Análisis

Mons. Jesús Pérez: “Multiplicar el pan hoy día”

“Para Dios no hay nada imposible”. Dijo el ángel Gabriel a María, cuando ella le preguntó con gran extrañeza “cómo podría ser madre sin concurso de varón alguno”. Frente a las dificultades de la vida, no podemos preguntarnos si seremos capaces de encararlas con éxito, sino más bien, hemos de preguntarnos si podrá Dios cumplir su palabra. Y, al hacernos la pregunta, se desvanece, cae por su propio peso. La única barrera insuperable para Dios es nuestra voluntad rebelde, empecatada. Querer es poder, no porque nosotros podamos cuanto queramos, sino porque si queremos, Él puede. Dios respeta nuestra voluntad.

Desde este domingo, y durante 5 semanas, se interrumpe la lectura del evangelista Marcos, para dar paso al capítulo 6 de san Juan -bien estaría leer todo el capítulo-  para que después podamos escuchar el discurso de Jesús sobre el pan de vida, en la sinagoga de Cafarnaúm, que es la idea dominante del capítulo 6. Juan es el gran teólogo entre los evangelistas. Ese pan es Jesús mismo: su persona, su palabra, su amor que se dan totalmente en el pan de vida. Este discurso es un anuncio o promesa que Jesús lo hace realidad en la noche del Jueves Santo.

En cada eucaristía celebramos la ¨multiplicación de los panes”. Cristo se da como pan de vida, para saciar el hambre de la comunidad eclesial y de toda persona. Celebrar la eucaristía es una invitación a aportar signos de liberación como el que ofrece Cristo. Es una urgencia más y mejor dar la fe, el amor, el pan y la riqueza del mundo, porque hoy también la gente tiene hambre de dignidad y de derechos humanos, hambre de la Palabra de Dios, de cultura y desarrollo, de paz y de justicia y de solidaridad. De ahí, que una celebración auténtica de la misa nos impele a dar el paso del compromiso en la vida, a ser solidarios.

Dios hace mucho con el poco que le ofrecemos. El poco de todas nuestras posibilidades, el poco de nuestra voluntad, de nuestros esfuerzos. La actuación de Dios depende de nuestra cooperación. Muy poca cosa eran aquellos 5 panes para dar alimento a aquellos miles de personas hambrientas. Pero por poco que fueran los 5 panes, era necesario que los pusiesen en las manos del Señor. Jesús quiere depender de nuestra pequeña colaboración. Prefiere multiplicar los pocos panes que sacar toneladas de la nada. Como hizo en las bodas de Caná de Galilea, sacó el vino de aquellos 600 litros de agua. Esto es lo que nos toca a los cristianos hoy día: multiplicar el pan para los que lo necesitan. Esto exige hacer el milagro de la fe y del amor. Sólo la fe y el amor nos pueden dar fuerza para multiplicar el pan de cada día. El amor y la fe deben encarnarse y expresarse en la realidad que estamos viviendo: en la política, en la economía, en el trabajo, en nuestras relaciones humanas para que sea de verdad fe y amor en el accionar. Animémonos a ser multiplicadores del pan de cada día.

Sucre 29 de julio de 2018

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre

[Imagen: radiopentecostesrd.com]