Análisis

Miguel Manzanera SJ.: Esponsales místicos de Jesús y María

En el actual calendario litúrgico de la Iglesia Católica el viernes y sábado de semana siguiente a la fiesta de Corpus Christi, se celebran las fiestas del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, respectivamente. Si bien no se consideran fiestas de precepto atraen mucha devoción popular. Desde la perspectiva teológica son importantes para comprender más a fondo el maravilloso plan de Dios Familia sobre el Hombre, varón y mujer, creado a su imagen y semejanza (Génesis 1,26-27).

Hay datos bíblicos que permiten fundamentar el culto a los Corazones de Jesús y María, pero la expansión de la devoción popular es muy posterior. San Juan Eudes (1601-1680), sacerdote misionero francés, fundador de la Orden la Caridad para socorrer y recibir a las prostitutas. También inspiró la creación de Congregación de Jesús y María como un movimiento espiritual para honrar a sus sagrados corazones, contrarrestando las corrientes rigoristas jansenistas que extremaban el temor a Dios como juez implacable.

Profundizando esa iniciación Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690), religiosa francesa de la Orden de la Visitación, tuvo una serie de apariciones del Corazón de Jesús. Bajo la dirección de San Claudio de la Colombière, sacerdote jesuita, ella impulsó el culto al sagrado Corazón de Jesús con la celebración de los primeros viernes de cada mes y de la hora santa en el jueves anterior.

El actual Papa Francisco insiste en la fidelidad del Señor manifestada en la humildad de su corazón: “Jesús no vino a conquistar a los hombres como los reyes y los poderosos de este mundo, sino que vino a ofrecer amor con mansedumbre y humildad. Así se definió a sí mismo: ‘Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón’ (Mateo 11,29)”. Y el sentido de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús es para descubrir cada vez más la fidelidad humilde y la mansedumbre del amor de Cristo, revelación de la misericordia del Padre. Podemos experimentar y gustar la ternura de este amor en cada estación de la vida: en el tiempo de la alegría y en el de la tristeza, en el tiempo de la salud y en el de la enfermedad y la dificultad, como está atravesando la humanidad con la amenaza del coronavirus.

En relación a la Virgen María como en junio de 1917 se apareció en Fátima a Lucía y le dijo: “Nuestro Señor quiere que se establezca en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado. Si se hace lo que te digo se salvarán muchas almas y habrá paz; terminará la guerra… Quiero que se consagre el mundo a mi Corazón Inmaculado y que en reparación se comulgue el primer sábado de cada mes. Si se cumplen mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz… Al final triunfará mi Corazón Inmaculado y la humanidad disfrutará de una era de paz”. Más tarde, en diciembre de 1925, la Virgen le comunicó a Lucía la promesa de asistir a la hora de la muerte con las gracias necesarias para la salvación, a quienes, previa la adecuada preparación, recibieran la Sagrada Comunión durante cinco primeros sábados de mes con la intención de darle reparación al Corazón Inmaculado de María.

El Papa San Juan Pablo II confió en Roma la Iglesia y el mundo a la Virgen en 1978 y renovó en 1979 esta consagración en el Santuario de Jasna Gora (Polonia). En 1984, Año Santo de la Redención, tres años después del mortal atentado del que sobrevivió milagrosamente, el Papa en la Plaza de San Pedro, unido espiritualmente a todos los obispos del mundo precedentemente convocados, confió toda la humanidad al Corazón Inmaculado de María, respondiendo a lo que Nuestra Señora había pedido en Fátima. Esa entrega de toda la Iglesia al Corazón Inmaculado fue renovada en Roma en el 2000, Año del Jubileo.

Estos datos, sucintamente esbozados, ayudan a desvelar el maravilloso plan de Dios al crear a Adán y a Eva a su imagen y semejanza (Génesis 1,27). En la cruz Cristo Jesús, como el Nuevo Adán, derramó sobre María, su Madre dolorosa el agua y la sangre de su Corazón abierto, transmitiendo su Rúaj (Espíritu) Divina. Así elevó a la Virgen María al rango de la Nueva Eva, su Esposa mística de sangre para gloria de Dios Padre (Juan 19,34; cf. Éxodo 4,25).

La resurrección y ascensión del Señor y la asunción de María en cuerpo y alma al Cielo, dogma de fe, proclamado por Pío XII en 1950, son hechos que completan la realización de los esponsales místicos de ambos corazones de Jesús y de María, que laten al unísono, formando el corazón de la Iglesia que busca la evangelización del universo. Frente a las alarmantes amenazas de odios, violencias y guerras y del creciente desenfreno moral en medio de la terrible pandemia del coronavirus, brilla la esperanza de la culminación de la historia de la salvación en el amor con la apoteosis de las bodas del Cordero, en la que participaremos todos los seguidores de Jesús, formando su Iglesia. Por eso la incesante oración de la Iglesia, la Esposa, representada excelsamente en María e impulsada por la Rúaj Santa, claman “¡Maranatha!” o sea “¡Ven Señor Jesús!” (Apocalipsis 22,17).