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Mons. Jesús Juárez: “Del Altar a la Misión”

Homilía en la Solemne Eucaristía del CORPUS CHRISTI en Sucre.

Querida comunidad:

Con profunda alegría y gratitud celebramos hoy la solemnidad del Corpus Christi, pan partido y repartido para la vida del mundo, en unidad y comunión con las demás Diócesis esparcidas por las zonas áridas del altiplano, la belleza de los valles, el caluroso trópico, el próspero oriente y la riqueza de la amazonía que también recuerdan este misterio eucarístico de salvación. Deseo incluir en estos momentos celebrativos a todos los que no pueden estar presentes en este acontecimiento, especialmente a los enfermos en los hospitales, los privados de libertad, los hermanos de las provincias más alejadas, los ancianos y las que personas que nos siguen por radio y televisión.

Esta solemnidad es como una prolongación de la última Cena de Jesús, sabiendo que había llegado su “hora”, instituye la Eucaristía signo visible de su presencia en la comunidad cristiana y en la misma historia humana manifestado en su propio Cuerpo y Sangre entregado por amor y por nuestra salvación. El Señor nos dio el mandato de “hacer esto en memoria suya”.

¿Cómo hacer memoria hoy de la entrega generosa y la presencia real de Cristo en la Sagrada Hostia?

Hacer memoria es contemplar con ojos de creyentes, y -ojalá delante del sagrario en profunda adoración- lo que significó aquel momento histórico de Jesús en comunión con los apóstoles y dispuesto a su entrega voluntaria en la cruz, como parte esencial de la historia de salvación que Dios pensó desde siempre. Momentos inolvidables de amor recíproco donde el Maestro les da el mandamiento nuevo y les pide tener la actitud caracterizada por ser servidores de todos junto con la oración al Padre de que “todos seamos uno” para que el mundo crea que Él es su enviado para la salvación del mundo y ahora contemplado como el “pan de vida eterna” y “la sangre de la nueva alianza”.

Hacer memoria es celebrar la fiesta eucarística -no sólo los domingos, sino con más frecuencia durante la semana- en gracia de Dios y reconciliados con los hermanos, con un corazón abierto a este gran Misterio que celebramos “hasta que Él vuelva”, el mismo que borra todos nuestros pecados y sana nuestras heridas y, como, decía el Papa Francisco en su homilía del Corpus Christi en el año 2015, “la Eucaristía no es premio para los buenos, sino la fuerza para los débiles y pecadores; es el perdón”, la Sangre derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

La Eucaristía es el verdadero alimento bajado del cielo que fortifica nuestro caminar hacia la liberación total; la fortaleza en nuestras debilidades; el alivio en nuestro cansancio; la fuente de vida que sacia nuestra sed con la verdadera bebida: la Sangre de Cristo.

Querida comunidad cristiana hagamos el firme propósito de recibir frecuentemente, con respeto y la debida preparación, la sagrada comunión y participar en la adoración eucarística todos los jueves en sus parroquias y en las setenta y dos horas de adoración permanente en el Templo San Felipe Neri.
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Hacer memoria es dar testimonio de caridad y justicia después de la comunión eucarística. En caso contrario, sería haber participado en un ritual vacío y también una incoherencia con nuestra condición de cristianos. A ejemplo de Jesús las consecuencias de la participación en la Eucaristía son la santidad de vida, fruto de una constante conversión; la solidaridad con los más necesitados y vulnerables; el renovado y constante celo por llevar a todos el evangelio liberador de Jesús; la lucha y el compromiso por la paz rechazando todo acto violento y la opción por la justicia, la verdad y el amor al prójimo; el respeto a la dignidad y derechos de la persona junto a la promoción del bien común con una justa y solidaria distribución de bienes.

Las ofrendas de esta celebración irán en beneficio de: Hogar granja Sucre, Santa Rita, la Yedra, Kantuta-Yotala y Guadalupe.

Frente al lenguaje real y crudo del capítulo sexto de San Juan donde presenta una excelente y extraordinaria catequesis sobre la Eucaristía recordando los textos del Antiguo Testamento, ¿cuál será nuestra actitud y nuestra respuesta a la pregunta de Jesús: también ustedes me van a abandonar? Y sin duda, responderemos como de Pedro: “Señor a quién iremos sólo tú tienes palabras de vida eterna”.

Cristo Resucitado presente en la Sagrada Hostia se paseará por nuestras calles derramando sus abundantes bendiciones sobre nuestro querido departamento y nuestra capital. Que esta celebración y manifestación pública de nuestra fe en la presencia real de Cristo en las sagradas especies nos inyecte nuevas fuerzas para crecer en la fe, la comunión eclesial y produzca abundantes frutos de vida cristiana, bajo la mirada de María, nuestra Madre, mujer eucarística como la invocó San Juan Pablo II.

Sucre, 15 de junio de 2017

Mons. Jesús Juárez Párraga, sdb.
ARZOBISPO DE SUCRE