Sucre

MONS. JESÚS PÉREZ: RENOVAR EL CONTRATO

Durante varias semanas en televisión,

diarios, radios, nos hemos visto inundados de la vivencia de los carnavales –todavía siguen estas propagandas– se ofrecía todo y para todos. Dios tiene una oferta y la hace a través de la Iglesia en este tiempo tan especial que es la Sagrada Cuaresma. Es tiempo de gracia.

La Cuaresma la define el Concilio Vaticano II de esta forma: “El tiempo cuaresmal prepara a los fieles a oír la palabra de Dios más intensamente y a orar especialmente mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y la penitencia, para celebrar el misterio pascual” (SC 109).

De la definición conciliar sobre la Cuaresma se ve que ésta es una preparación para la Pascua y apunta a la renovación o contrato de las promesas bautismales, en la Noche Solemne de la Vigilia Pascual. En esa noche seremos rociados con el agua recién bendecida, renovamos el contrato con Dios, o sea, una alianza, la nueva alianza, las promesas del bautismo. Por ello, es necesario que aceptando la oferta de Dios nos metamos de lleno en la preparación del contrato.

Es importante que nos adentremos en la enseñanza de la Palabra de Dios. Este primer domingo, la primera lectura del libro del Génesis 9,8-15, evoca la alianza con Noé, en los inicios de la humanidad. Nuestro buen Dios prometió la supervivencia del mundo, a pesar del pecado de los hombres.

En el segundo domingo, también en el Génesis 22,1-2.9-13.15-18, veremos la alianza con Abraham, en ese momento estelar de su obediencia. El tercer domingo, Éxodo 20,1-17, la alianza con Moisés, ella dio nacimiento a Israel como pueblo al darle una ley y un principio de organización.

El cuarto domingo en Juan 3,14-21, se verá cómo la alianza restaurada la hizo Cristo por el sacrificio de la Cruz, “tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tenga vida eterna”.
El quinto domingo, en el profeta Jeremías 31,31-34, contemplaremos la alianza sellada en el corazón del creyente, por la efusión del Santo Espíritu. Cada vez que celebramos la Eucaristía, el sacerdote repite las palabras de Jesús, “éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna”.

Esta alianza nueva y eterna es la que nos preparamos a renovar en la Pascua. La alianza es nueva y eterna. Nueva no solamente por venir después de las anteriores, sino por contener una esencial novedad, en su misma esencia. La nueva alianza es también eterna, porque tendrá vigencia perpetua. También el nuevo sacerdocio es esencialmente distinto del de el Antiguo Testamento, es nuevo y eterno en Cristo Jesús, sumo y eterno sacerdote.

El evangelio de este primer domingo de Cuaresma, Marcos 1,12-15, nos dice que Jesús “se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían”. El evangelista Marcos no nos cuenta las tentaciones de Jesús una por una como hace Mateo y Lucas. Casi es mejor que el evangelista no nos narre las tentaciones. Así, queda abierto que Jesús sintió toda su vida las tentaciones, por ejemplo en la invitación al poder, al prestigio, a los aplausos…

Al entrar en plan de renovar la alianza o el contrato con Dios podemos sentir que el vivir en cristiano es difícil y supone siempre lucha ante las tentaciones del diablo, a través del mundo. Todos somos débiles y somos tentados por muchas tendencias que no son precisamente las del evangelio. Puede ser que estemos “rodeados de alimañas” que acechan nuestra fidelidad, nuestra entrega radical a Cristo y al anuncio del Reino de Dios. ¡Cuántos pecados de omisión que nos vuelven pasivos o indiferentes en la Iglesia y en el País!

La Cuaresma es una convocatoria, es un llamado amoroso, es un pregón positivo y a la vez comprometedor. La Cuaresma es una invitación a volver a la escuela de la Palabra de Dios. Dios nos habla muy abundantemente a través de su palabra, la Cuaresma viene a ser como el albergue de la Palabra Divina.

La Cuaresma camino a la Pascua, hacia la renovación total en Cristo y por Cristo, camino de lucha y de opción nos invita a reiniciar la vida nueva recibida en el bautismo, como nos dice Jesús en el evangelio de hoy, “se ha cumplido el plazo está cerca el Reino de Dios: conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1,15).

Hermano y hermana, pregúntate ¿cómo vas a vivir la Cuaresma? ¿Cómo vas a renovar el contrato?

Mons. Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
ARZOBISPO DE SUCRE