Análisis La Paz

Miguel Manzanera, SJ: “Virgen María del monte Carmelo, Patrona de Bolivia”

Entre las muchas advocaciones con las que la Iglesia Católica venera a la Virgen María, una de las más populares es “Santa María del Monte Carmelo”. Tiene su origen en la Biblia, donde se cita 31 veces al monte Carmelo, que significa “jardín de árboles”, designando a un pequeño montículo al norte de Israel que en el estiaje se convierte en un yermo desértico  pero que con las lluvias de la primavera se convierte en vergel, donde crecen flores, viñas y olivos. Desde este monte se divisa el Mar Mediterráneo con el puerto de Haifa y por el oriente a lo lejos la región de Galilea y la aldea de Nazaret, donde vivió la Sagrada Familia de Jesús, María y José.

El Carmelo “florido y hermoso” es comparado con la cabeza de la esposa amada, buscada con anhelo por el amante fiel en el Cantar de los Cantares (7, 6). Esta hermosura adquiere el profundo simbolismo de la bendición de Dios (Is 35, 2). Como contraste, en el invierno el monte Carmelo, seco y árido, simboliza la esterilidad con la que Dios castiga la infidelidad del pueblo idólatra e injusto (Is 33, 9; Jr 4, 26; Am 1, 2; Na 1, 4).

En épocas antiguas ese monte fue lugar de culto a las divinidades falsas. En el siglo IX a. C. se practicaba el culto a Baal, el terrible señor del cielo. Allí vivió el profeta Elías, cuyo nombre significa “Yahveh es (el verdadero) Dios”. Elías desafió y venció a los profetas de Baal, demostrando sus idolatrías y degollándolos (1 Re 18, 16-40). En otra ocasión, cuando Dios castigó a Israel idólatra con una larga sequía, Elías imploró la misericordia divina y subió al Carmelo a orar. Al terminar divisó a lo lejos una nubecilla anunciando la lluvia fecunda y con ella el perdón y de la bendición de Dios (1 Re 18, 42-46).

Luego Elías fue arrebatado en un carro de fuego. Su fiel discípulo Eliseo recogió el manto de su maestro y puso su morada en el monte Carmelo para mantenerse en contacto espiritual con su maestro quien era esperado en el Carmelo como precursor de la llegada del Mesías (2 Re 4, 23-25).. Muchos creyentes iban a vivir allí para esperar su regreso. El mismo Jesús se refirió a Juan el Bautista con el nombre de “Elías, el que iba a venir” (Mt 11-14).

La devoción a Elías continuó y se profundizó en el cristianismo, creciendo al mismo tiempo  la devoción a la Virgen María, ya que desde ese montículo se divisa Nazaret, el pueblito de Galilea, donde vivieron largos años la Sagrada Familia, antes de que Jesús iniciase su vida profética. Por ello, casi espontáneamente, surgió en los eremitas del Carmelo el deseo de vivir como la Virgen María quien oraba y meditaba todas las cosas en su corazón (Lc 2, 51). En el Cantar de los Cantares (7, 6) el monte Carmelo, florido y hermoso, es comparado con la cabeza de la Esposa, buscada por el Esposo, símbolos proféticos de la unión esponsal de María y Jesús

A mediados del siglo V acudían al monte Carmelo algunos ermitaños para vivir allí dedicándose a la penitencia y a la oración. Siglos más tarde cuando los musulmanes invadieron la Tierra Santa los reyes cristianos en Europa reclutaron a soldados cristianos como cruzados para recuperar los lugares sagrados de Israel. Algunos se quedaban en el monte Carmelo viviendo solitarios. Ya en el siglo XIII, al lado de la fuente de Elías, se veneraba en una ermita a la Virgen María a la que  en la mentalidad caballeresca de la época, los eremitas se consagraban Ella.

A finales del siglo XII y comienzos del XIII el grupo de ermitaños formó la congregación de los “Hermanos de la Bienaventurada Virgen del Monte Carmelo” bajo una Regla, redactada según se cree en 1209 por Alberto, Patriarca de Jerusalén, y aprobada por el Papa Honorio III en 1226. Estos hermanos consideraban a la Virgen como su fundadora y su protectora, dedicándose a promover los misterios marianos de la maternidad divina, la virginidad, la inmaculada concepción y la anunciación.

Los carmelitas se vieron obligados a emigrar a Europa y allí expandieron la devoción a la Virgen de Carmen. Los grandes reformadores carmelitas, San Juan de la Cruz y Santa Teresa, denominaron el itinerario místico de purificación del alma hacía Dios como la subida al monte Carmelo, comparado con Cristo. Según la tradición, en el año 1251 Superior General de los carmelitas, San Simón Stock, tuvo una aparición de la Virgen María quien, mostrando el escapulario en sus manos, le dijo: “Tú y todos los Carmelitas tendréis el privilegio, que quien muera con él no padecerá el fuego eterno. Quien muera con él, se salvará. Con ellos surgió la devoción al santo escapulario, trozo de tela con la imagen de la Virgen María y del niño Jesús, que se impone al devoto sobre las espaldas del devoto como signo de protección

El Escapulario no es un amuleto de la buena suerte, sino que es un sacramental que expresa y renueva la consagración que quienes lo llevan han hecho delante del sacerdote con el propósito de rezar diariamente el oficio divino y de guardar los mandamientos, incluyendo la castidad. La Virgen María, como Madre misericordiosa, protegerá a sus devotos durante su vida y especialmente en la hora de la muerte para que puedan arrepentirse y ser llevados cuanto antes el Reino celestial.

El Papa San Juan Pablo II en 2003 declaró: “Desde mi juventud llevo en el cuello el escapulario de la Virgen y me refugio con confianza bajo el manto de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Jesús. Espero que el escapulario sea para todos, particularmente para los fieles que lo llevan, ayuda y defensa en los peligros, sello de paz y signo del auxilio de María”.

A petición de los obispos bolivianos, la Virgen del Carmelo el Papa Pío IX la proclamó “Patrona de Bolivia”, siendo ratificada  por el gobierno boliviano en 1852. Posteriormente, por Ley del 11 de octubre de 1948 se la dio el título de “General y Patrona de las Fuerzas Armadas de la Nación”. En estos momentos difíciles que atraviesa Bolivia pidamos para que proteja a nuestro país , no haya enfrentamientos y vivamos en justicia, democracia y paz.