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Mons. Oscar Aparicio: “Necesitamos testigos de Cristo, de seguimiento generoso a Él”

Ayer por la noche en la Catedral Metropolitana de Cochabamba, se claurusó la 99° Asamblea de Obispos de Bolivia y se dio gracias por la Venerabilidad de la Sierva de Dios Virginia Blanco y el proceso de Canonización, por un presunto milagro de la Beata Nazaria Ignacia.
 
El presidente de la Conferencia Episcopal, en su homilía remarcó la necesidad de contar con servidores comprometidos que puedan llevar la alegría del evangelio a los demás.
 
Audio y texto de la Homilía
 

 
 
HOMILIA DE CLAUSURA DE LA XCIX ASAMBLEA
MONS. OSCAR APARICIO CESPEDES
ARZOBISPO DE COCHABAMBA Y PRESIDENTE DE LA CEB
 
Queridos hermanos:
Me es muy grato clausurar con esta celebración eucarística  la XCIX (Nonagésima novena) Asamblea de la Conferencia Episcopal, rodeado por mis hermanos, obispos de Bolivia y el Sr. Nuncio Apostólico  representante del Santo Padre.
 
En la Asamblea hemos anunciado al Pueblo  y a la Iglesia de Bolivia la próxima llegada del Papa a nuestro país. Quien nos visita es el pastor de la Iglesia que viene como Pastor Universal para animarnos a vivir un camino de santidad en el seguimiento de Cristo y , ojalá, escuchemos de verdad la palabra que nos dirá en nombre de Dios.
 
También celebramos hoy dos acontecimientos muy significativos para la Iglesia de Bolivia y particularmente para esta Iglesia de Cochabamba. Hoy damos gracias a Dios por la declaración como venerable de Virgina Blanco y el inicio de la etapa de comprobación del milagro para la canonización de la Beata Nazaria Ignacia. Dos mujeres, laica una y religiosa otra,  que han fecundado nuestra Iglesia con el ejemplo de una vida de Santidad. Las dos se entregaron de forma ejemplar y heroica a los enfermos, a los más pobres, a los hambrientos y se entregaron con convicción y pasión a la obra de la evangelización. Las dos nos enseñan el camino del amor y la entrega, creyendo en Cristo y entregándose a él, como si le hubiesen visto con sus ojos.
En este tiempo en el que cuesta tanto creer, en el que si no vemos y tocamos, no creemos, ellas son testigos de que se puede vivir de verdad entregándolo todo como si hubiéramos visto con estos ojos. Ellas son testigos de Cristo en nuestra Iglesia.
Ellas nos animan a buscar el camino de Santidad, no conformándonos con lo mínimo, sino teniendo a lo máximo, llegar a nuestro desarrollo en Cristo, lo que Él ha previsto para nosotros. No querer sino seguir su voluntad y no la nuestra.
Hoy día también la Palabra de Dios que hemos escuchado estimula nuestro deseo de santidad. Los apóstoles fueron azotados por Cristo y dice el texto que “salieron del sanedrín, dichosos, alegres, por haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús”. Hace falta mucho amor a Cristo, mucho deseo de identificación con Cristo para alegrarse de padecer por él. Los santos siempre han sido ejemplos de padecimiento, no por amor al padecimiento mismo, sino por amor a Cristo  que padeció.
Sin embargo, dice el Papa en la Evangelii Gaudium, que estamos en tiempos en los que se ha impuesto la cultura del bienestar. “Muchos laicos sienten el temor de que alguien les invite a realizar alguna tarea apostólica, y tratan de escapar de cualquier compromiso que les pueda quitar su tiempo libre. Hoy se ha vuelto muy difícil, por ejemplo, conseguir catequistas capacitados para las parroquias y que perseveren en la tarea durante varios años. Pero algo semejante sucede con los sacerdotes, que cuidan con obsesión su tiempo personal” (Evangelii Gaudium 8). Ser llamados a una tarea evangelizadora, ¿es una alegría? ¿O es una especie de carga pesada, un “veneno peligros” que hay que evitar como dice el Papa?.
 
En esta Asamblea de Obispos hemos reflexionado sobre los jóvenes. Parece que la cultura del bienestar está afectando la generosidad de nuestros jóvenes también en la respuesta a la llamada que Cristo sigue haciendo vocación sacerdotal.
Necesitamos testigos de Cristo, de seguimiento generoso a Él, como la venerable Virginia Blanco o la Beata Nazaria Ignacia, también ejemplos de sacerdotes convencidos y enamorados de Cristo que se presentan como modelos para los jóvenes hoy. Hemos de orar por esta intensión.
 
Cristo necesita de jóvenes generosos dispuestos a servir el pan a sus hermanos, el pan de la Palabra, el pan de la Eucaristía y el pan que sacia el cuerpo de los hambrientos. Cristo quiso necesitar de los panes y los peces de aquél niño generoso que se presenta en el Evangelio de San Juan y pone al servicio del Señor lo que tenía.
 
La Iglesia tiene que seguir con su misión de partir el pan para la vida del mundo, partir el pan de la Palabra para que el mundo encuentre la verdadera vida y se sacie con la Palabra que sale de la boca de Dios y ¿cómo creerán, cómo encontrarán el consuelo sin nadie que predique? (Cfr. Rom 10, 14).
 
¿Cómo nos alimentaremos del pan de la vida sin nadie que se atreva a ponerse en lugar de Jesús?. ¿Cómo se saciará el hambre del pueblo en un mundo en el que cada cual busque su interés y no el de los demás? (Cfr. Fil 2,4)
Hermanos: oremos ahora y siempre para que no falten en la Iglesia ministros santos que nos ayuden a caminar por las sendas de una vida santa y ministros entregados que, a ejemplo del papa Francisco, de la venerable Virginia Blanco y de la beata Nazaria Ignacia, sean testigos de Cristo resucitado que sigue siendo el único pastor de su pueblo.
Así sea.