Sucre

MONS. JESÚS PÉREZ: LA CLAVE ESTA EN SABER PEDIR

El gran Maestro de los cristianos es Jesús, el Hijo de Dios, encarnado en las entrañas de María. Al asumir la naturaleza humana quiso pasar por las múltiples necesidades de los humanos, fue tentado como nosotros pero siempre superó las insinuaciones hacia el mal “igual a nosotros menos en el pecado” (Hb 4,15).

Cristo es maestro de oración, con su ejemplo y con sus enseñanzas. A la escuela de Cristo Maestro, los evangelios, hay que recurrir si queremos aprender a orar. En el evangelio de este domingo Lucas 11,1-13, nos invita a orar o rezar sin reticencias ni timideces. Claramente nos enseña con comparaciones claras que es necesario insistir. Se atreve a echar en cara a sus discípulos “ustedes, hasta ahora no han pedido nada en su nombre”.

Del ejemplo de Jesús que tanto se retiraba a orar a solas, nació la bellísima petición de los discípulos: “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11,1). Al Padre nuestro se le llama la oración dominical o del Señor porque fue él quien la enseñó a los apóstoles. En el evangelio de Mateo hay siete peticiones y en el de San Lucas cinco. A veces se usa indistintamente orar y rezar. Puede ser lo mismo pero a veces no es lo mismo. Es fácil llegar a confundir lo que parece oración con lo que de verdad es oración. Por ello, es bueno ver lo que no es oración y lo que sí es oración.
No es oración simplemente pensar, discurrir, dar vueltas y vueltas con algunas ideas de algún texto de la Biblia. Eso solo no es oración, pero puede ayudar a la oración.
No es oración una conmoción por algún pasaje bíblico que hemos leído o nos ha sido expuesto en alguna predicación. Solo esto no es oración.
En la tradición cristiana tenemos muchas definiciones acerca de lo que es en verdad el orar. Sin duda que son matices de lo que constituye hacer oración.

Santa Teresa decía: Orar es un trato de amistad a solas con quien sabemos que nos ama.

El venerable Fray Luis de Granada nos enseña: Orar es el levantamiento de nuestro corazón a Dios, mediante el cual nos llegamos a Dios y nos hacemos una cosa con él.

Orar puede sintetizarse en las múltiples definiciones: es un encuentro con Dios, un conversar con Dios, un entrar en la intimidad de Dios, es mirarle a él y dejarnos mirar, para estar ocupados con Dios y contemplarle como es él.

Será bueno, muy bueno ir al catecismo de Juan Pablo II para conocer lo que al respecto nos advierte la Iglesia: “En el combate de la oración tenemos que hacer frente en nosotros mismos y en torno a nosotros mismos a conceptos erróneos sobre la oración. Unos ven en ella una simple operación psicológica, otros un esfuerzo de concentración para llegar a un vacío mental, otros la reducen a actividades y palabras rituales. En el inconsciente de muchos cristianos, orar es una ocupación incompatible con todo lo que tienen que hacer: no tienen tiempo” (Catecismo de la Iglesia 2726).

Jesús en el texto de Lucas nos da algunos aspectos o cualidades que deben acompañar la oración, sea esta oración de petición, de intercesión, de alabanza, arrepentimiento, adoración… son diferentes formas de orar.

Orar será siempre abrirse a entrar en la relación con Dios. Por ello, la oración cristiana es una relación de alianza entre la persona y Dios. La oración brota del Espíritu Santo, es acción de Dios y de cada uno. Es siempre un acto personal aunque se esté en una oración comunitaria. Por ello, no hay que olvidar que la oración cristiana será verdadera en cuanto es comunión con Cristo y se extiende por la Iglesia que es un cuerpo. Sus dimensiones son las del Amor de Cristo (cfr. Catecismo de la Iglesia 2565).

La clave de la oración está en saber pedir. Cristo da algunas condiciones para que nuestra oración sea agradable al Padre Bueno. La primera está en que se pidan cosas buenas. Hay que tener en cuenta que Cristo no nos prometió darnos todo lo que le pidamos. La promesa del Señor está en que le pidamos en su nombre. No nos va a conceder Dios algo que vaya contra persona porque esta es también hija suya.
Otra de las cualidades es la perseverancia o insistencia en la oración. No nos debemos cansar de pedir. Hay que permanecer con una viva fe y esperanza en el Señor. Pedir, pedir, saber pedir.

 

Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Sucre,  28  de Julio 2013