La Paz

Mons. Pascual Limachi: “Hacen falta cristianos que se tomen en serio el mundo de la ética, de la honestidad y la vocación..”

Desde la Basílica Menor de San Francisco en la ciudad de La Paz, Mons. Pascual Limachi, obispo de la Prelatura de Corocoro, reflexionando sobre las lecturas de este domingo 14 de agosto, exhortó a la conversión radical, llamando a todos a ser cristianos testigos del amor, que se tomen enserio los sacramentos, que demuestren que con ayuda de Dios se puede ser fiel y felices, que construyan una Iglesia comprometida con la realidad y comunidades cristianas participativas, que mientras haya sufrimiento e injusticia no caiga en el conformismo: “Hacen falta cristianos que se tomen en serio el mundo de la ética, de la honestidad y la vocación de trabajar generosamente por los demás”.

OJALÁ ESTUVIERA YA ARDIENDO

Queridos hermanos en el evangelio de hoy, Jesús nos dice: «no he venido a traer la paz sino la guerra», no les parece muy raro. A Jesús le anunciaron como príncipe de la paz. En su nacimiento los ángeles cantaron: gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. A sus discípulos el Señor envía y dice: «cuando entren en una casa digan paz a esta casa». En la última cena Jesús a sus apóstoles decía, les doy la paz, no como la da el mundo. Cuando Jesús resucita y aparece a sus discípulos lo primero que dice es la paz este con ustedes.

¿Por qué, ahora nos dice: yo no he venido a traer la paz sino la guerra?, es que Él, nos habla de la guerra espiritual. Pensemos, al principio del cristianismo, muchos que eran judíos comenzaron a seguir a Jesús, dejaron el judaísmo, por esa causa le maldecían en sus casas, porque se habían ido detrás de Jesús de Nazaret, y comenzó la división en una familia. En la actualidad el verdadero cristiano, para llamarse así tiene que ir por el camino del cristianismo y no por camino del mundo, entonces le va a causar problemas a él y Él le va a causar problemas al mundo. Eso es lo que Jesús está diciendo, la religión que traigo es guerra contra ustedes mismos y contra lo malo del mundo.

Cuando por primera vez lo llevaron a Jesús niñito al templo. El Anciano Simeón le dijo a la Virgen María, este niño es signo de contradicción, te va a traer muchos problemas, una espada de dolor te va atravesar el corazón. Estaba anunciando a Jesús como signo de contradicción. Es que Él, pide fuego purificador de Dios contra todas las cosas malas del mundo. Nicodemo se creía muy sabio, en primer lugar le conocía las sagradas escrituras muy bien, en segundo lugar, el cumplía al pie de la letra todos los ritos religiosos. Jesús le dijo tienes que volver a nacer del agua y del espíritu, le estaba llamando a esa purificación. Nicodemo tenía un sistema de cosas religiosas pero no tenía conversión.

Es que hoy, los cristianos necesitamos ser valientes, salir de nuestra mediocridad. No basta con ser buenas personas, no es suficiente con ir a misa los domingos y rezar un poco de vez en cuando o hacer alguna obra de caridad. Tenemos que convertirnos en profetas, al estilo de Jeremías de la primera lectura de hoy, y hacer oír nuestra voz:

Hacen falta cristianos que se tomen en serio el mundo de la ética, honestidad y la vocación de trabajar generosamente por los demás.

El mundo de hoy necesita testigos del amor, cristianos que vivan muy en serio los Sacramentos y demuestren que, con ayuda de Dios, se puede ser fiel y feliz Necesitamos que los que nos llamamos cristianos, no nos avergoncemos de serlo y expresarlo, que no nos lo guardemos para dentro, y que construyamos una Iglesia y unas comunidades cristianas mucho más participativas.

Las palabras «ardientes» de Jesús en el Evangelio brotan de un corazón apasionado, que desea grandes cambios, que quiere purificar (destruir) con el fuego del Espíritu todo lo que no es de Dios, todo lo que impide el avance del Reino, todo lo que no es proyecto de Dios. Y ese corazón apasionado… le llevará hasta la Pasión (su bautismo de fuego).

Este mundo necesita un cambio radical. Necesita discípulos de Jesús más comprometidos y renovadores. Mientras haya tanto sufrimiento, tanta injusticia, no podemos vivir el conformismo.

Termino con estas palabras de hebreos: «No se cansen ni pierdan el ánimo. Todavía no han llegado a la sangre en su pelea contra el pecado». Contra el pecado del mundo, y el pecado de «conformarnos» y dejarlo todo como está. Corramos, con constancia, en la carrera que nos toca.

Que la palabra de Dios habite en nuestros corazones,

Amen.

 

Fuente: Prensa CEB