La Paz

Mons. Pedro Fuentes pide a la sociedad cuidar de los más débiles y tomar la libertad como un don para lograr un mundo mejor

Desde la Basílica menor de San Francisco en la ciudad de La Paz, Mons. Pedro Fuentes, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de La Paz, reflexionando sobre el evangelio de este domingo 21 de agosto, pidió a los fieles cristianos y a la sociedad en general, escuchar el anhelo del alma, que clama “por un mundo mejor, por una Bolivia mejor, por una sociedad mejor, donde el ser humano, la familia sea respetado, hay pues un anhelo porque nuestra sociedad sea más justa, que seamos menos violentos, más tolerantes, más respetuosos entre todos, una sociedad donde realmente nos preocupe, importe el cuidado de los más débiles, los niños, los ancianos, los pobres”.

El obispo alertó sobre la violencia contra la mujer como un tema pendiente en Bolivia y pidió tomar la libertad como un don para ser mejores personas y porque las cosas en la vida sean hechas de otra manera, “con amor y no con odios, ni resentimientos, ni violencia, ni tampoco tantas ideologías que nos confunden y aturden al ser humano, impidiéndonos ser auténticamente libres, sí, porque aquel que está sesgado por la ideología no es libre”, señaló.

Finalmente felicitó a los Catequistas en la celebración de su día, animándoles a que sigan teniendo esta fortaleza en el Señor y la gratitud por sembrar el evangelio.

Homilía de Mons. Pedro Fuentes:

¿Salvación, de qué, para qué, por qué y por quién?

¿Necesitamos hablar de salvación hoy en día?, ¿queremos salvarnos, salvarnos de qué? ¿y por quién?, lo más importante ¿quién tiene el efecto de salvar?¿quién nos salva?. Esto es muy importante para el Cristiano, aclarar esto, porque como católicos que somos tendemos a veces a olvidar lo esencial de nuestro seguimiento al Señor, que apunta no solamente a la vida eterna, sino a esta vida. Entonces aquí hay un reto, salvación, vamos a hablar de salvación sí, pero no solamente de la otra vida, o que está dirigida en la otra vida, no. Sino salvación acá en este mundo, en nuestra vida cotidiana.

Dicho esto y haciendo una aproximación histórica, queridos hermanos, al fragmento de San Lucas que hoy hemos escuchado. Diríamos que tiene un contenido de advertencia, específica a los judíos, porque el Señor está hablando a ellos y así nos relata San Lucas, una advertencia de que ellos serán despojados de esa promesa que Dios les había hecho. El Maestro, en realidad les está indicando que pueden perder la primogenitura de ser el pueblo elegido de Dios y que otros van a alcanzar dicha posición. Pero ¿por qué les hace esta advertencia histórica?, porque no le reconocen a él como su mesías. También sólo se los está diciendo porque se empecina en hablar de leyes, de preceptos, de estar siempre juzgando a los demás, sometiendo de este modo al pueblo, a los más sencillos a su apetencia. Y esto el Señor lo denuncia muy claramente, dice, ustedes están apartando, porque por medio de las leyes de los preceptos creen ustedes que tienen a Dios y no es verdad.

Bueno esto históricamente ha sucedido, el Señor les está diciendo esto y a lo anterior podemos afirmar también lo siguiente: que en los primeros siglos de la era cristiana la preocupación por la salvación definitiva estaba presente en las primeras comunidades. Fíjense un dato, en la época en la cual el cristianismo estaba perseguido en el imperio romano, los primeros siglos, hay narraciones que nos dicen que los cristianos estaban sometidos incluso en el circo romano, devorados por fieras, etcétera. Pero cantaban, ¿saben por qué cantaban?,
creían en la salvación de la vida eterna, creían que el Señor les iba a arrebatar, les iba a llevar a la gloria de Dios. Entonces decían, bueno, vale la pena sufrir, ellos entendieron en su contexto, en su momento y ante tal sufrimiento, entendieron que ese era el vehículo para ir delante del Señor, era el modo de salvarse, digamos, de este cruel mundo, todo ha cambiado lógicamente el tiempo ha cambiado.

