Pando

Para Eugenio Coter la Conferencia Eclesial de la Amazonía es la concreción de lo que planteó el Concilio Vaticano II

“La conferencia podrá ser un paso muy importante para una vivencia eclesial aun más encarnada”

“La Conferencia Eclesial de la Amazonía tiene la misma tarea, el mismo desafío, y abre a esta participación laical, indígena, local, dentro de una instancia de la Iglesia de reflexión y organización de la pastoral”
Las ayudas en este tiempo de pandemia “es signo de una Iglesia que hace sentir a la gente que la Iglesia les acompaña, celebra con ellos, en la liturgia y en la vida”
La muerte de Monseñor Eugenio Scarpellini “fue un choque muy fuerte, que busco vivirlo desde el sufrimiento por un amigo perdido, con quien hemos compartido el camino desde los años de seminario, desde 1976. Pero al mismo tiempo desde la dimensión de fe”
“La pandemia ha puesto en la cara la responsabilidad, basta ver cómo donde no han respetado el distanciamiento social, donde lo han pasado por alto, han pagado con vidas humanas”

“La pandemia está mostrando un rostro de corrupción que va hasta los pequeños meandros, a todas las esquinas, al corazón de las personas”

Mons. Eugenio Coter

En plena pandemia, de forma virtual, nacía el pasado 29 de junio la Conferencia Eclesial de la Amazonía, de la que forma parte Monseñor Eugenio Coter, obispo del Vicariato de Pando, en Bolivia. Esta conferencia responde al principio de encarnación y del diálogo, pudiendo ser un ejemplo a seguir por otras realidades parecidas.

Monseñor Coter ve la Conferencia Eclesial de la Amazonía como un instrumento que “abre la participación laical, indígena, local, dentro de una instancia de la Iglesia de reflexión y organización de la pastoral“. Según el obispo de Pando, “es la concreción, a esta altura del camino eclesial, de lo que planteó el Concilio Vaticano II, lo que iluminaron las distintas conferencias extraordinarias de la Iglesia en América, de Aparecida, donde se fue concretando y abriendo cada vez más la participación de los laicos dentro de la Iglesia”, viéndolo como “el desemboque natural de este proceso, sin que sea algo forzado”.

Pero también están siendo días difíciles para Monseñor Eugenio Coter, infectado por el COVID-19, y que este miércoles, 15 de julio, veía como fallecía Monseñor Eugenio Scarpellini, obispo de El Alto, amigos desde su tiempo de seminaristas en Bérgamo, “alguien con quien hemos compartido mucho camino, con quien había ciertas dinámicas comunes”. Ha sido un choque muy fuerte, en el que desde la fe espera descubrir la presencia de Dios.

Este tiempo nos debe enseñar, en su opinión, a aprovechar mejor los medios virtuales, superando “el prejuicio que nace del desconocimiento e incomprensión”. En ese sentido, el obispo dice que este ha sido el año en que más se ha reunido con el clero, o que los medios virtuales han permitido el nacimiento de la nueva Conferencia Eclesial de la Amazonía. Este tiempo también nos ha mostrado algo que debe ser superado, “un rostro de corrupción que va hasta los pequeños meandros, a todas las esquinas, al corazón de las personas”.

Conferencia Eclesial de la Amazonía

Acaba de ser constituida el pasado 29 de junio la Conferencia Eclesial de la Amazonía, de la cual usted forma parte. ¿Cómo cree que esa conferencia puede influir en el futuro de la Iglesia amazónica y universal?

En la medida del trabajo que se dará a la conferencia y de las atribuciones que le serán reconocidas, la conferencia podrá ser un paso muy importante para una vivencia eclesial aun más encarnada dentro de la especificidad de ciertos territorios por las señales culturales, antropológicas y naturalísticas, que son fundamentales en el equilibrio del mundo, de los continentes y local. Permitirá a la Iglesia tener un rostro aún más encarnado dentro de esta realidad.

