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Mons. Bialasik: Eucaristía: el centro de la vida del Cristiano

Mons. Cristóbal Bialasik-Corpus Cristi

En la Celebración de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, Mons. Cristóbal Bialasik, Obispo de la Diócesis de Oruro, resaltó la importancia que tiene la Eucaristía en la vida de los cristianos como alimento vital. “NADIE SE ALIMENTA A TRAVÉS DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN”, en referencia a la emisión de las Celebraciones litúrgicas a través de las Redes Sociales, forma en la que muchas parroquias han empleado a fin de que el Pueblo de Dios, impedido de asistir a los templos por las restricciones de las cuarentenas.

Criticó duramente la instrumentalización que personas, grupos y políticos hacen de la Santa Eucaristía para fines particulares, así como la falta de respeto con el Señor que demuestran al recibir la Sagrada Forma con las manos enguantadas.

Tras la Celebración, el Obispo, junto al párroco de la Catedral y un pequeño equipo litúrgico de la parroquia, escoltados por patrulleros de la policía Departamental, recorrió las calles céntricas de la ciudad bendiciendo al pueblo que se asomaba a las aceras, a sus balcones y puertas con el Santísimo Sacramento. A lo largo del trayecto, también prepararon altares las familias y Comunidades Religiosas de la jurisdicción parroquial.

HOMILÍA

Mons. Cristóbal Bialasik, expresaba en su homilía:

Instituida por el Papa Urbano IV, 1263. Se celebró la Eucaristía unida a la procesión recorriendo varias calles. En esta procesión participaron y aún hasta ahora participan todas las instituciones, parroquias, cofradías, asociaciones y movimientos. Viviendo profundamente esta fe que nos guía a todos.

Con alegría y generosidad, en Oruro, seguimos celebrando esta fiesta religiosa que es la parte de nuestra expresión de la fe y de nuestra cultura. La fiesta nos invita a entrar en el corazón al misterio de la Eucaristía, que es el Sacramento de la caridad. Es el don que Jesús hace de sí mismo ofreciéndose a sí mismo, revelándonos el amor infinito que Dios tiene para cada uno de nosotros. Es el vivir la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor.

Nuestro salvador, en la última cena, la noche que fue entregado, instituyó el sacrificio eucarístico, para perpetuar en nosotros por los siglos hasta su vuelta.

El Evangelio de San Juan, nos recuerda las palabras de Jesús que dice: Yo soy el pan bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, permanece en mí y Yo en él, dice el Señor.

La Eucaristía es la fuente, el corazón y la cumbre de la vida cristiana, pues en ella Cristo se ofrece por nosotros; por medio de este sacrificio, derrama las gracias de la salvación sobre su pueblo que es la Iglesia. En la Santa Misa, Dios santifica al mundo, realiza y fortalece la comunión de vida con Dios y la unidad del pueblo de Dios. La Eucaristía es la Acción de Gracias a Dios, es el Banquete del Señor, porque se trata de la Cena que el Señor celebró con sus discípulos en la víspera de su pasión. Es la Asamblea Eucarística porque la Eucaristía es celebrada en la Asamblea de los fieles: es Santo Sacrificio, porque actualiza el único sacrificio de Cristo salvador que incluye la ofrenda de la Iglesia; es la Comunión, porque con este Sacramento nos unimos a Cristo que nos hace partícipes de su cuerpo y de su sangre para formar un solo cuerpo. La Eucaristía, es la Santa Misa, porque se termina con el envío de los fieles a fin de que cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana. En la consagración de los signos del pan y vino, donde el sacerdote, ministro de la Eucaristía pronuncia las palabras dichas por el Señor  en la última cena: “Este es mi cuerpo, entregado por ustedes, éste es el cáliz de mi sangre”. Se realiza la transustanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo estas dos especies consagradas, Cristo mismo está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad.

El mandamiento de Jesús, de repetir sus gestos y sus palabras: “Hagan esto en conmemoración mía hasta que venga”; no exige solamente acordarse de Jesús y de lo que hizo, sino es revivir estos momentos de la última cena del Señor. Al celebrar la Eucaristía, cumplimos el mandamiento del Señor, el mandato que Él nos ha dado; participando en Ella, expresamos nuestra fe en Cristo presente en Ella. Al recibir la Eucaristía, nos unimos más estrechamente con Cristo que une a todos los fieles en un solo cuerpo que es la Iglesia. Participando en la Eucaristía, aprendemos a ser constructores de paz, de unidad familiar y nacional e inspiradas en el mandamiento del amor. Debemos ser promotores de la paz, la que se construye en la oración, en la reconciliación, en el diálogo y respeto mútuo.