Hoy en este siglo XXI vamos a ver si nos preocupa la salvación de cada uno de nosotros, de nuestros contemporáneos, nuestros vecinos, nuestros compatriotas. Hoy está preocupación por la salvación ¿es importante o no?, a los datos de la realidad, de los medios masivos de comunicación, de lo que escuchamos en el minibús, cuando subimos a un bus, de lo que escuchamos en nuestras charlas, diríamos que ya no. No pareciera que fuese importante, ya nadie habla de esto, nadie habla del santo temor a Dios o de lo que tendríamos que hacer para ganarnos la vida eterna, nos da vergüenza y si lo sabemos nos callamos para nuestra cuestión privada.

Y aquí quiero decirles que es muy importante hablar de esto, muy importante porque no solamente estamos hablando del cielo, de la vida eterna, de la gloria de Dios, ponle el título que tú quieras, se refiere a los trascendente, aquello que el Señor nos ha prometido que vamos a ganar, no solamente se refiere a eso la salvación. Constatamos por un lado, entonces que del hecho y mensaje de salvación aparentemente hubiese quedado en la historia, la memoria y que ahora ya no importa mucho y yo les digo que sí, importa y mucho.

Por otro lado, también hay una constatación de pedido y claro, en el silencio, nuestra vida desde nuestras entrañas gritando en silencio y a veces también con palabras, ¿por qué está clamando nuestra alma,  nuestro ser? por un mundo mejor, por una Bolivia mejor, por una sociedad mejor, donde el ser humano, la familia sea respetado, hay pues un anhelo porque nuestra sociedad sea más justa, que seamos menos violentos, más tolerantes, más respetuosos entre todos. Una sociedad donde realmente nos preocupe, importe el cuidado de los más débiles, los niños, los ancianos, los pobres, hay pues un anhelo, ¿acaso ustedes no se han conmovido con la noticia, esa que hemos vivido esta semana de un niño atropellado por una persona que estaba conduciendo en estado de ebriedad en Santa Cruz?, eso nos duele y mucho, ¿acaso no nos conmueve el hecho de que hay algunas personas que se quieren dedicar a secuestrar a niños, a bebés? ¿acaso no nos duele?. Nos duele también el saber que cada día hay violencia contra la mujer y que es un tema tan pendiente y que no hemos superado todavía como sociedad boliviana, no hablemos de Latinoamérica, hablemos de Bolivia, en Bolivia no hemos superado este tema.

No hemos superado todavía también el mirarnos con sospecha y seguimos como con una amargura adentro de nosotros, no lo hemos superado. Hay pues un anhelo, entonces desde lo hondo de nuestro ser, porque las cosas en la vida sean hechas de otra manera, con amor y no con odios, ni resentimientos, ni violencia, ni tampoco tantas ideologías que nos confunden y aturden al ser humano, impidiéndonos ser auténticamente libres, sí, porque aquel que está sesgado por la ideología no es libre, hermanos, no es libre, puedes decir que eres libre, no lo eres. Ser libre es otra cosa, es un don que el Señor nos ha regalado y es un don que está puesto para el bien común, para convertirnos en mejores personas, para eso es la libertad.

Al describir todos estos hechos hay pues un anhelo de salvación ¿o no lo hay?, claro que lo hay, esto es salvarnos, hay que trabajar en estos temas, hay que dialogar de estos temas, que es lo que nos separa, en la familia por qué estamos divididos, por qué nos peleamos bueno al hablar y afrontar estos temas con cariño, con amor y con fe, pues tenemos y tenemos a flor de piel, digamos ese deseo de salvación.

Constatamos entonces que el anhelo por la salvación sigue vigente en el corazón del ser humano, lo que ocurre es que vivimos muchas veces acelerados, hermanos, hermanas, preocupados por muchas cosas y quizá lo que interese sea solamente tratar de vivir bien, ser feliz y cómo lograrlo y esto apoca este deseo que tenemos en el alma de salvación para todos.

Este domingo el Señor nos invita a detenernos en el camino de nuestras vidas, hacer una pausa y preguntarnos: ¿qué esperamos? ¿qué buscamos? ¿qué estamos haciendo? ¿está en nuestro horizonte el valor de la vida, de la posibilidad de final de la vida y lo que vendrá después o no lo está?.

