Sucre

MONS. JESÚS PÉREZ: LA ÚNICA DEUDA

Un sacerdote anciano le dijo a un joven a quien dirigía en su vocación, cuando fue a despedirse para entrar en el convento: “acuérdate de que no eres un ángel ni vas a vivir con ángeles”. La misma recomendación hago a todos en este domingo al invitarles a vivir la enseñanza de la Palabra de Dios que hoy se nos regala.

Desde Cristo hoy resulta difícil ir edificando una buena comunidad. Jesús dio una serie de consejos a sus discípulos que fueran consolidándola en la unidad y en el amor y asegurándole que “donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo” (Mt 18,20).

El evangelio de este domingo es del evangelista Mateo 18,15-20. Es un “discurso comunitario o eclesial” en las que el evangelista reúne enseñanzas de Jesús referentes a las relaciones mutuas entre los creyentes. El evangelio de este domingo está relacionado con el del domingo próximo: la corrección fraterna y el perdón de las ofensas.

Jesús inicia su enseñanza diciendo: “si tu hermano peca repréndelo…” (Mt 18,15) los hermanos también pecan. Hermano para el Evangelio es todo aquel con quien se mantiene una relación de cercanía o proximidad. Esto es lo que debe existir entre todos los bautizados, practicantes o no, entre los que están dentro de la Iglesia Católica o en otra confesión cristiana. El hermano que peca puede ser amigo, esposo, esposa, padre, hijo, sacerdote, obispo…

“Si tu hermano peca…”. Es un llamado del Señor a no desligarnos  de nadie a causa del pecado. Nos pone delante una obligación, la corrección fraterna. El pecado de cualquiera de nuestros hermanos, al igual que el hambre, la enfermedad, su dolor, es un desafío al amor fraterno que le debemos.

Si hay un mensaje más repetido en la Palabra de Dios es el del amor fraterno. Esto lo encontramos tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Este domingo las tres lecturas coinciden en la misma enseñanza: el amor.

Para el apóstol Pablo, el amor es una “deuda” (Rm 13,8) que tiene cada cristiano hacia su hermano. Por ello, cuando ayudamos a alguien, le curamos, le damos de comer, le vestimos, le enseñamos, le perdonamos, le corregimos, no hemos hecho nada extraordinario pues Cristo dice: “somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer” (Lc 17,10).

Hay algo que aún no entra en la mayoría de los cristianos: la corrección fraterna. Pues esto corresponde a la vivencia del amor. Sin duda que la corrección fraterna no es fácil ejercitarla, se descuida frecuentemente. Es una de las obras de misericordia, o sea, de amor, “corregir al que yerra”, o “dar buen consejo al que lo necesita”.

El tema de la corrección fraterna lo toca hoy el profeta Ezequiel en la primera lectura, Jesús en el evangelio y Pablo nos habla de la única deuda con los demás: un amor verdadero a los mandamientos del Señor y, ahí está también la corrección al hermano.

Amar al hermano no puede ser sinónimo de callar o dejarle que siga por malos caminos, si es que estamos bien informados de sus errores. Amar al prójimo no es sólo acogerlo o darle una limosna, es también saber decirle una palabra de orientación, amonestación o corrección fraterna para que no empeore en su mal. Al que peca no se le puede dejar de amar y hay que ayudarle.

La Iglesia o comunidad cristiana no es perfecta. En ella, como en cada persona, hay mal y bien. Pero al formar parte de ella por el bautismo, todos debiéramos ser corresponsables. No se niega por ello la responsabilidad de cada persona. Bien lo expresa el profeta Ezequiel, “sino cambia  de actitud, el morirá por su culpa” (Ez 3,18). Nadie puede desentenderse de nadie.

La corrección fraterna aporta beneficios no solo al que está cometiendo el error, sino también al que la realiza: “haz ganado a tu hermano” (Mt 18,15). O también, como dice Santiago: “si alguno de ustedes se desvía de la verdad y otro lo convierte, sepa que el que convierte a un pecador de su camino desviado, salvará su alma y cubrirá multitud de pecados” (St 5,20).

¡Cuánto bien no haríamos si en esta novena –preparación a las fiestas de la Mamita Gualala– hablásemos y explicásemos a los hermanos en qué consiste la verdadera devoción a la Virgen!
 

     Jesús Pérez Rodríguez O.F.M.

     ARZOBISPO DE SUCRE