Cochabamba

Mons. Giambattista Diquattro: a todos los pueblos se les ofrece la salvación

El Nuncio Apostólico de Su Santidad, Mons. Giambattista Diquattro, durante los días de la Asamblea de Obispos de Bolivia, celebra la eucaristía en la capilla de las Hermanas Oblatas Salesianas del Sagrado Corazón, en Tiquipaya.

Texto completo de la homilía

El final de la primera lectura es una alabanza solemne al Señor que merece una reflexión profunda. San Pablo afirma que: “a Dios debemos la gloria de nuestra vida. Debemos el agradecimiento eterno”.

El apóstol San Pablo explica cuáles son los puntos fundamentales de nuestra existencia. Es central en nuestra vida haber recibido el anuncio de Jesucristo, es el anuncio de Cristo que cambia nuestra vida, es el anuncio del Señor que dirige, orienta y ofrece un sentido a nuestra diario vivir.

El anuncio, las palabras de Jesucristo nos ayudan a nosotros a entender el misterio de la salvación. Él, con su vida, con su muerte y resurrección nos explica el sentido de toda la historia de la salvación a partir de Abraham, Isaías, los profetas, los jueces, etc. y todo esto se concentra por medio de Jesucristo Nuestro Señor en nuestra vida.

No sólo se concentra en la vida de cada uno de nosotros: se concentra en la vida de todos los pueblos, porque a todos los pueblos se les ofrece la salvación que el Señor ha merecido con su obediencia al Padre.

Este es el punto fundamental: “la obediencia de la fe”. Es importante acoger el don de la fe, por tanto, es nuestra responsabilidad hacer madurar una fe: obediente, dócil, disponible, una fe que sea instrumento de amor y testimonio de amor hacia Dios y hacia el prójimo.

La humildad y la docilidad de la fe hacia Dios nos explica el Salmo responsorial con palabras lindísimas. El salmista insiste sobre la grandeza de Dios, su majestad, su gloria que son motivos de cercanía, de amor y de deseo de parte de nosotros: amamos a Dios porque es glorioso, porque es grande, porque es majestuoso, amor de indecible belleza.

En el evangelio de hoy se encuentran la humildad y docilidad de la fe hacia el prójimo: Dios conoce nuestros corazones y nosotros debemos librar nuestro corazón de todas las ataduras que no nos permiten ser dóciles, disponibles, obedientes. Debemos liberar nuestro corazón de aquellas ataduras que impiden la obediencia de la fe y la libertad de la misma.