Cochabamba

Mons. Juan llama a no seguir a caudillos pasajeros, sino a quien tiene Palabras de Vida Eterna

Mons. Juan Gómez, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba, durante su homilía en la Catedral Metropolitana en este domingo XXI del Tiempo Ordinario expresó que ante tantas distracciones y tentaciones que puede traer el mundo, se fije la mirada en quien realmente concede la vida en abundancia que es el Señor Jesús.

Señaló que el camino del discípulo del Señor no es de conveniencia ni tampoco es sencillo. Es un camino de dificultades y cruz, pero a ejemplo del verdadero amor que se entrega uno a otro como en el matrimonio; el seguimiento a Cristo se hace ligero, con la fe fuerte y la esperanza que no se desvanece, dejando de lado las tentaciones y falsa felicidad que puede dar el mundo.

Texto completo de la homilía  

Hermanos y hermanas, en este domingo 21 del Tiempo Ordinario vamos en este camino del seguimiento al Señor. Quiero hacer llegar mi saludo especialmente a todos los peregrinos feligreses de la Virgen de la Bella, Valle Alto, Arani, Quiero hacer llegar también mi saludo a las comunidades de Apilla Palca Grande, Palca Chica que ayer he estado visitando.

Creo que para nosotros es importante siempre, cada día, discernir en nuestro seguimiento al Señor. Hemos escuchado la primera lectura en la cual nos invita, nos invita a hacer un buen discernimiento. El pueblo israelita había experimentado la gracia de Dios después de todo ese camino, ese recorrido del desierto, pues experimenta ese gran regalo de Dios, la tierra prometida. Y creo que muchas veces también a nosotros nos puede suceder lo mismo que cuando en la tierra encontramos los gozos, las felicidades pasajeras, muchas veces, con facilidad nos apartamos de Dios, nos olvidamos de Dios y pensamos que todo lo que vamos viviendo es netamente nuestro esfuerzo, nuestro sacrificio, nuestro propio sudor y que gracias a eso lo tenemos. Y no nos damos cuenta que todo lo que tenemos, lo que nos llega, es un regalo de Dios.

Y por eso este pueblo que había sufrido a lo largo de todo el camino el recorrido del desierto, muchos de ellos experimentaron la cercanía de ese Dios liberador, pero este pueblo le toca vivir en medio de tantas ofertas, voy ha de ser así, religiosas. Se vivía un politeísmo muy crudo, puedo decir. Pero a pesar de eso, muchos creyeron, muchos experimentaron la cercanía de Dios y muchos decidieron seguir a este Dios liberador, un Dios que libera, no un Dios que oprime, no un Dios que castiga.

Y esa experiencia también nosotros la tenemos desde nuestro bautismo. Por eso San Pablo nos pone ese ejemplo de los matrimonios, también viviendo todavía en esa cultura patriarcal. Pero San Pablo quiere dar otra figura y es la figura del amor. Y el ejemplo que pone es que Cristo es la cabeza de la Iglesia. Y así dice el Esposo es la cabeza de la familia. Pero San Pablo quiere ir más allá y una familia debe guiarse por el amor, debe guiarse por ese amor que recibe de Dios. Ya no tanto por esa jerarquía, voy a decir así patriarcal. Y en ese sentido, Pablo nos ayuda a entender de que el amor de Dios es para todos y todos debemos de responder desde ahí.

Por eso en el Evangelio creo que es muy radical, muy duro, pero esa es la realidad que nos toca a nosotros vivir. Nosotros muchas veces queremos siempre optar por un Jesús victorioso, un Jesús triunfalista, un Jesús glorioso, un Jesús de lo fácil. Pero la vida de fe nos enseña otra cosa. Y en un pasaje del Evangelio Jesús dice muy claro: El que quiera ser mi discípulo, el que quiera seguirme, renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y sígame. No podemos seguir a Jesús sin la cruz. A lo largo de todos estos días, semanas pasadas, hemos ido escuchando este discurso del Pan de Vida, del Pan Bajado del Cielo, del Pan Partido.

Y siempre era una alusión a Jesús: Pan Partido. Si algo se parte, hay dolor y Jesús es ese Pan Partido que bajó del cielo para alimentar. Muchos a lo largo de la vida pública de Jesús lo siguieron, quizás porque hablaba bonito, muchas veces porque les daba de comer en el desierto, pero ya al final, cuando Jesús insiste un poco en ese discurso, muchos de sus discípulos decidieron hacerse a un lado, dejar de seguir a Jesús. ¿Quién puede seguir esto? El lenguaje es muy duro. Pero Jesús que dice: si mi Padre no les concede venir a mí, no van a venir. Porque seguir a Jesús no es obra humana, es obra de Dios.

Nuestra vida de fe no es vida humana, es vida de fe. Dios nos ha regalado la fe, es un don para nosotros, para vivir nuestra vida de cristiano desde la fe, buscando cada día la experiencia de ese Dios liberador. Por eso nosotros vivimos en un mundo, en una sociedad donde tantas cosas bonitas, discursos muy elegantes, nos quieren atraer o quieren atraer. Quieren que nosotros escuchemos eso. Quieren que nosotros sigamos a otros caudillos pasajero. Y son tentaciones muy fuertes, que, si no somos constantes, firmes en nuestro seguimiento al Señor, con facilidad vamos a dejar también nosotros de seguir a Jesús. Cuando Jesús pregunta a los doce apóstoles: ¿ustedes también quieren dejarme? ¿Ustedes también quieren irse? ¿Ustedes también quieren abandonarme? Pedro, en nombre de la comunidad dice: Señor, a quién vamos a ir, Tú tienes palabras de vida eterna.

Hermanos y hermanas, para nosotros, en medio de esta sociedad que llena de ruidos, llena de muchas cosas tentadoras para nosotros, tenemos que hacer un espacio para escuchar al Señor, porque Él tiene palabra de vida. Hermanos y hermanas, nuestro compromiso de fe tiene que ayudarnos siempre, cada día, a elegir al Señor. Para seguirlo. Elegir al Señor, pero con todas las exigencias, no elegir seguir al Señor según nuestro capricho, según nuestros intereses, según nuestras flaquezas de repente, sino seguir al Señor desde nuestra fe. No nos olvidemos. No estamos solos. Estamos con Dios. Si nosotros decidimos seguir al Señor, Dios nos va a dar la fuerza necesaria.

Por eso, para nosotros es importante vivir nuestra vida cotidiana con esa experiencia de Dios, para poder dar testimonio de la presencia de Dios en nuestras vidas y poder, así, ser para los demás también portadores de esta experiencia de Dios. De esta experiencia, de ese Dios liberador, de esa experiencia, de ese Dios que nos invita a vivir cada día ese seguimiento desde nuestra realidad. No necesitamos grandes espectáculos para seguir a Dios. El Señor se va manifestando en las cosas más sencillas, más insignificantes. Y desde ahí estamos invitados nosotros también a seguir a este Dios, para que cada día lo sigamos como auténticos discípulos y demos testimonio de la presencia del Señor en nuestras vidas, en nuestra familia y en nuestra comunidad. Que así sea.

 

Fuente: Iglesia Cochabamba