Cochabamba

Mons. Reimann en Eucaristía CIX Asamblea de Obispos: “Tengamos un espíritu vigilante”

Mons. Reimann en CIX Asamblea Obispos

Mons. Antonio Reimann, Obispo del Vicariato Apostólico Ñuflo de Chávez, reflexionó sobre el evangelio de san Lucas que hace una invitación a la vigilancia. El Obispo enseñó que en medio de los momentos difíciles de pandemia y conflictos sociales, «la mejor manera de ser vigilantes es la docilidad al Espíritu del Señor que nos invita continuamente a vivir la comunión con Dios y entre nosotros».

Esta reflexión surge en el marco de la CIX Asamblea de Obispos de Bolivia que se celebra del 11 al 16 de noviembre, en la casa de retiros “Cardenal Clemente Maurer”, Cochabamba.

Homilía Completa:

Unidos en la Acción de Gracias por todos los aniversarios de mis hermanos obispos (30 años de sacerdocio de Mons. Percy Galvan, Arzobispo de La Paz y de Mons. Fernando Bascope, Obispo Castrense; 65 años de vida de Mons. Robert Flock, Obispo de San Ignacio de Velazco) y los 20 años de ministerio episcopal de mi persona y de Mons. Estanislao Dowlasiewicz, quiero hacer presente también el saludo del Pueblo de Dios que peregrina en nuestro Vicariato Apostólico de Ñuflo de Chávez, junto con sus Pastores y la Vida Consagrada.  También tenemos un motivo para agradecer al Señor por los 70 años de la creación del Vicariato Apostólico de Ñuflo de Chávez, que celebraremos el día 8 de diciembre de este año. Y que bien, que este aniversario coincide con la elección del Mons. Aurelio Pesoa como Presidente de la CEB nacido en Concepción.

El Evangelio que acabamos de proclamar es la continuación del evangelio de ayer sobre la presencia humilde, escondida y activa del Reino de Dios en nuestra vida.  Hoy el Señor nos invita a la vigilancia alegre pues se acerca nuestra liberación.

Y como el diluvio sorprendió la gente en tiempos de Noé, y la lluvia de fuego en tiempos de Lot, también en nuestros tiempos, cuando la gente comía y bebía, compraba y vendía, plantaba y construía, gozaba y sufría, llegó sorpresivamente el tiempo de pandemia que acabó con muchas vidas repentinamente.  Lo hemos visto y sentido en la partida de nuestro querido hermano obispo, Mons. Eugenio Scarpelini, tal vez algunos familiares nuestros, amigos.

En los días pasados despedimos en San Javier una madre de familia, profesora de religión, educadora de los jóvenes que se preparaban para el sacramento de la confirmación. Todavía hace un tiempo no muy lejano, cuando visité su casa me invitó un rico queque con café; hace unos días la encontré reducida a unas cenizas que esperaban la sepultura.

Por eso el evangelio de hoy es una invitación a la vigilancia, para que no caigamos en pánico, sino reflexionemos de lo finito que es nuestra vida, y aprovechémosla para hacer el bien, contando siempre con su ayuda.

El Papa Francisco al comentar este texto de Lucas decía: Pensar que nuestra vida tendrá final nos hace bien; hoy tal vez será el último día, y por eso haré bien mi trabajo, me relacionare bien con mi familia, etc. Pensar en la muerte no es una fantasía fea, es una realidad…. Allí habrá un encuentro con el Señor: esto será lo hermoso de la muerte, habrá un encuentro con el Señor, será El quien venga al encuentro conmigo y me diga: Ven, bendecido por mi Padre, ven conmigo…

Y nos preguntamos: ¿Cómo vivir atentos, ser vigilantes?

Quisiera en este contexto citar algunas frases la carta del P. Víctor Codina escritas hace poco tiempo desde España: “Los que hemos experimentado en la pandemia del Covid, que sin oxígeno nos asfixiábamos, también lo experimentamos a nivel humano y espiritual: sin Espíritu no podemos respirar, nos asfixiamos, nos falta hálito, nos falta vida, nos falta esperanza, nos falta alegría, no tenemos futuro. El Espíritu es vivificante, es Señor y dador de vida, es novedad, siempre desborda límites conocidos, sorprende, nunca abandona.

Este Espíritu nos lleva a Jesús y nos mueve por dentro para que sigamos el estilo de Jesús, basado en amor, perdón, entrega, respeto, predilección por los pobres, marginados y excluidos, por los niños y enfermos, por mujeres y extranjeros, nos da confianza en el Padre, nos inspira las bienaventuranzas, nos de esperanza en la resurrección y poder participar de la vida nueva de Jesús resucitado”.

En estos tiempos difíciles de pandemia, de conflictos sociales, pidamos al Señor la gracia de recordar que somos peregrinos, y que la mejor manera de ser vigilantes es la docilidad al Espíritu del Señor que nos invita continuamente a vivir la comunión con Dios y entre nosotros, a la participación en la vida eclesial, a la preocupación por los que sufren, y nos invita a ser alegres testigos de la Buena Noticia de Salvación en Cristo. Y que no nos olvidemos, que el
Reino de Dios halla su plenitud en la casa del Padre en el Reino Celestial.

 

 

[Fuente: Iglesia Viva]