Sí lo está, hemos de tomar en cuenta las palabras del Señor, muy en serio, pero si no está, está presente en nuestros anhelos más íntimos, en nuestros pensamientos y en nuestra forma de vida. Por supuesto, las palabras del Señor serán relativizadas por nuestro actuar en la vida.

Y respondiendo a lo anterior, tendríamos como creyentes como cristianos. Cristianos, bolivianos, católicos, bolivianos, tendríamos que trabajar en la novedad que supone ser cristiano en este siglo XXI tan diverso, tan desafiante y lo primero será descubrir el valor que añade y supone creer en Jesucristo, si no descubrimos esto, los temas de la salvación de la otra vida nos van a sonar a chistes o a leyendas. Tenemos que tener la capacidad de abrir nuestro corazón al Señor y descubrir la grandeza de creer, porque añade un gran valor a mi vida. Cuando tengo fe afrontó la vida con valentía y con otros ojos, sí hay problemas, hay dificultades, hay oprobios donde no hay, pero vamos a afrontar esto con fe y siendo positivos siempre.

Bien, una vez descubierto a Jesús como nuestro tesoro, como aquello que no se puede cambiar en nuestra vida, es surgido y empujado a sembrar el bien el que cree. Es decir, nosotros estamos empujados a sembrar el bien, no el mal, estamos empujados a sembrar el bien arrastrados e interpelados por la presencia de Dios en la vida y en las personas concretas. Nos tiene que interpelar el hecho de que siga habiendo tanta pobreza en nuestro país, eso nos tiene que doler, porque creemos en Dios y vemos en el prójimo a Dios que sufre también, nos tiene que interpelar, vuelvo a decir, la violencia cotidiana a la cual asistimos en Bolivia, eso nos tiene que doler como sociedad y tenemos que hacer algo para cambiar esto. Por supuesto, no pelear, primero pedirle al Señor y cambiar también nuestras actitudes de vida,  esto es clave, la presencia de Dios en nuestra vida, qué importante es descubrir esto, cuando descubrimos esto nos movemos ya no por intereses, por afanes sociales, ideológicos, políticos, no, nos movemos por amor, esto es importante aprendemos a amar, no vamos a movernos por conveniencia solamente, (es que me conviene ser así, ahora me conviene ser), vamos por amor, cuando tenemos a Dios en nuestro corazón.

En el mundo, queridos hermanos, hermanas, existen cientos de miles de personas que coinciden con los esquemas y las líneas trazadas por Jesús para el establecimiento de su reino, pero de igual manera también hay otras tantas personas que intentan silenciar lo genuino del evangelio a costa de potenciar simplemente y funcionar con unos parámetros de valores éticos, humanos. Y en esto yo les recuerdo que el Papa Francisco nos ha aclarado y muy bien lo ha hecho, el cristianismo no es solamente un código de normas de ética, de moralidad, no lo es, solamente nuestro cristianismo es profundo y se enraíza en Dios, en la fe, en la bondad y no tenemos que estarnos fijándonos es que esto dice la Iglesia y no tengo que hacer esto, o esto me dice la gente que no debo hacer esto, no, desde la fe descubrimos el bien y sabemos lo que tenemos que hacer, sabemos que no tenemos que mentir, sabemos que no tenemos que ser violentos, sabemos que no tenemos que ser peleadores y un largo etc., lo sabemos, sabemos, el que cree va a ejercer la bondad.

El mensaje del evangelio tiene también una trascendencia a este mundo y este es el segundo aspecto. El primer aspecto es en este mundo, la salvación se opera ya acá, pero también trasciende al mundo, trasciende a nuestra realidad y apunta aquello que Cristo ganó para todos, la vida eterna.

