Análisis

Mons. Estanislaw Dowlazcewicz: “La fe tiene que hacerse práctica, vida.”

El evangelio de hoy, de Mateo, es la continuación de lo que se nos narraba el domingo pasado sobre la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo. ”Tu eres el Cristo el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Es la profesión de fe de Pedro, tan sencilla en su formulación como profunda en su contenido.

Inmediatamente después de la confesión de Pedro, Jesús mismo les recomendaba a sus discípulos que no le dijeran esto a nadie por el momento,  y va a explicar a los discipulos que las consecuencias que va a tener su Mesianismo serán muy distintas de lo que esperaban.  En el pasaje de este domingo, Jesús les anuncia su pasión con el fin de mostrarles lo que implica para Él ser el Ungido por Dios, su Padre, a fin de realizar la salvación de la humanidad.

Jesús no sólo anuncia que va a padecer y ser ejecutado “que debía ir a Jerusalén,y sufrir mucho de  parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas: que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día”. Los anunciós de la pasión de Jesús contienen siempre un anuncio de resurrección.

Entonces Pedro, tomandolo aparte,  comenzó a reprenderlo, diciendo: “Dios no lo permita, Señor eso no sucederá.”

Pedro no está dispuesto a aceptar las palabras de Jesús. No es capaz de aceptar el fracaso. Pedro, como los otros discípulos, no estaba de acuerdo con Jesús, porque un Mesías no debía sufrir ni tampoco morir, según lo que siempre se había enseñado en las tradiciones judías; Pedro quiere corregir al profeta con un mesianismo fácil, nacionalista, tradicional, religiosamente cómodo. Jesús no será el mesías político y guerrero que esperaba la mayoría del pueblo, sino un hombre que asumirá en el dolor de la lucha diaria la tarea de redimir al hombre de su orgullo. Y Jesús le exige a Pedro que se comporte como verdadero discípulo.

“Pero Jesús, volviendose, dijo a Pedro: Ponte detrás de mí, Satanás! Tu eres para mi un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino  los de los hombres”.

El mismo discípulo a quien poco antes había llamado Pedro (Piedra) para indicar la misión que le encomendaría de ser el fundamento visible de su Iglesia, ahora lo llama Satanás (nombre hebreo que significa Adversario, Opositor, Enemigo, y es traducido al griego como Diábolos -en español “Diablo”-) porque su intención de disuadirlo de la pasión y muerte de cruz ya no era inspirada por Dios.

Pedro quería la gloria pero no la cruz.

Quería el triunfo pero no el sacrificio.

Quería la salvación pero no la sangre.

Quería a Jesús a su manera humana pero no la voluntad de Dios Padre.

Quería un Jesús superestrella pero no un Jesús humillado.

El querer humano siempre tiene una mezcla de egoísmo, de vanidad, de carne y sangre, de placer y de odio a todo lo que nos lleva la contraria y nos hace sufrir. Entonces recibe de Jesús uno de los reproches más duros que hay en el evangelio: el Señor quiere decirle que tiene la misma mentalidad de los hombres, pero no piensa como Dios. Y entonces Jesús mirando a los que le siguen les habla de la cruz, de nuestra propia cruz, la de nuestra vida, la de nuestras miserias, que debemos saber llevarla, como él lleva su cruz de ser profeta del Reino hasta las última consecuencias. No es una llamada al sufrimiento ciego, sino al seguimiento verdadero, el que da identidad a los que no se acomodan a los criterios de este mundo.

No basta reconocer al Mesías; es necesario aceptar también todas sus consecuencias. La fe no puede quedar en el entendimiento ni reducirse a palabras: la fe tiene que hacerse práctica , vida.

Entonces Jesús dijo a sus discipulos: ” El que quiera seguirme, que renuncie a si mismo que tome con su cruz y me siga”.

Queridos hermanos

Las llamadas siguientes del evangelio a “tomar la cruz y seguir a Jesús” no son dos cosas sino una sola, porque la una implica la otra. El verbo “seguir” es típico de los evangelios  y significa mantener una relación de cercanía a alguien, gracias a una actividad de movimiento, subordinado al de esa persona. Tomar la cruz es la consecuencia vinculada directamente al seguimiento radical:  ” El que quiera seguirme, que renuncie a si mismo que tome con su cruz y me siga”. (Mt 16,24) . Tomar la Cruz implica un cambio de vida continuo, de renuncia a uno mismo para entregarse a la persona de Jesús y seguir sus huellas en una trayectoria de vida, marcada por los pasos que él nos ha trazado para anunciarnos el Reino de Dios, hasta dar la vida por su causa. Con todo, la referencia personal a Jesús acompaña a los dos verbos. No se trata de ir a la deriva por el mundo sino con Él y detrás de Él, siguiendo sus pasos, sus enseñanzas, su evangelio y con Su cruz. No hay Jesus sin cruz y no hay la cruz sin Jesus. No nos inventemos más cruces ni sacrificios, pues bastantes cruces hay ya en nuestro mundo. Sólo debemos abrir los ojos para percibirlas y allí actuar como Cirineos.(que ayudo a Jesús llevar la cruz hasta el Calvario)

Tanto la cruz como el seguimiento radical no se pueden entender bien si no van acompañados de un profundo amor a Jesús. Por amor a Jesús, a quien seguimos con su cruz, hemos de mirar a los que entre nosotros llevan la cruz: los enfermos y ancianos, los inmigrantes y marginados, los pobres y indigentes, los condenados a una muerte lenta por carencia de medios de vida en un planeta que podría alimentar a otra humanidad más que hubiera, los niños abandonados, explotados y maltratados, los eliminados antes de nacer, las mujeres maltratadas , golpeadas o matadas.

