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Mons. Oscar Aparicio: “La Virgen María nos enseña a cultivar la vida con amor”

Mons. Oscar Aparicio presidió la celebración de Fiesta de la Asunción de la Virgen, en el Santuario de Urcupiña. En la homilía recordó la importancia de Maria como Madre Nuestra y ejemplo de vida para nuestro seguimiento de Cristo, que nos hará alcanzar la slavación.

Texto de la homilía

Señor Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia. Don Alvaro García
Distinguidas autoridades nacionales y del Departamento de Cochabamba.
Muy queridos hermanos Obispos y Sacerdotes.

Amados hermanos y hermanas, peregrinos en este Santuario:
En estos días y durante la preparación de esta festividad de la Asunción de María, en su advocación de la mamita de Urcupiña, hemos reflexionado e intentando vivir la importancia de la familia como “centro de amor”, el lugar donde se viven valores profundos como el respeto, la fe, la comprensión, la fidelidad, la comunicación y el diálogo. De hecho el lema que nos ha acompañado durante este tiempo e indicando a nuestra Madre la Virgen María como “…Estrella del Hogar de Nazaret que refleja la belleza de la familia.”, nos ha ayudado a reconocer a la familia como una “gran riqueza social y cristiana” donde todos podemos caminamos juntos, donde ninguno es dejado de lado; donde todos sus integrantes, niños y ancianos, varones y mujeres, se sienten acogidos y seguros, protegidos y cubiertos con el manto amoroso de nuestra Madre.

Es así que no hay nada mejor que sentirnos hermanos, una sola Familia, una sola Iglesia, Iglesia que es luz, que es vida, Iglesia fundada por el mismo Cristo y que siembra la verdad, la justicia y la paz.

Es cierto que imagen de la Iglesia y de la familia cristiana es la Virgen María, quien dice SÍ a la vida y un NO rotundo a la cultura de muerte. La Virgen María cultiva y cuida la vida: lo hace como Madre, desde el don santo de su fecundidad. Nos anima a superar las dificultades, a no atentar contra la vida, más bien a respetarla y defenderla.
La Virgen María nos enseña a cultivar la vida con amor. Defender la vida es defender a los humildes, marginados de la sociedad. Todos somos criaturas de Dios, defender la vida es defenderla en su múltiple diversidad de procedencia, lengua y cultura.

Es así que, la Patrona de la Integración, es la guardiana de la unidad. Es Madre de los pueblos, razas, lenguas y culturas; y nos invita a defender nuestra identidad, nos enseña a vivir el don de la fraternidad, como verdaderos hijos de un mismo Padre.

La presencia de María inunda nuestras comunidades, nuestras ciudades y pueblos. Ella está presente en los lugares más recónditos del mundo, como Luz, como Madre. Nos acompaña y fortalece en el trabajo diario, en la alegría, pero también en el dolor.
De María la Virgen, aprendemos a leer e interpretar el Evangelio y los Signos de los Tiempos. Nos da ejemplo de una vida sencilla, simple, nos ayuda a abrir nuestro corazón con fe y esperanza para dejar entrar en nosotros a su Hijo Jesús, escuchar Su Palabra y seguirlo como sus discípulos. Si no hay esperanza no hay futuro, si no hay futuro, nuestra vida no tiene sentido. Por tanto, caminemos, hermanos, con esperanza bajo la luz, la mirada y la guía de nuestra mamita.

De hecho el evangelio de hoy, el que acabamos de escuchar en esta celebración, nos presenta a María e Isabel: dos mujeres que se encuentran y que cada una espera un niño. La particularidad de las dos es que hablan “llenas del Espíritu Santo”, y por ello el futuro que contemplan no es el de ellas mismas o de los hijos que van a tener, sino de todo el pueblo, según el plan de Dios, del que ellas y sus hijos son instrumento de salvación. Isabel ha recibido el don inesperado de la maternidad, pero se inclina ante una maternidad más grande que la suya, y bendice a María. Esta le responde bendiciendo a Dios, de quien viene toda la gracia.

Isabel, llena del Espíritu, exalta la grandeza de María declarándola “bendita” y portadora de la bendición definitiva que se concreta en el fruto de su vientre. María responde con palabras de sonido antiguo y contenido absolutamente nuevo. “Proclama mi alma la grandeza del Señor”. Toda su grandeza es don de Dios y debe culminar gozosamente en canto de alabanza. María, entonces indica que solamente Dios es la riqueza verdadera; por eso, el que se encuentra lleno de sí mismo y de sus cosas, en realidad está vacío. Sólo abriéndose a la presencia de Dios, a su amor verdadero y profundo; al recibir la gracia del perdón y al extenderla hacia los otros, el hombre llega a ser verdaderamente rico. Por eso el ejemplo máximo de esta riqueza es María, la que siendo sencilla y pobre, la que se abandona totalmente a Dios, la que se enriquece con el máximo bien, es decir, con aquel que lo llena todo. Dios amoroso.

Por eso, el cántico referida a ella es el canto, el himno de la gloria a María. Se la glorifica porque ha creído en Dios y ha permitido que Dios realice obras grandes por medio de ella. Por eso “la proclamarán bienaventurada todas las generaciones”.

Ella es la mujer que siempre se está atenta a las necesidades, a la vida y a lo que acontece con sus hijos, por ejemplo, es la que supo decir “no tienen vino” (Jn 2, 3), — cuando parecía que la fiesta y la alegría se terminaba — como en las bodas de Cana de Galilea. Esto nos recuerda las palabras del Papa Francisco, cuando comenta este episodio bíblico y dice: “María está atenta, está atenta en esas bodas ya comenzadas, es solícita a las necesidades de los novios. No se ensimisma, no se enfrasca en su mundo, su amor la hace «ser hacia» los otros. Tampoco busca a las amigas para comentar lo que está pasando y criticar la mala preparación de las bodas. Y como está atenta, con su discreción, se da cuenta de que falta el vino. El vino es signo de alegría, de amor, de abundancia. Cuántos de nuestros adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hace rato que ya no hay
de ese vino. Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue, cuándo el amor se escurrió de su vida”

Por eso, María nos recuerda que la vida de familia, en familia, de nuestras familias, son el lugar privilegiado de la presencia de Dios, son el lugar donde podemos renovar y mejorar nuestra convivencia: afirmar el valor gozoso y positivo de la vida familiar como lugar del amor incondicional, como ámbito del respeto y la libertad, la exigencia y la responsabilidad. Reconocer que la familia pide atención y esfuerzo por mantener vivo el amor y apoyo por parte de la sociedad y de todos.

Hoy queridos hermanos, la propuesta más clara en esta festividad, la vivencia y celebración de una auténtica devoción mariana nos tiene que conducir a guardar en el corazón esta indicación de María, a realizarla, en el diario vivir, como ella la realizó.
Oremos e imploremos la protección de la Virgen María, de nuestra mamita de Urcupiña, que proteja nuestras familias ya que hemos querido peregrinar a este su Santuario y así recibir su luz y guía en nuestro caminar.

Les invito a saludarla como lo hizo Isabel y el Ángel Gabriel:

Dios te salve María, llena eres de gracia