Responde al principio de la encarnación de una manera más fuerte, más precisa y es la oportunidad de, dentro de una comunión universal, porque se mueve dentro de una comunión y de diálogo permanente, es parte del CELAM, y estará en diálogo con las diferentes conferencias episcopales locales, pero tiene una capacidad propia, desde su propio espacio reconocido, de poder dar las respuestas específicas a este territorio, encarnando aún más la realidad de la Iglesia. Si esto se vive en el territorio de la Amazonía se volverá un estilo de camino para otras realidades parecidas o de características muy específicas, que podrán enriquecer la Iglesia. La belleza de un jardín no es que haya solo un tipo de flores, la belleza es que haya flores de perfumes, de colores y de formas distintas, pero parte del mismo jardín.

Papa Francisco con los indígenas del Sínodo

En esta Conferencia Eclesial de la Amazonía están presentes representantes de los pueblos originarios. Desde la Iglesia católica se ha insistido mucho, especialmente en el proceso del Sínodo para la Amazonía, sobre la alianza entre la Iglesia y los pueblos originarios. ¿Esta conferencia puede afianzar y ayudar a poner en práctica esa alianza?

El Sínodo de la Amazonía ha llevado a la luz esta alianza que se vive desde que llegó el cristianismo, con sus excepciones, que han sido excepciones de la estructura ordinaria de la Iglesia, de siempre mucha cercanía con los pueblos, que salvó las tradiciones, la cultura, el lenguaje, le dio forma y escritura a los idiomas. Es un signo de esta presencia de la Iglesia que como el Papa dijo en Puerto Maldonado, llegó a la Amazonía sin maletas, para quedarse, entró y creció en la historia de los pueblos, sufrió con ellos, se engrandeció y rescató con ellos toda la cultura.

El Sínodo ha hecho aun más visible esta historia, que es una historia que sigue y se proyecta dentro de las estructuras eclesiales, de la posible conferencia episcopal se hace de eso una conferencia eclesial. El paso decisivo lo da el Papa en la creación del consejo postsinodal, cuando los obispos, según el reglamento, hemos elegido los delegados en este consejo de cada conferencia episcopal que pertenece a la Amazonía, y el Papa, que tenía que elegir sus delegados, pidió la libertad como Papa de poder elegir personas que no eran obispos, y vio positivo elegir los representantes de los indígenas, una religiosa, un laico y una laica, en el consejo postsinodal.

La Conferencia Eclesial recoge el consejo postsinodal y toma un cierto paso oficial, hasta que el Papa reconozca los estatutos. Lo que era el consejo postsinodal se está volviendo la Conferencia Eclesial de la Amazonía. El consejo postsinodal tenía la tarea de ver el camino de cómo encarnar la reflexión del Sínodo, la Conferencia Eclesial de la Amazonía tiene la misma tarea, el mismo desafío, y abre a esta participación laical, indígena, local, dentro de una instancia de la Iglesia de reflexión y organización de la pastoral. Este es el camino, y, una vez aprobados los estatutos, se irá organizando aun mejor, es un comienzo de un camino que irá delineando e irá tomando luz.

Patricia_Gualinga

¿En qué ayudar al futuro de la Amazonía y de la Iglesia universal el hecho de que esta conferencia no sea solo episcopal y sí eclesial, donde evidentemente están incluidos los obispos, provocando una abertura a una forma de ser Iglesia más sinodal?

Es la concreción, a esta altura del camino eclesial, de lo que planteó el Concilio Vaticano II, lo que iluminaron las distintas conferencias extraordinarias de la Iglesia en América, de Aparecida, donde se fue concretando y abriendo cada vez más la participación de los laicos dentro de la Iglesia, no solo como fieles, sino en lugares de responsabilidad pastoral, reconociendo que hay un servicio episcopal y clerical a estos fieles, pero que estos fieles también pueden servir en nombre de la misma fe del bautismo que los anima. Aparecida le ha dado un enfoque importante a esto, Evangelii Gaudium retoma esta responsabilidad laical dentro de una Iglesia madura, que pasa de unos fieles sostenidos por el trabajo de la parte clerical de la Iglesia a ser protagonistas de este caminar, siempre con el servicio del clero y de los religiosos, pero ellos también actores que aportan a este caminar, porque ellos son el Pueblo de Dios.