Tomemos estas cruces como nuestras por amor a Jesús para que nuestra fe se avive y nuestro seguimiento como discípulos sea más fiel. El seguir a Jesús no significa dejar algo, sino haber encontrado a Alguien. Es una invitación a todos….no se trata de un seguir exterior, sino de una adhesión interior. Jesús no nos invita a sufrir, nos invita a amar .

” El que quiera seguirme, que renuncie a si mismo que tome con su cruz y me siga”. (Mt 16,24).  Estas son las condiciones que nos pone Jesús para que sea realidad ese seguimiento interior.(quierer, seguir,tomar la cruz). Es evidente que Jesús no era ningún líder político, porque ¿qué político se atrevería a hacer una propaganda tan impopular?, ¿quién es capaz de hablar así a las masas, siempre deseosas de facilidades?  En nuestra realidad nacional y electoral no escuchamos estas propuestas sino solo escuchamos vocabulario muy agresivo y lleno de odio que ofende a la persona o al grupo que piensa diferente , su dignidad pisoteada,  el adversario politico se hace enemigo , las expresiones que humillan al otro, los despreciós. Se manosea no solo a las personas y su nombre sino tambien a la misma democracia con estas actitudes. Hacemos de nuevo el llamado de nuestra Conferencia Episcopal de Bolivia del 21 de agoste del 2014:

Sin embargo, Jesús no hace más que remitirnos a nuestra propia experiencia, descubrirnos qué es ser hombre, cuál es su meta y sus posibilidades.

A partir de estos textos se puede decir que ser discípulo de Jesús conlleva la comunión de vida y de destino con Jesús. Negarse a sí mismo es renunciar a todo tipo de ambición y anhelo personal, es dejarse transformar por la renovación de la mente, no  acomodándose a los criterios de este mundo, para entregarse por entero a ser testigos del amor, renunciar a lo que esclaviza, agobia, deshumaniza a todo lo que nos impida ser libres y felices, no ser egoista.

Viviendo de ese modo, toda “renuncia” se convierte en fuente de alegría y de paz. Cargar con la propia cruz significa aceptar ser perseguido y condenado a muerte por la sociedad establecida. Es vivir la última bienaventuranza: vivir perseguidos por ser fieles a la causa de Jesús, que es la causa del pueblo oprimido (Mt 5,10-12). Es amar sin limitaciones, vivir abiertos al misterio de Dios, aceptar dar la vida por Jesús y su evangelio, ir gastándola en favor de los demás. Es soportar las incomprensiones a causa de la fe, aceptar el dolor y las limitaciones de los propios pecados. Es preguntarse cada día: ¿En qué puedo servir a los que me rodean?, ¿cómo puedo dar vida al que la necesita?… Es la renuncia al propio futuro, a la propia seguridad, para seguir a Jesús. Es, en definitiva, compartir el mismo destino de Jesús, tratar de hacer en cada momento lo que él haría y colocar este ideal por encima de todo interés personal. La cruz es un modo de afrontar la vida que debe ser aceptado desde el corazón.

El que cumple esas condiciones -negarse a sí mismo y cargar con su cruz- es el verdadero seguidor de Jesús. Porque seguirle no significa un mero acompañarle exteriormente o hablar mucho de él, sino adherirse interiormente a su persona, tomar parte en su destino histórico, comulgar con su vida, apuntarse a la procesión de los crucificados por los poderes de todos los tiempos…

Queridos hermanos

Ser discípulo de Jesús es elegir el camino de la pobreza por amor a los pobres, es resistir en la fidelidad aguantando los sufrimientos, las persecuciones y los desprecios que normalmente conlleva el anuncio del Reino de Dios en la forma en que lo encarnó Jesús.

Creer en Jesús significa aceptar su camino y seguirlo, no pretender compaginar la afirmación de fe en Jesús con seguir un camino de comodidad, poder y ganancia.

“Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mi, la encontrará”.

Ganar la vida, la felicidad y la paz, es el servicio callado, desinteresado y sencillo, la entrega a los demás, estar pendiente de quien nos necesita.

Muchas veces pensamos ,según los valores del mundo: el que más tiene y mejor se lo pasa es el que más vale y el más feliz…

Nosotros..no…Seremos más libres y felices cuanto más al servicio de los demás nos pongamos.

Son otras las cosas que valen la pena: el amor, la amistad, la ayuda mutua, la justicia, la paz, la solidaridad…, todo lo que sea trabajar por la felicidad de todos, porque eso es lo que da tranquilidad por dentro. ¿De qué sirve acumular dinero y más dinero, cosas y más cosas…, si no podemos lograr nunca la felicidad de la amistad desinteresada, la alegría del esfuerzo por los demás…?

El que cumple esas condiciones -negarse a sí mismo y cargar con su cruz- es el verdadero seguidor de Jesús. Porque seguirle no significa un mero acompañarle exteriormente o hablar mucho de él, sino adherirse interiormente a su persona, tomar parte en su destino histórico, comulgar con su vida, apuntarse a la procesión de los crucificados por los poderes de todos los tiempos…

“El Hijo del hombre vendrá… y pagará a cada uno según su conducta”, dice Mateo.  La idea es lamisma: cada uno se encontrará al final con aquello que sembró ahora.