Análisis Reflexión Dominical

Mons. Jesús Pérez: La “dulce tarea” de todo bautizado

El laico no es el “brazo largo” del sacerdote, sino del mismo Cristo.

El evangelio de este domingo, 14 del tiempo ordinario, tomado del evangelista Lucas, nos presenta cómo Jesús eligió a 72 discípulos, para enviarlos a evangelizar a todos los pueblos o comunidades por las que iba a pasar Él, en su subida a la ciudad santa de Jerusalén, para ofrecer su vida por la salvación de toda la humanidad. No olvidemos ubicarnos dónde está actuando Jesús en estos capítulos. Está subiendo a Jerusalén, pero se detiene días y días en todos los pueblos por donde pasa. Jesús quiere sentirse necesitado de los apóstoles, de los discípulos, de las discípulas que también le seguían. Hoy día, nos necesita a todos los discípulos y discípulas, o sea, a los cristianos todos. No sabemos por qué Jesús actúa de esta forma, pudiéndolo hacerlo solo. De todas formas ha querido hacer la obra de la salvación contando con nosotros.

Por ello, hoy voy a recordar algunas de las enseñanzas del Concilio Vaticano II y de los últimos papas. En primer lugar, el Concilio, que en diversos documentos nos insta a trabajar en la construcción del Reino, siendo actores y no meros espectadores de lo que hacen los otros. Dios nos quiere a todos los bautizados como apóstoles. Jesús amplió el círculo de los doce, eligiendo a los 72 discípulos. El ser misionero o apóstol de Jesús es un regalo de Dios, pero también una obligación que nace en el bautismo. Todos somos iglesia.

En la Lumen Gentium, primer documento en importancia del Vaticano II, en el número 33, nos dice: “El apostolado de los laicos –laicos son todos los bautizados que no son sacerdotes, obispos o religiosos— es participación en la misma misión salvífica de la Iglesia, apostolado al que todos están destinados por el Señor mismo, en virtud del bautismo y de la confirmación”. El laico no es el “brazo largo” del sacerdote, sino del mismo Cristo. “El deber y el derecho del seglar al apostolado deriva de su misma unión con Cristo cabeza” (Apostólicam  Actuositatem, 3). Podríamos abundar en otros muchos documentos del concilio.

El Papa san Paulo VI, el 8 de diciembre de 1975, publicó una hermosa exhortación, Evangelii Nuntiandi, sobre la evangelización de los pueblos y tiene en ella esta hermosísima expresión: La evangelización es la “dulce tarea” de la Iglesia. Esta exhortación sigue siendo de máxima importancia para la vida de la Iglesia. El Papa san Juan Pablo II, nos dejó otra exhortación, Iglesia en América, en la cual nos convoca a trabajar con decisión en la nueva evangelización. El papa Francisco ha publicado la exhortación Evangelii Gaudium, el 24 de noviembre de 2013: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús… Quiero invitarles a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años “.  Estas exhortaciones pueden ayudarnos, si es que nos decidimos a ser apóstoles, mensajeros del evangelio en todos los lugares que nos encontremos.

Sucre, 7 de julio de 2019

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre

 

[Imagen: capsulasdeverdad.com]