El clero y los religiosos acompañan este caminar eclesial de los fieles bautizados, pero ellos toman fuerza dentro de la capacidad de organización y de la colaboración. No es un antagonismo, sino una colaboración y una integración que ve el crecimiento de los fieles. Este proceso ha desembocado en este momento en este camino, que ha tomado fuerza de la Evangelii Gaudium, ha tomado una luz con la Laudato Si, una experiencia con la REPAM y con el trabajo sinodal, que ha visto la participación amplia de laicos, de los pueblos originarios, de migrantes en la Amazonía, que han sido los verdaderos protagonistas del texto que después los obispos han recogido, sintetizado y llevado a Roma, como expresión de una voz que ha venido de los laicos y de los indígenas.

Este es el desemboque natural de este proceso, sin que sea algo forzado, y eso se ha entregado al Papa para que él ayude a este niño, esta niña, esta conferencia, para que vaya creciendo y aportando. Este proceso se vuelve significativo y tendrá que seguir en esta línea, con esta finalidad de una Iglesia que va madurando, que va creciendo.

La Iglesia ayuda en tiempo de pandemia

Usted ha hablado sobre la alianza tradicional de la Iglesia con los pueblos de la Amazonía, algo que está apareciendo de forma muy clara en este tiempo de pandemia. ¿Cómo usted valora el gran trabajo que la Iglesia católica está llevando a cabo en la Amazonía para intentar combatir los efectos de la pandemia y acompañar la vida de la gente?

Basta ver los gestos, las acciones que han promovido distintos organismos eclesiales, sean nacionales o internacionales, que se han movido, grupos juveniles, grupos de solidaridad, las Caritas, para responder y paliar la situación de los pueblos indígenas ante la emergencia del COVID, con la conciencia que se ha ido formando en referencia a esto. Ello ha llevado a una gran presencia, a una gran ayuda y a sentir que la gente entendía que no está a cargo de la Iglesia el sistema sanitario, eso lo tiene claro. El sistema sanitario, escandalosamente deficitario, respecto a la exigencia ordinaria de la salud, escandalosamente ausente, está a cargo del estado.

Los indígenas sienten que no está a cargo de la Iglesia, que no le toca a ella, que ni tiene la fuerza, pero ven que la Iglesia ha acompañado en este proceso, les ha ayudado, orientado, llevado medicamentos, víveres, promueve la cultura de la medicina tradicional, de las hierbas, que están al alcance de los que viven en la selva. Estamos trabajando en un proyecto de llevar pequeños generados de oxígeno al campo, allí donde hay un médico o una enfermera, en estas postas médicas del campo, semivacías, donde no hay un aspirador, una cánula de aspiración, una garrafa de oxígeno, donde hay una farmacia insuficiente, que no tiene los medicamentos básicos para enfrentar, no digo una pandemia, una pequeña epidemia de cólera, no hay nada de esto.

Uno de los problemas serios es que cuando se agrava este virus, ataca a los pulmones, y la gente se muere ahogándose, y no es solo la medicina natural que puede aliviar, alivia solo los más fuertes, pero se necesita de algo más. Ahí se trata de dotar a estos centros médicos vacíos, de una máquina que está al alcance de cualquier alcaldía, porque no son caras, y a pesar de la pandemia no se han encarecido. Esto es signo de una Iglesia que hace sentir a la gente que la Iglesia les acompaña, celebra con ellos, en la liturgia y en la vida, y lucha en la vida como lucha delante del Señor para que la fortalezca y logre vencer. Las manifestaciones que me llegan de agradecimiento muestran estas cosas.

