Sucre

MONS. JESÚS PÉREZ: VOLVER A LAS FUENTES

Ha pasado el mes de la Biblia en el que los cristianos de las diferentes jurisdicciones eclesiales de nuestra Patria hemos sido invitados a entrar en la profundidad de la vida, alimentándonos de la Palabra de Dios, “tu Palabra me da vida, confío en ti Señor”.

Hoy termina el Primer Encuentro Nacional de las Familias en Sucre. En estos tres días cientos de familias han reflexionado sobre la familia: el trabajo y la fiesta. Han sido días llenos de esperanza y de alegría con la confianza puesta en el Señor, en el futuro de la familia instituida por Dios.

Hay que hacer esfuerzo para no llegar a esquivar los temas exigentes que la Palabra de Dios va presentándonos día a día, especialmente en el Día del Señor. Muchos cristianos han caído en la tentación de seleccionar las páginas del Evangelio, escogiendo lo que les gusta y dejando de lado todo aquello que les desagrada.

Hoy, la primera lectura, Génesis 2,18-24, describe el Plan de Dios sobre la familia humana. El primer libro de la Biblia describe, ante todo, el origen de la vida en este planeta en que habitamos. El lenguaje es ciertamente poético y popular. Es un libro para alimentar la fe, para leerlo desde la fe. Por consiguiente, no es necesariamente científico. Pero no por ello pierde nada de su valor e importancia.

En la liturgia de este domingo se escoge este pasaje en la primera lectura, para prepararnos a lo que Jesús dirá sobre el hombre y la mujer, o sea, sobre la familia. Esta lectura como el Evangelio nos invita a volver a las fuentes de la vida, a la primera pareja matrimonial.

Aparece clara la voluntad de Dios, el hombre y la mujer, están hechos para la convivencia y no para la soledad. “No es bueno que el hombre este solo” (Gn 2,18). Estar solo puede ser una tentación. La soledad por cómoda que pueda ser en ciertas ocasiones, empobrece y debilita a la persona y puede hacer desaparecer la vida espiritual. “Solo vive quien convive”, y quien rehúsa la convivencia está volviendo las espaldas a la vida misma.

La pregunta de los fariseos quiere poner a prueba a Jesús, sobre la posibilidad del divorcio. Jesús apela a la voluntad originaria de Dios, invitándolo a volver a las fuentes, “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mt 19,6). Niega la posibilidad del divorcio, que él interpreta como camino al adulterio.

La vida religiosa o consagrada – el celibato o virginidad – y el matrimonio son dos maneras de vivir la común vocación del bautismo, de la vivencia del amor. Tanto el consagrado como el casado están llamados a ser santos, o sea, a vivir el amor, “ámense como yo les he amado” (Jn 13,34). Cada uno de estos estados de vida, queridos por Dios,tienen un mensaje para toda la Iglesia.

Cristo supera la legalidad de su época que se había apartado de la ley primigenia y establece para sus discípulos el principio: “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mt 19,6). Con esta reafirmación, Jesús desautoriza la ley de Moisés y pide algo muy difícil. Nos invita volver a las fuentes.

El sacramento del matrimonio, consagra el amor humano y vuelve la vida matrimonial – hombre y mujer – el prototipo de toda convivencia humana, en escuela de aprendizaje del arte difícil de convivir armónicamente con todos, en el lugar de una verdadera convivencia entre las personas. La familia es la cuna de la verdadera vivencia del amor. Solo el que ama puede convivir. El sacramento del matrimonio santifica el amor humano.

La carta pastoral de los obispos de Bolivia: LOS CATÓLICOS EN LA BOLIVIA DE HOY: Presencia DE ESPERANZA Y COMPROMISO de la Cuaresma de 2011, manifiesta su postura sobre ‘el matrimonio y las uniones entre personas del mismo sexo’ nº 49: “En varias oportunidades se ha propuesto en nuestro país el debate de una ley de derechos sexuales y reproductivos, e incluso se llegó a sancionar una en el Congreso en el 2004, en la que entre otros aspectos que chocan con la moral natural y la ética cristiana, había la pretensión de comparar con el matrimonio la unión de las personas del mismo sexo. Es una propuesta errónea e injusta porque el matrimonio es una institución esencialmente heterosexual, es decir, que no se puede ser contraído más que por personas de diverso sexo: una mujer y un varón. La diferencia sexual constituye la base antropológica indispensable del matrimonio ‘hombre y mujer los creo’ (Gn 1,27). Es la pareja humana, varón y mujer, la que está hecha a imagen y semejanza de Dios”.

En la cultura de relativización de todo, de permisivismo y mal entendida tolerancia, puede resultar para algunas personas inaceptables esta enseñanza de la Iglesia, la cual lo hace bajo la obligación de recordar las fuentes de la vida como hizo el mismo Jesús. Por ello, hay que tener también muy presente lo que los obispos dicen en el Nº 50 del documento citado más arriba: “es importante señalar que las personas homosexuales no deben ser discriminadas en sus derechos ciudadanos. La Iglesia, que tiene mirada misericordiosa hacia todos los hijos de Dios, se dirige con caridad y verdad a estos hermanos y busca acompañarlos en su situación”.

Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
ARZOBISPO DE SUCRE

Sucre, 7 octubre de 2012