Análisis

Miguel Manzanera SJ.: Divina Familia Trinitaria

La Iglesia Católica, al finalizar el tiempo de Pascua celebra la Fiesta de Pentecostés, recordando y reviviendo la solemne venida de la Rúaj (Espíritu Santo) sobre la primera comunidad cristiana en Jerusalén, conformada por los doce apóstoles, una vez cubierta la baja del traidor Judas Iscariote, con el nuevo apóstol Matías. También estaban allí algunas fieles mujeres, seguidoras de Jesús, incluyendo a María, su madre, y  los hermanos de Jesús, seguramente hijos de José, anteriores a sus desposorios con María.

Estaban reunidos en una casa, posiblemente donde Jesús celebró la última cena, perteneciente a la familia de los apóstoles Santiago y Juan, hijos del Zebedeo, quienes como pescadores en el lago de Genesaret en Galilea vendían el pescado a los numerosos peregrinos que venían a Jerusalén.

Los Hechos de los Apóstoles narran así: “De repente vino del cielo una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa. Aparecieron unas lenguas como de fuego que se dividieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos de la Rúaj Santa (Espíritu) y se pusieron a hablar en otras lenguas, tal como la Rúaj les concedía expresarse”.

Había en Jerusalén muchos peregrinos de distintos países e idiomas que quedaron admirados al oír en sus propias lenguas a los discípulos de Jesús contando las maravillas de Dios. Así se expresaban los apóstoles de Jesús, hasta ese momento ocultos y con miedo. Movidos por la misma Rúaj, invitaban a los judíos y a los griegos, a los esclavos y a los hombres libres, a bautizarse y a formar parte de la primera comunidad cristiana (Hechos 2,1-15; cf. 1 Corintios 12,4-11).

Recordemos que en 1994, el Papa Juan Pablo II, más tarde declarado santo, escribió la “Carta a las Familias”, profundizando la identidad del Espíritu Santo. Según el relato del Génesis,  Elohim (Dios en plural) creó como su imagen al ser humano, haciéndole macho y hembra para ser fecundo (Génesis 1,27). El Papa ve aquí el modelo divino de la primera familia humana compuesta por Adán, Eva y Set, preanuncio de la Trinidad Divina (Génesis 4,25).

Profundizando esa reflexión podemos indicar que la Familia Divina Trinitaria es el Único Dios, donde además del Padre y del Hijo, revelados claramente por Jesús, se vislumbra también la figura infaltable de la Madre, la cual en la revelación bíblica se identifica con la Divina “Rúaj”, nombre hebreo femenino. Este vocablo, al ser traducido al griego como “Pneuma”, tomó el género neutro. Siglos más tarde cuando San Jerónimo tradujo la Biblia al latín empleó el vocablo “Spiritus”  (Espíritu) de género masculino.

Sin embargo es importante reafirmar la identidad materna de la Rúaj divina, que en la Biblia es identificada con la Sabiduría Divina, Maestra y Madre que invita a sus hijos a compartir su mesa y sus enseñanzas (Proverbios 9,1-6). El mismo Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, como si renaciera del agua y de la Rúaj, quien en forma de paloma descendió sobre Jesús, declarando su identidad como Hijo de Dios (Juan 1,32-34).

Días después, Jesús recibió al magistrado judío Nicodemo quien vino de noche a hablar con Él y al ver las obras milagrosas que Jesús hacía, descubrió que Dios estaba con Él. Jesús le invitó a renacer de agua y de Rúaj para poder entrar en el Reino de Dios. Sin embargo Nicodemo no entendió que significaba renacer y lo malinterpretó como si tendría que volver a nacer del seno de su misma madre. Pero Jesús se refería a renacer de la Rúaj, revelando así que Ella es la Madre Divina de todos los creyentes en Jesús (Juan 3).

En otra ocasión algunos escribas acusaron a Jesús de estar “poseído por Belzebul” y de expulsar a los demonios  “por el Príncipe de los demonios”. Extremadamente molesto, Jesús rechazó esa acusación  como blasfema e imperdonable: “En la vida eterna se perdonarán toda clase de pecados y blasfemias, pero el que blasfeme contra la Rúaj Santa no tendrá perdón nunca, antes bien será reo de pecado eterno” (Marcos 3,22-30). Con ello Jesús mostró claramente su identidad como hijo de la Rúaj Santa, su madre divina.

Los evangelios sinópticos narran como Jesús, al inicio de su vida pública fue llevado al desierto por la Rúaj Santa (Mateo 4,1). San Jerónimo, gran conocedor y traductor de la Biblia griega al latín, cita ese mismo fragmento según el Evangelio a los Hebreos, documento hebreo hoy perdido: “Mi Madre me tomó por los cabellos y me llevó al desierto”. San Jerónimo considera correcta la identificación hecha por Jesús de la Rúaj como su Madre, por ser Rúaj un vocablo femenino.

La identidad de la Rúaj Santa es todavía un tema pendiente en la teología, tal como el mismo Jesús indicó en la Última Cena al despedirse de sus apóstoles: Mucho podría deciros aún, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga la Rúaj de la Verdad os guiará hasta la verdad completa, pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga y os anunciará lo que ha de venir (Juan16,13).