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Mons. Flock: “Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios!”

En éste Tercer Domingo de Adviento, Mons. Robert Flock, obispo auxiliar de Cochabamba y nombrado Obispo de San Ignacio de Velasco, define como el “Domingo de la Alegría”, domingo en que los jóvenes recibieron los Siete Dones del Espíritu Santo les recordó que “son motivo para acoger el mensaje del Profeta: «¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios!» … Serán “coronados de una alegría perpetua: los acompañarán el gozo y la alegría”.

A continuación la homilía completa:

Queridos hermanos.
El Tercer Domingo de Adviento tiene por apodo el “Domingo de la Alegría”, por la cercanía de la venida del Señor que celebraremos con la Navidad. A este motivo de alegría para todos los pueblos, se añade hoy nuestro gozo especial al celebrar la Confirmación para nuestros jóvenes. Resulta que este Sacramento señala el cumplimiento de la profecía de Isaías en nuestra primera lectura:
Fortalezcan los brazos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes; digan a los que están desalentados: «¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios!»
Pues, al recibir el Espíritu Santo con sus siete dones de Sabiduría e Inteligencia, Consejo y Fortaleza, Ciencia, Piedad y el Santo Temor de Dios, el Señor los fortaleza a ustedes, jóvenes, para que sean fuertes, un auténtico reflejo de “la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios.”
La belleza natural de su juventud es perfeccionada con la inefable hermosura de Dios. La fuerza natural de su juventud es completada con el poder infinito del Todopoderoso.
El Espíritu te da Sabiduría, para que lleves tu vida desde ahora lo mejor posible, hasta alcanzar la vida eterna.
El Espíritu te da Inteligencia, para que seas capaz de reconocer la presencia y la ayuda de Dios en sus vidas, y la vocación a que te llama.
El Espíritu te da Consejo, para que rechaza las tentaciones del maligno y aprecia los consejos de Jesucristo en el labirinto de la vida diaria.
El Espíritu te da Fortaleza, para que sigue fiel cuando el seguimiento del Señor supone una participación en su Cruz.
El Espíritu te da Ciencia, para que vayas comprendiendo la Palabra de Dios y los misterios de nuestra fe.
El Espíritu te da Piedad, para que pueda compartir con los demás la misericordia que Dios ha tenido contigo.
El Espíritu Santo te da el Santo Temor de Dios, para que estés siempre cautivado por su infinita grandeza y bondad.
Todos estos dones son motivo para acoger el mensaje del Profeta: «¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios!» … Serán “coronados de una alegría perpetua: los acompañarán el gozo y la alegría”.
Jesús mismo lo dice hoy en el Evangelio: “Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él» Esto porque hoy el bautismo de cada uno de ustedes es completado con el sello del Espíritu Santo. Por consiguiente, son mayores que San Juan Bautista.
Es como encontrar un diamante en el lodo: es limpiado, cortado para capturar y reflejar la luz, y luego montado en un anillo de oro para llevar como signo de amor inquebrantable y bello. Cada uno de ustedes, con el sacramento de la Confirmación, es un diamante en la mano de Dios.
Hay que apreciar la grandeza de este don que Dios les hace hoy. Recuerda que cuando Jesús mismo fue bautizado por Juan en el Río Jordán, se vio bajar sobre Jesús el Espíritu Santo, y se escuchó la voz del Padre celestial: “Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección”. Pues al compartir su Santo Espíritu con cada uno de ustedes, Dios Padre te está diciendo: “También tú eres mi hijo querido, mi hija querida, en ti tengo puesta me predilección”.
Por eso, como dice el Profeta Isaías: “¡Regocíjense el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa!”
Sabemos que ninguno de nosotros tenemos la perfección de Jesús; que es una lucha diaria ser su fiel seguidor superando debilidades y tentaciones. Por eso nos dice Santiago en la Segunda Lectura: “Tengan paciencia, hermanos, hasta que llegue el Señor. Miren cómo el sembrador espera el fruto precioso de la tierra, aguardando pacientemente hasta que caigan las lluvias del otoño y de la primavera.”
Así el Señor al compartir su don con ustedes, confía en que den un fruto precioso, o mejor dicho, que ustedes mismos serán este fruto precioso, por prevalecer en sus vidas la gracia y la bondad que son propias de quienes Dios creó en su imagen y semejanza y que vemos en nuestro Señor y Maestro Jesucristo.
Queridos jóvenes: «¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios!»