Análisis Beni

Mons. Julio María Elías obispo del Beni: “El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres”

Monseñor Julio María Elías Montoya, O.F.M., obispo  del Vicariato Apostólico de Beni donde pide a los fieles  a crecer en el aprecio del domingo -Día del Señor- y vivir la Misa, alimentándose de la mesa de la Palabra y de la mesa de la Eucaristía.

Reflexión:

Hoy, tercer domingo del tiempo ordinario, después de haber presidido la Eucaristía de las 8 a. m. en la catedral, he ido a La Loma Suárez para encontrame con los hermanos de dicha comunidad rural y con ellos celebrar la Eucaristía en la que Jesús se nos ha presentado como el profeta de los profetas: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lucas 4, 18-19).

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Su comentario -“Esta Escritura, que acaban de oir, se ha cumplido hoy” (Lucas 4, 21)- nos ha llevado a ver que es una gracia, que, en el día domingo -día del triunfo de Jesús sobre el pecado y la muerte- podamos vivir la Eucaristía, el sacramento de nuestra fe: porque, si los judíos se reunían en la casa de oración el día en el que Dios descansó de su obra creadora, el sábado,para escuchar la Palabra del Señor y orar, nosotros, en el día que hizo el Señor por su resurrección, el domingo, no sólo escuchamos la Palabra del Señor, que se cumple “hoy y aquí”, sino que participamos del sacrificio de Jesucristo, que se ofrece en acción de gracias al Padre en unidad con el Espíritu Santo, y que nos da su cuerpo como alimento de vida eterna.

Los judíos, para participar de los sacrificios, tenían sólo el templo de Jerusalén, no faltando en cada pueblito o ranchito la sinagoga o casa de oración para que todos, el día sábado, participaran de la celebración de la Palabra de Dios. Nosotros, sin embargo, en el día domingo, en la casa de Dios y puerta del cielo, de los pueblos que cuentan con la gracia de tener un sacerdote que presida la Eucaristía, vivimos lo que dice el libro de los Hechos de los apóstoles 2, 42 sobre la primera comunidad cristiana: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones.”

Crezcamos en el aprecio del domingo -Día del Señor- y vivamos la Misa, alimentándonos de la Mesa de la Palabra y de la Mesa de la Eucaristía.