Eugenio Scarpellini

También usted se ha visto afectado por la enfermedad, todavía se está recuperando, y el pasado día 15 fallecía Monseñor Eugenio Scarpellini, obispo de El Alto, misionero italiano como usted, amigo suyo. ¿Cómo está viviendo personalmente esta situación?

Lo he vivido como un choque, porque hablé con él, ambos somos de la diócesis de Bérgamo, que tiene un hermanamiento con Bolivia desde 1962, cuando empezó el Concilio, en que el obispo Antezana había pedido sacerdotes al Papa Juan XXIII, a lo que le dijo que el Vaticano no tiene, pero mi diócesis sí, vaya allá y pida, y diga que el Papa les ha pedido, y el día que empezaba el concilio vino el primer misionero. Monseñor Eugenio fue ordenado en el 78 y yo en el 81, él vino a Bolivia en el 88 y yo en el 92, él en La Paz y yo en Cochabamba. Él trabajó en parroquias, como yo, al comienzo, él fue ordenado obispo 5 años antes, y cuando yo fui elegido obispo del Vicariato de Pando, él fue nombrado obispo de El Alto.

Alguien con quien hemos compartido mucho camino, con quien había ciertas dinámicas comunes. Hablamos largo rato el lunes, porque el sábado anterior había sido mi cumpleaños, me había mandado un pequeño mensaje, yo acababa de salir del COVID. El miércoles, cuando vi que mandaban un mensaje al grupo de whatsapp que tenemos de misioneros de Bérgamo, pues el día antes estaba todo bien, que aunque estaba todavía con oxígeno, en dos, tres días más se lo podían quitar, la mañana siguiente estaba bien, a las 9:30 empezaron a llegar mensajes que lo estaban llevando a terapia intensiva y después falleció.

Fue un choque muy fuerte, que busco vivirlo desde el sufrimiento por un amigo perdido, con quien hemos compartido el camino desde los años de seminario, desde 1976. Pero al mismo tiempo desde la dimensión de fe, el sufrimiento humano es llenado por la fe y creo que todo lo que sucede en la vida del mundo, Dios lo sabe utilizar para que crezca su Reino. En este momento, apelo a la fe, porque veo el nudo que está debajo de la alfombra, y no el diseño que está por encima, que está haciendo Dios. Soy llamado a tener fe en que también de este hecho de la muerte repentina y violenta por el virus de Monseñor Eugenio, que yo lo vivo como un nudo, pero desde la fe espero que Dios habrá sacado un diseño de su Reino en la parte de encima de la alfombra.

Monseñor Eugenio Coter

De cara al futuro, ¿que es lo que nos enseña como misioneros, como Iglesia en la Amazonía y como Iglesia universal, este momento de pandemia que estamos viviendo?

Que hay muchísimas dinámicas para construir relaciones humanas que no hemos recurrido, que no hemos aprovechado, que a veces con el prejuicio que nace del desconocimiento e incomprensión, no hemos logrado, por ejemplo está dinámica virtual. Queremos siempre demonizarla, diciendo que no son relaciones verdaderas, pero que ahora descubrimos que pueden hacer cosas como el nacimiento de una conferencia eclesial sin gastar dinero para encontrase, que es necesario, pero que de vez en cuando se puede hacer mucho más intenso cuando utilizamos positivamente estos medios.

Nunca en estos siete años que soy obispo he tenido tanta reunión con todo el clero como este año, que estamos haciendo cada 15 día nuestra reunión del clero, compartiendo una hora y media de oración, de formación, de contarse lo que cada uno vive, de interpretación de lo que esta viviendo, para un discernimiento y momento de formación. Esto se ha vuelto una cota importante, donde todos están y donde se reclama si alguien no está, porque se siente que falta en un momento bello. Lo estamos haciendo con los religiosos, y encima invitando a gente de un lado y de otro, que nunca podíamos invitar porque estaban en otro país, en otro espacio y hoy puede sentarse con nosotros.

