Análisis

Mons. Jesús Pérez: “El recuerdo de la Madre”

El día de hoy, octava de la Navidad, es el día en que Jesús fue circuncidado y le pusieron el nombre de Jesús, Hoy, también, celebramos la Jornada Mundial de Oración por la Paz del mundo. El gesto de la paz, antes de la comunión, podríamos, todos, motivarlo con un mayor esfuerzo para vivir reconciliados con todos a lo largo de este nuevo año. Pero la gran solemnidad del primero de año es la Maternidad Divina de María, la madre de Jesús. Él es el gran protagonista de la Navidad que continuaremos celebrando hasta el 8 de enero, fiesta del Bautismo del Señor. El recuerdo de la Madre no quita nada al culto que debemos a Cristo, Dios y hombre verdadero. Esta fiesta es con toda seguridad, la más antigua en la liturgia romana y la oriental. El título de Santa Madre de Dios es el primero de todos los otros títulos que damos a María, de ahí, por ser Madre de Dios, vienen todas las grandezas que el Señor todopoderoso ha realizado en ella.

La maternidad divina de María es, sin duda, lo más sobresaliente en este primero de año, en la liturgia. El papa Pablo VI, en su exhortación apostólica “Marialis cultus”, afirma que, “el tiempo de Navidad constituye una prolongada memoria de la maternidad divina, virginal y salvadora de María… La solemnidad de la Maternidad de María se destina a celebrar la presencia que ella tuvo en el misterio de la salvación y a exaltar la singular dignidad de que goza la Madre santa, por la cual merecimos recibir del Autor de la vida” (MC 5).

Toda la celebración litúrgica de esta fiesta rezuma “Buena Noticia”, “el día santísimo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo”, en medio de un mundo que no abunda precisamente en alegrías profundas. La fiesta de hoy nos “felicita” a todos en el nuevo año, proclamando la buena noticia del Dios-con-nosotros e implorando la bendición sobre nuestras vidas. Es importante releer y saborear las bendición solemne que el que preside la Misa pronuncia: “El Dios, fuente y origen de toda bendición, les conceda su gracia… y les proteja durante todo este año que hoy comenzamos… les mantenga íntegros en la fe, inconmovibles en la esperanza y perseverantes en la caridad… Les conceda un feliz y próspero año nuevo, escuche las súplicas de ustedes y les lleve a la vida eterna”.

La gracia fundamental de la Navidad es que Dios se ha introducido definitivamente en nuestra historia, que se ha hecho humano al encarnarse en María virgen y desde la humanidad y divinidad misteriosamente unida realizó la salvación de la humanidad entera. Esta salvación que ya ha comenzado camina hacia la plenitud que tendrá lugar con la segunda vuelta de Cristo: “así como nos llena de gozo celebrar el comienzo de nuestra salvación, nos alegraremos un día de alcanzar su plenitud”. Por ello, nos hará mucho bien en este principio del año, que recordemos con mucha alegría que somos de verdad hijos de Dios, que vivimos ahora en esta su casa, la tierra, y, más tarde, en la casa del cielo, morada gloriosa de Dios y de sus hijos. Pase lo que pase, digan lo que te digan, “eres lo que eres ante Dios”, dice san Francisco de Asís. Dios siempre será nuestro Padre y, por ello, somos hijos. Que la felicidad de ser hijos de Dios que nadie nos la quite. ¡FELICIDADES!

Sucre, 1 de Enero de 2017

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre