Análisis

Mons. Pérez: “El cansancio en la Fe”

Médico y paciente
Si somos creyentes auténticos seremos capaces de realizar con éxito el peregrinar de esta vida sin desfallecer, al igual de los que nos han precedido. 

Continuamos en este domingo con la lectura del capítulo 6 de san Juan, donde Jesús prosigue con el discurso sobre “el pan de vida”. Este discurso pone a prueba la fe de los judíos – también la nuestra-  que se preguntan, “¿cómo puede decir éste que ha bajado de los cielos? Ellos se basan en que conocen a Jesús, conocen a sus padres, José y María. Así mismo, escuchamos y conocemos la problemática del profeta Elías en el libro I de Reyes 19, 4-8.

¿Qué tengo doctor?, le pregunta el paciente al médico. ¿cómo estás? Estoy mejorando. El paciente no puede por sí mismo saber cómo está su salud o la gravedad de su enfermedad. Necesita preguntárselo al médico. El médico, por su parte, necesita preguntar al enfermo como se siente, como anda su ánimo o su humor, para conocer a ciencia cierta el estado de su salud, tendrá que auscultarlo, hacer algunos análisis, observar los síntomas que se presentan.

La vida cristiana que nos dio Cristo y se nos comunicó en el bautismo y se nos comunica en los sacramentos, es la gracia santificante, la misma vida de Dios. No por ello necesitamos una “gracia euforizante”. La historia y la experiencia de la vida cristiana diarias nos hablan de las “noches oscuras”, de largos periodos de “aridez” o de “desolación” por los que tienen que atravesar las personas más santas. Muchas veces los cristianos más comprometidos, como el profeta Elías, han sentido, como leemos en la primera lectura, morir de pena. Y, los sentimientos no eran indicios de cansancio en la fe y la misión: “Basta ya, Señor, quítame la vida, pues ya no valgo más que mis padres”, exclamaba Elías, ante el poco éxito de su predicación profética.

Salvadas las distancias, el caso del profeta Elías tiene eco en nuestra propia situación personal y comunitaria, como miembros de una comunidad cristiana en cuyo ambiente vivimos. Cuando crece amenazantemente la increencia, especialmente en el “pan de vida”, cuando se pierde a Dios en el horizonte, entonces surge fácilmente el cansancio o crisis en la fe. Este conjunto de síntomas encierra todo un mundo sociológico que nos puede llevar a tirar todos los valores y decisiones de nuestra vida: las razones para creer y esperar, el optimismo, la ilusión de vivir, la convivencia con los hermanos…

Si somos creyentes auténticos seremos capaces de realizar con éxito el peregrinar de esta vida sin desfallecer, al igual de los que nos han precedido. Pero ¿dónde encontraremos la fuerza? Todos tenemos la secreta energía de un alimento que puede vigorizarnos, si es que escuchamos a Dios y creemos en Cristo, Palabra del Padre y “pan de vida”. Ambas realidades, la fe y el pan del Cuerpo y Sangre de Cristo, nos dan la vida eterna, ahora y en la vida del reino de los cielos. Jesús afirma: “El que come mi Cuerpo y toma mi sangre tiene Vida eterna”.

Sucre, 12 de agosto de 2018

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M. 

Arzobispo emérito de Sucre