Es una riqueza que no hemos aprovechado, explotado, por años, que nosotros descubrimos ahora, mientras nuestros jóvenes y adolescentes lo están utilizando desde hace tiempo. Hemos aprendido a hacer clase a través de estos medios cuando hay lugares del Círculo Polar Ártico donde durante seis meses al año, los chicos tienen su clase así, tienen su formación, su momento educativo, su evaluación. No es solo transmisión de conocimiento, es relaciones, intercambio, es participación, es emotividad, es expresión de lenguajes, de arte, que van haciendo crecer. Es enriquecimiento, porque se entra en el corazón del otro, hay una riqueza infinita que no hemos aprovechado, que la pandemia nos ha pegado en la cara.

Por otro lado, aumenta la conciencia de una responsabilidad social que cada uno individualmente tiene, porque esta pandemia no es una responsabilidad solo de las estructuras sanitarias, que necesitan apoyo y ayuda, es la responsabilidad de cada uno con el otro, porque cada uno puede ser un elemento de salud o de contagio para el otro, y esto requiere una responsabilidad individual, se debe madurar, y que a veces en las dinámicas anteriores, la irresponsabilidad, la inmadurez, el desconocimiento de las cosas, la superficialidad, han permito que el bien de uno se vuelva el mal del otro, porque era un bien mal hecho.

Hoy la pandemia ha puesto en la cara la responsabilidad, basta ver cómo donde no han respetado el distanciamiento social, donde lo han pasado por alto, han pagado con vidas humanas. Donde la mentira de alguien, por defender sus intereses, ha costado la vida a otros. Esto ha quedado claro, es una toma de conciencia, que todavía falta asumir por parte de todos. Estos son casos que la pandemia ha generado, pero ahora esperamos, esto todavía se tendrá que convivir mucho tiempo, que esto entre en el fondo de la conciencia de todos y permita la madurez de todos. Las pocas veces que salgo a la calle por necesidad, hasta los niños de dos años, en la moto, van con su barbijo, muy simpáticos, porque parece que sus ojos hablan más. Todo mundo anda con esto y aquí en Riberalta se ha vuelto una conciencia común. Esto hace entender que tenemos una conciencia de responsabilidad social y de comunidad que ha ido creciendo, lamentablemente gracias a la pandemia.

Corrupción

¿Qué nos ha mostrado la pandemia y deberíamos dejar atrás?

La corrupción, la pandemia está mostrando un rostro de corrupción que va hasta los pequeños meandros, a todas las esquinas, al corazón de las personas, cuando el pan se ha vuelto chicle manteniendo el mismo precio, cuando hay comercio de oxígeno y el precio se ha duplicado o triplicado, cuando los medicamentos se han disparado de precio, cuando el mismo personal médico, unos son generosos, otros piden sueldos que están fuera del alcance de los centros médicos, se dicen héroes, pero son los que barran la generosidad, cuando los que aprovechando la emergencia bloquean los caminos al paso de los camiones del oxígeno para reivindicar pequeñas ventajas a nivel local.

Todos estos son síntomas de corrupción, que están llevando sufrimiento y muerte a los más desamparados, y lo hacen a pesar de esto y encima de esto. La pandemia está mostrando que en este país, donde había un gobierno supuestamente a favor de los pobres, en el Salvador acaban de entregar un hospital de 400 camas, de las cuales 50 de terapia intensiva del tercer nivel, ha costado 45 millones de dólares, y aquí hace tres años, han hecho un hospital de 80 camas, 12 de terapia intensiva, de segundo nivel escaso, porque falta la pediatría y la maternidad, y ha costado 75 millones de dólares. Y no tenía ni la máquina del oxígeno, que la ha comprado ahora el movimiento popular, que me han pedido ayudar a organizar como vicariato, y acabamos de comprar la máquina de rayos x portátil, la máquina que genera oxígeno, para complementar un hospital que ha costado el doble de uno de 400 camas, totalmente equipado. La pandemia ha desvelado todo un mundo de podredumbre, de corrupción, que se ha aprovechado de los pobres, con la complicidad de los comités de vigilancia.

Mons. Coter

Fuente: Religión Digital