Análisis

Miguel Manzanera SJ.: San José esposo de la Virgen María

Tanto el evangelio de Mateo como el de Lucas explicitan la condición de San José como esposo de María, intencionadamente. La generación de Jesucristo fue de esta manera: su Madre, María, estaba desposada con José (Mateo 1,18). Fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre, llamado José, de la casa de David, el nombre de la Virgen era María (Lucas 1,26-27). Los dos evangelistas tienen intención e interés en dejar bien claro que María estaba desposada con José. Dos personas claves en la encarnación del Hijo de Dios.

Y sucedió que mientras estaban casados, sin saber nada José, María, su mujer, apareció embarazada misteriosamente. Ante esta situación, su marido José, tal vez se sintió engañado por María, pero como era justo y no quería ponerla en evidencia, pensó en su interior: “Qué haré ¿repudiarla en secreto?”. Pero cuando estaba dando vueltas a estos pensamientos en su interior, se le aparece en sueños el Ángel del Señor que le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra de la Rúaj Santa (Espíritu Santo)” (Mateo 1,20-21).

El anuncio angélico tenía como finalidad hacerle comprender a José, precisamente, que debía asumir la paternidad legal sobre el Niño que María lleva en su seno, cuyo carácter mesiánico vendría asegurado de esa manera. Ya que a José el Ángel le denomina con el apelativo de “Hijo de David” (Mateo 1,20), título que merecía sobre todo Jesús. El Ángel se dirige a José en su calidad de esposo de María. Notemos que los desposorios eran una etapa anterior a la celebración de la boda que podía durar varios meses e incluso un año, siendo ocasión de un mayor conocimiento recíproco.

Las palabras del Ángel son la ocasión y el momento para que José ratificase responsablemente su voluntad de seguir unido en matrimonio a María, pero, con una particularidad, que María va a ser Madre. Por lo que aceptar y acoger a María como esposa significa aceptar también ser padre de la criatura que ella lleva en su vientre y que nacerá de ella. Es como una nueva llamada, un volver a escuchar la verdad sobre su propia vocación. Este varón justo que en el espíritu de las más nobles tradiciones del pueblo fue elegido para desposar a María.

José responde a esta llamada de una manera libre y responsable, acogiendo a María encinta en su casa: Despertando José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado y tomó consigo a su mujer (Mateo 1,24).  Él la tomó con todo el misterio de su maternidad; la tomó junto con el Hijo que llegaría al mundo por obra de la Rúaj Santa, demostrando de este modo una disponibilidad de voluntad semejante a la de María en orden a cumplir lo que Dios le pedía por medio de su mensajero.

Según el evangelio estamos ante un matrimonio singular, querido por María y José en el que interviene palpablemente la Rúaj Santa. El abad Ruperto resume admirablemente la enseñanza evangélica. Exclama: “Oh matrimonio verdadero  y santo, matrimonio celestial, no terreno; pues ¿cómo o en qué se unieron? Ciertamente en que en ellos sólo había un espíritu y una fe; allí tan sólo no había la corrupción de la carne. La vida o unión de los esposos (José y María) fue toda celestial. El Amor espiritual entre ambos provenía de la Rúaj Santa quien encomendó la mujer a la fidelidad de José su esposo y padre del Niño que, hecho hombre de la carne de la Virgen, nacería de ella” (Gloria y honor del Hijo del hombre, P.L. 170, 1319).

Extractamos el artículo “Hablemos de San José”, publicado originalmente en internet por mercaba.org :  http://www.mercaba.org/FICHAS/Santos/JOSE/hablemos_de_san_jose.htm