Cochabamba

Mons. Robert Flock: Este es mi hijo, el elegido, escúchenlo

El obispo auxiliar de Cochabamba, presidió la eucaristía dominical en el segundo domingo del tiempo cuaresmal, domingo también denominado de la tranafiguración. En la jornada del referendum constitucional en el país. A continuación la homilía

Segundo Domingo de Cuaresma – 21 de febrero, 2016

«Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo»

Queridos hermanas y hermanos.

Gracias por su presencia aquí en este día del Referéndum Nacional, ya que en primer lugar hoy es Día del Señor. Podemos decir que el referéndum es una forma para decir al gobierno, “esta es la voluntad del pueblo, escúchenlo”, la escena del Evangelio nos muestra a Dios diciendo al pueblo: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo».

En aquel tiempo, solamente los tres discípulos más amigos de Jesús, Pedro, Juan y Santiago, tuvieron el privilegio de ser testigos de su realidad gloriosa, de este encuentro con Moisés y Elías, de la conversación sobre “la partida de Jesús a cumplirse en Jerusalén”, es decir, su pasión, muerte y resurrección, y finalmente de la insistente voz del Padre celestial: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo».

Jesús invitó a estos tres precisamente para ayudarles a comprender el misterio de su ser, la naturaleza de su misión mesiánica y la necesidad de hacer caso a lo que Jesús les decía. Resulta que no mucho antes, según el Evangelio de San Mateo, cuando Jesús les habló abiertamente del tema de su partida, es decir de lo que iba a suceder en Jerusalén, los discípulos no entendieron, y Pedro en nombre de ellos intentó reprender a Jesús, provocando la respuesta más contundente de su vida: “Detrás de mi Satanás porque piensas como los hombres y no como Dios” (16,23). Para que Pedro y los demás empiecen a cambiar su forma de pensar, fue necesario que escuchen a Jesús, como el Hijo amado y elegido del Padre celestial.

Hoy el privilegio de Pedro, Juan y Santiago tenemos todos. Conocemos el final de la pasión de Jesús, de su cruz y de su resurrección. Lo reconocemos como el Hijo elegido y amado del Padre, nuestro salvador y nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos. Sin embargo, todavía nos cuesta aprender la lección que Jesús quiso dar a estos amigos el día de su Transfiguración. No es suficiente creer todas estas cosas. También tenemos que escuchar a Jesús y cambiar nuestra forma de pensar.

Ejemplo clarísimo sucedió hace días en El Alto con el ataque violento a la alcaldía de esta ciudad, por una turba organizada y malévola, que quemó documentos y asesinó a seis servidores del pueblo. ¿Acaso con esta forma de actuar piensan como Dios? ¿Acaso tomen en serio las enseñanzas de Jesucristo? Si Jesús fuese capaz de decir a su amigo Pedro, “Detrás de mi Satanás”, ¿qué diría a estos señores que optan por la violencia, la destrucción y la muerte?

Dado que en El Alto supuestamente reclamaban mejoras en el tema de la educación, hay que preguntar también: ¿qué educación están dando a sus propios hijos? Nuestro país necesita líderes, gobernantes y familias que enseñan la lección del Evangelio de hoy: Jesús es el Hijo elegido por Dios. Escuchen lo. Escúchenlo especialmente quienes son elegidos por el voto popular para servir, sea en el más alto nivel del gobierno, sea en las organizaciones de base. Escúchenlo ustedes que tienen el privilegio y responsabilidad de ser familia y criar a sus hijos. Pero los que piensan como Satanás, que quiso tentar a Jesús con “El poder y la gloria de las naciones”, pues no hacen falta. Jesús en cambio nos dice: “Busquen primero el Reino [de Dios] y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura” (Mt 6,33).

Es por eso que el Papa Francisco puede decir que alguien como Donald Trump, candidato a la presidencia del país más poderoso del mundo, que si propone construir un muro entre los EEUU y México y deportar los migrantes ilegales, que no es cristiano, porque el pensamiento de Dios y la enseñanza de Jesús, que dijo: “Lo que hace a uno de estos más pequeños me lo hace a mí”, no figura en su discurso y en sus propuestas.

Como insiste San Pablo en nuestra segunda lectura: “Nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo”. Por eso no pensamos ni nos comportamos “como enemigos de la cruz de Cristo”.

Dios comenzó su proyecto de hacernos “ciudadanos del cielo”, ya ahora mientras vivamos en la tierra, con Abraham, a quien le invitó «a salir de Ur de los caldeos para darte en posesión esta tierra». Tenía que dejar su tierra natal, precisamente para empezar a cambiar su mentalidad. Pues “Ur de los Caldeos” fue la antigua Babilonia, donde Dios confundió las lenguas porque la gente quiso hacer todo menos que obedecer el proyecto de Dios. Difícil que uno cambia su pensamiento si no cambia también su entorno. Lo mismo pasó con Moisés y los Hebreos escapados de la esclavitud. No bastaba la libertad del Faraón. Pasaron cuarenta años en el desierto para que no pensar como sus opresores, para crear un nuevo pueblo con una nueva cultura conociendo al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Aquí en Bolivia mucha gente vive todavía en Ur de los Caldeos, o en Egipto; no han pasado por el desierto. No han entrado espiritualmente en la tierra prometida. No han hecho una alianza con Dios como hicieron Abram y Moisés.

Por eso, hermanos míos muy queridos, … ustedes que son mi alegría y mi corona, amados míos, perseveren firmemente en el Señor. Aprovechemos el Día del Señor, la Santa Cuaresma y el Jubileo de la Misericordia, y acojamos la palabra del Padre celestial: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo»