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Mons. Aparicio: Nuestra ciudad hoy padece innumerables cruces que la agobian y ponen en el límite su fe y esperanza

Mons. Oscar Aparicio, presidió la celebración de Te-deum, en la Catedral Metropolitana de San Sebastián, en la Fiesta de la Exaltación de la Cruz y con motivo de los 205 años de la gesta libertaria de Cochabamba.

Un día después de haber recibio el palio arzobispal, mons Aparicio, pastor de la Ilgesia Cochabambina junto a los obispos de la Arquidiócesis, autoridades civiles, policiales, militares y la feligresía celebraron la eucaristía por el aniversario del departamento, teniendo en común el pedido a Dios por la región.

El Arzobispo de Cochabamba remarcó las cruces que afectan al pueblo cochabambino, principalmente la división entre zona norte y sur y las dificultades intrafamiliares. En base a ello pidió, que como buenos seguidores del Señor, se lleve con amor las dificultades y dejarlas en manos de Dios para llegar al final del camino que cristo nos dejó, la resurrección.

Audio y texto de la homilía

Homilía en la festividad de la “Exaltación de la Santa Cruz” y Festividad de Aniversario de Cochabamba. Te Deum
14 de septiembre 2015

Saludos: autoridades civiles, religiosas, militares y policía…

Amados hermanos y hermanas:

205 años de conmemoración de la Gesta Libertaria de 1810. Fecha de la remembranza histórica y el valor de la batalla liberada por Francisco del Rivero y Esteban Arce. De hecho, nuestro himno departamental menciona todo este valor libertario del pueblo cochabambino, además de la constancia y las ansías de progreso. Que ¡¡¡Viva Cochabamba!!!.

Hoy, en una hermosa feliz coincidencia, celebramos la fiesta de la “Exaltación de la Cruz”, símbolo del cristiano. La máxima expresión del amor de Dios hacia los seres humanos, quienes hemos sido considerados como el objeto fundamental de su atención y por tanto, en nosotros, aparece la manifestación más clara de la realización de su proyecto salvífico.

De hecho, la escena del evangelio que hemos proclamdo hoy, se desarrolla con un diálogo entre Jesús y Nicodemo. En este diálogo Jesús revela el plan de salvación de Dios. En este plan había un punto difícil de aceptar: el Hijo del Hombre debía morir en la cruz y resucitar. Jesús recuerda el episodio de la serpiente en el desierto. Este episodio del Antiguo Testamento prefigura de antemano la suerte de Jesús.

Curiosamente en la frase central del evangelio de hoy se sustituye el término “mirar” por “creer”, quedando: “para que todo el que crea, tenga por él vida eterna”. Por tanto se trata del contemplar “creyendo”, es decir, asumiendo la cruz en nuestras vidas.

Dios en su gran amor, por la humanidad, no dudó en entregar a su propio Hijo para su salvación. Las circunstancias históricas concurrieron para que la redención se realizara por medio de la cruz. A partir de este acontecimiento la cruz se ha convertido en señal de salvación para todo el que cree que Jesús es el redentor del hombre. El hombre y el dolor humano es asumido por Dios. En la cruz de Jesús, Dios se da esta cita salvadora con su creatura: la Cruz reconcilia. La cruz no es sólo un símbolo material, sino la guía de nuestra vida.

Pero si ser cristiano es seguir al crucificado, ¿por qué rehusamos seguir sus huellas? Sólo desde el amor se entiende esta entrega, y sólo el amor hace posible convertir en alegría las mayores angustias de la vida. Para el creyente la cruz se expresa como la consecuencia de seguir a Jesús y los valores del evangelio.

La cruz representa para la mayoría de nosotros todo aquello que nos hace sufrir, incluso ese sufrimiento que aparece en nuestra vida generado por nuestro propio pecado o manera equivocada de vivir. Pero al contemplar la cruz y al Señor crucificado en ella puede cambiar de raíz nuestra actitud cuando padecemos la enfermedad, somos víctima de la desgracia, sufrimos la dureza de la vida o cuando las preguntas existenciales surgen en nosotros: ¿Por qué me mandas esto?, ¿qué pecado cometí? Y nuestra respuesta como creyentes será: “Señor, al contemplar tu cruz sé que mi sufrimiento te duele tanto como a mí; también sé que ahora me acompañas y me sostienes, confío en Ti”.