Hermanas, hermanos, creemos en la vida eterna, claro, de hecho, uno se sorprende cuando vienen a pedir por los difuntos,  una lista te entregan larga no solamente noviembre, sino todos los lunes, los lunes de la costumbre, aquí en La Paz por los difuntos en las listas largas y hay unas curiosidades en esas listas, algunos ponen de 8 días, bueno, eso no es transcurridos es reciente, digamos, de un mes, de 6 meses, de 3 meses, pero hay quienes piden por sus difuntos y pone a 24 años, 25 años de su fallecimiento, se acuerdan de esas personas y piden por ellos, que cosa más bonita, creemos entonces en la vida eterna, creemos que hay salvación eterna.

Y entonces, también el mensaje salvífico y el hecho salvífico del Señor, apunta aquello que Cristo ha ganado para todos, esto es la vida eterna, así reconocemos las preguntas lanzadas al principio, les recuerdo las preguntas, ¿salvación de qué, para qué, por qué y por quién?. Estas preguntas tienen respuesta y una respuesta que apunta a Cristo, nuestro redentor y tienen respuesta en el evangelio: En la vida, la pasión, la muerte y resurrección de Jesucristo, y por eso la novedad del evangelio es siempre fresca y es fuente, y manantial que nos aclaran nítidamente cuál es nuestro destino y qué tenemos que hacer con nuestra vida para ganar ese destino y todo ello lo entendemos a la luz de Cristo que:

  • Vino para recordarnos que hay un Dios que es nuestro creador y que espera que en nuestros caminos le dejemos caminar junto a notros.
  • Vino para hacernos saber que Dios perdona faltas y pecados, limitaciones y fragilidades pero que -por si lo hemos olvidado- también da a cada uno lo suyo por su única y magnánima justicia y que por lo tanto estamos llamados a trabajar a favor de la justicia, de la libertad, de la bondad y de la atención a los más necesitados.
  • vino en definitiva a darnos una palabra de aliento y de esperanza, de salvación y de optimismo que se sostiene en seguridad de que hay un Dios que trasciende en nuestra realidad, nuestra vida y deja pequeños nuestros pobres e interesados planteamientos.

Una conclusión útil para este día, para que vayamos y lo reflexionemos es que somos libres, este es un don, el don de la libertad  para elegir el camino que queramos, el Señor habla de camino estrecho o ancho, o puerta estrecha o puerta ancha, depende de nosotros qué es lo que queremos. Dios nos ayudará para seguir el camino que conduce a la puerta adecuada, Él te va a guiar si te dejas guiar, pero nuestra libertad es intocable y nuestra responsabilidad también es muy grande e intocable. El esfuerzo personal para nuestra salvación existe y está ahí en nuestra responsabilidad en lo que nos toca vivir cada día, que sigue el deseo de que todos los hombres se salven.

Y finalmente unas breves palabras para los catequistas, hoy es el día del catequista en Bolivia. Grande la labor y el servicio que estos hermanos y hermanas a lo ancho y largo de nuestra patria realizan. El Papa ha elevado el servicio de catequista al ministerio ¿Por qué lo hizo?, porque realmente son evangelizadores, son maestros de la fe. Pero catequista, la Iglesia te agradece, no sabemos cómo pagarte, que por cierto no se paga a los catequistas, ellos vienen de manera, vamos a decir a dar su tiempo gratuitamente, y esto es lindo, una persona que encuentres, un hombre, una mujer que estén dispuestos a dar su tiempo para evangelizar a otros hermanos y hermanas y hay catequistas, y yo les recuerdo esto en muchos lugares apartados de Bolivia, doy fe de ello, doy fe de ello son catequistas que están en el anonimato, los que más se ven son los que están en las ciudades, en las parroquias de las ciudades claro, ahí les vemos a los catequistas bien, pero hay muchos catequistas en el campo que tienen que caminar, pues largos trayectos para llegar al lugar de reunión con sus catequizando.

Que sigan teniendo esta fortaleza en el Señor y sigan sirviendo a su Señor que es nuestro Señor y todo lo que hacen los catequistas es por amor a Dios y por sembrar lo que acabamos de decir en el evangelio, que tiene un sentido soteriológico, un sentido de salvación.

Felicidades queridos catequistas y que pues, que nos sigan colaborando, ayudando en la Iglesia. Así sea, Amén.

 

Fuente: Prensa CEB