran devoción por el Santo Sepulcro en comparación con el número de los comulgan en las Misas de Pascua.
Según el Evangelio de San Mateo, la resurrección de Jesús fue acompañado por un terremoto, al igual que su muerte en la cruz. Al ver al Ángel del Señor, “los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos”. Las mujeres también estuvieron atemorizadas, hasta que se encontraron con Jesús.

Son las experiencias que necesita la humanidad para abandonar sus locuras y creer en el Evangelio. Dios busca como sacudirnos para que abandonemos los caminos de falsedad, corrupción y violencia que crucificaron a Jesús y siguen crucificando a los más indefensos del mundo. Necesitamos experimentar el encuentro personal y comunitario con Cristo Resucitado para ser sus auténticos discípulos, que se amen unos a otros como él nos amó. Necesitamos ser movidos por su Espíritu Santo para ser sus testigos y para avanzar el Reino de Dios en todos los ámbitos de la vida.

Queridos hermanos.
«No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado.
No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho.»