La Eucaristía nos ayuda a ser personas llenas de esperanza, llenas de amor, de fe, de paz y de la unidad. Por ese motivo, si alguien realmente reconoce la presencia de Cristo en la Eucaristía, no va a dejar nunca de participar en ésta. Esto sintió profundamente uno de los Obispos vietnamitas: Francis Santuan. Varios de nosotros, hemos leído, sin duda, la historia de su sufrimiento en la cárcel. Por ser sacerdote y Obispo, los socialistas, comunistas de Vietnam, lo encerraron en la cárcel por 30 años. Cuando le llevaron a la cárcel, lo primero que le preocupó era: “cómo voy a celebrar la Eucaristía que es el centro de la vida espiritual de cada cristiano y más que todo, de un sacerdote y de un Obispo”. Y por medio de sus amigos, de los fieles, consiguió un poco de vino como medicamento y las hostias para poder celebrar la Santa Misa; pero no tuvo el cáliz, no tuvo la patena, no tuvo el Altar construido. Su Altar era su mano; su cáliz era su mano y su patena, era su mano. Allí, entre los encarcelados, en la palma de su mano, celebraba la Eucaristía. Esta Eucaristía, y la presencia de Cristo en la Eucaristía, lo sostuvo 30 años en la cárcel. El Papa Juan Pablo II, no nombró Cardenal posteriormente por su fidelidad, por su entrega, por su fe, por su ejemplo.

Pero hoy día, nosotros tenemos que darnos cuenta que no es suficiente mirar la Eucaristía y participar en Ésta, por los medios de comunicación. Es necesario participar vivamente en la Eucaristía en forma presencial en la Iglesia. Por eso, tanta insistencia. Si nosotros vamos a comer por medio del internet, cuánto tiempo aguantaremos?. Si nos dan la comida por medio de los medios de comunicación social, ninguno de nosotros aguantará mucho!. La Eucaristía es el centro de la vida cristiana, es la fuente espiritual de todos nosotros. Por ese motivo, tenemos que participar en la Eucaristía en forma presencial en la Iglesia.

Por supuesto, en este tiempo de pandemia, debemos protegernos de la enfermedad y respetar todos los medios de bioseguridad, pero eso no nos libera para quedarnos en la casa. Tenemos que participar en la Eucaristía. La Eucaristía es el centro por el cual recibimos las gracias del Señor.

Lamentablemente, hay personas en el mundo entero que intentan instrumentalizar la liturgia, lo que son los mayores abusos que estamos haciendo. Hay personas que intentan contradecir el verdadero sentido de la Eucaristía. Hasta dicen que un rito, una oración pueden reemplazarla. NUNCA LA REEMPLAZA. NUNCA!. Es el sacrificio único de Dios. Es la alianza nueva que reemplaza todas las oraciones. Ninguna celebración, ninguna oración puede reemplazar a la Santa Misa. La Eucaristía es el centro de la vida de cada uno de nosotros.

Algunas personas buscan la forma que la gente no crea en la Santa Misa como sacrificio de Cristo. Algunos utilizan la Misa para la lucha revolucionaria y se proclaman a sí mismos diciendo que están participando en la misa o proclamándose a sí mismos. Algunos hacen hasta discursos políticos queriendo utilizar la Santa Misa para sus fines políticos. Ridiculizan las normas de la celebración e inventan a su antojo oraciones, fórmulas, canticos que destruyen el sentido sagrado de la Liturgia y la convierten en un acto de protesta e invitación a la revolución. Algunos hacen de la Santa Misa una fiesta bailante; pero la Santa Misa es revivir la pasión, muerte, la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Cómo lo podemos ignorar.

Ésta Eucaristía, así profanada, ya no edifica a la comunidad de los hermanos, sino crea la junta de los camaradas. Lo que fomenta más ésta manipulación de la Eucaristía, es la actual coyuntura que se desarrolla en el proyecto social anticristiano que busca la instauración de una supuesta nueva religión: New Age. Es inventada por los masones; y esto colisiona, y sobre todo ofende en una manipulación de signos y de expresiones realmente católicas utilizadas en las celebraciones que nada tiene que ver con la liturgia católica; inventan celebraciones de tinte panteísta, el sincretismo. Como sabemos, es una ofensa a Dios porque se pone al Dios verdadero a la altura de los ídolos. Muchas personas quitan la sacralidad de la Eucaristía. Tratan a Cristo como medicamento; y lo utilizan para sus ritos; reparten la comunión sin ser personas adecuadamente preparadas y ordenadas, muchas veces ignorando la presencia de Cristo en la Eucaristía. Hay personas que reciben el Cuerpo de Cristo con las manos sucias o utilizando los guantes. ¡ES imposible pensarlo!; o poniéndose los guantes y recibiendo la Eucaristía como si fuera cualquier cosa.

A Cristo presente en la Eucaristía debemos recibirlo en la boca por el respeto que se merece. Que Dios proteja a nuestra Iglesia diocesana y a la Iglesia del mundo de todas estas personas que instrumentalizan la Eucaristía para sus fines y no respetan la presencia real de Cristo en Ella. Que Dios nos ayude a comprender el verdadero sentido de la Eucaristía y participar en Ella en plenitud. Pidamos con confianza a la Virgen María que nos ayude a ser los mensajeros de nuestro Señor, fortalecidos con el Alimento Celestial que es la Eucaristía; es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Es la presencia viva y real de Cristo. No se olviden las palabras del Salmo 144: “Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor”. Seamos fieles seguidores del Señor, porque sirviéndole, amándole, vamos a cumplir y vivir bendecidos por el Señor.

Que así sea: AMÉN