Necesitamos recuperar el valor de la cruz para el pueblo creyente. Nuestra ciudad hoy padece innumerables cruces que la agobian y ponen en el límite su fe y esperanza. Pensemos en los signos de muerte que se nos presenta, como: la división norte – sur de nuestra ciudad. La zona Sur existe aunque no para todos en la misma extensión. Para algunos esta zona se mantiene invisible detrás del centro de la ciudad, el mapa mental de la ciudad de Cochabamba tiene un norte positivo y un sur negativo: El primero más seguro y estéticamente agradable, el segundo inseguro y desordenado.

Veamos los problemas sociales que nos desgarran como sociedad: la inseguridad ciudadana, la violencia intrafamiliar, los casos de violencia y feminicidio, uno de las tasas más altas del país, la venta de drogas, los problemas de contaminación ambiental, la poca protección a niños y jóvenes. Peor todavía si nos enfrentamos con nuestras limitaciones o propias divisiones, como ser campo ciudad, norte sur, que ya hemos mencionado. O nuestros propios egoísmos que nos encierran en nosotros mismos.

La contemplación de la cruz nos implica en una dinámica de reconciliación. Hay que mirar la cruz, aunque a veces huimos de nuestros problemas y sufrimientos y preferimos pensar en otra cosa. La cruz de Jesús nos enseña a hacerlo y a miramos no con una actitud de desesperación sino para leer en ella la respuesta a lo que nos aqueja. Si contemplamos el amor que hay dentro la Cruz, si acogemos ese don de amor, todos los dolores asociados al misterio de la muerte son puertas abiertas a la esperanza, entonces detrás de cada cruz que hallemos en nuestros caminos descubriremos signos de resurrección. La cruz de Jesús que hoy cargan los pobres tiene que tener algún valor redentor.

Al respecto el Papa Francisco dijo a los jóvenes en Rio de Janeiro: «Jesús, con su Cruz, recorre nuestras calles para cargar con nuestros miedos, nuestros problemas y nuestros sufrimientos». Jesús «se une a las víctimas de la violencia», a las madres «que lloran la pérdida de sus hijos o que sufren al verlos víctimas de paraísos artificiales como la droga».

El Papa Francisco, añadió que con la cruz Jesús se une a quien es perseguido por su religión, por sus ideas, o simplemente por el color de su piel. “En ella Jesús se une a tantos jóvenes que han perdido su confianza en las instituciones políticas porque ven egoísmo y corrupción, o que han perdido su fe en la Iglesia, e incluso en Dios, por la incoherencia de los cristianos y de los ministros del Evangelio”, subrayó el Papa Francisco que en la Cruz de Cristo está el sufrimiento, el pecado del hombre, “también el nuestro, y Él acoge todo con los brazos abiertos, carga sobre su espalda nuestras cruces y nos dice: ¡Ánimo! No la llevas tú solo. Yo la llevo contigo y yo he vencido a la muerte y he venido a darte esperanza, a darte vida”.

De ahí que el mensaje que brota de la Cruz es claro y exigente: hay que ver en profundidad la vida. Quien penetra profundamente en la muerte de Jesús, misterio de amor y no sólo de dolor, misterio de entrega y no sólo de rechazo, verá también cómo en sus cruces ya asoma el capullo de una vida que florecerá un día, cuando esté exaltada con Jesús en la Resurrección.

Exaltación de la Cruz, significa ya la resurrección, pero al mismo tiempo nos tensiona hacia la Gloria Dios que también es nuestra Gloria. Por eso todos nuestros esfuerzos para mejorar nuestro diario vivir, o todos nuestros planes o proyectos que buscan el bien de todos, de alguna manera son el propósito de ver la cruz del Señor con mirada y disposición de ser constructores de un mundo mejor. Por eso, la Iglesia en Cochabamba, no solo quiere colaborar en una tarea conjunta que enfrenta la solución a tantos problemas comunes, sino que también felicita y acompaña las acciones conjuntas de nuestras autoridades, que de alguna manera podrían ser nuestra manera de exaltar las cruces propias y la .Señor Jesús.

Para terminar, quisiera invocar la presencia y protección de la Virgen María. Que ella nos enseñe el camino de la cruz, para luego llegar a la vida que Jesús nos prometió. Pido a nuestra mamita de Urkupiña que vele por todos y cada uno de los cochabambinos, los que habitamos este suelo bendito y aquellos que están fuera de las fronteras de nuestro departamento.

Amén.