Análisis

Miguel Manzanera: “Papa Francisco: El otro es un don”

Para esta Cuaresma de 2017 el Papa Francisco nos regala un mensaje, sencillo pero profundo, que nos ayuda a comprender el sentido de la vida y a crecer en el amor a Dios y al prójimo. Francisco insiste en que aprovechemos los 40 días cuaresmales practicando la oración, juntamente con el ayuno y la limosna para conocer mejor el maravilloso plan de Dios sobre cada ser humano y para aprender a vencer las tentaciones con las que el Maligno quiere engañarnos y confundirnos hacia caminos equivocados, donde, en vez de la felicidad que tanto buscamos, encontremos la condenación eterna.

Jesús nos llama “a volver a Dios ‘de todo corazón” (Jl 2,12) y a no contentarnos con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con Él. Por eso la Iglesia, al terminar la Cuaresma y la Semana Santa, coloca la gran fiesta de la resurrección.

La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida en el Espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia.

Como buen pedagogo el Papa nos presenta una parábola, tomada de la vida real, que presenta la vida de dos personajes principales. Por una parte muestra a un rico epulón (comilón) que vive entre lujos y banquetes y por otra se encuentra el pobre Lázaro enfermo que se alimenta de las migajas y los desechos de comida que el rico echa a los perros (Lc 16,19-31).

El Papa divide su mensaje en tres acápites: 1) El otro es un don. 2) El pecado nos ciega. 3) La Palabra es un don.

1) El otro es un don, aunque para el rico epulón el pobre Lázaro es un ser sin valor. Se encuentra en una situación desesperada. No tiene fuerzas ni para levantarse. Yace a la puerta del rico y come las migajas que caen de la mesa. Está cubierto de llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas. Para el rico Lázaro es un ser maloliente y molestoso, al que hay que mantener lejos de la casa. El cuadro es muy sombrío.

La escena resulta aún más dramática si consideramos que Lázaro es un nombre derivado de Eleazar que etimológicamente significa “Dios ayuda”. No es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal, amado por Dios.

También para nosotros debe ser alguien con un rostro al que debemos conocer y amar. Lázaro nos enseña que el otro es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado y recordado por Dios. La justa relación con otras personas consiste en que reconozcamos con gratitud su valor. Lázaro enfermo y hambriento en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino un llamado al cambio de vida y a la conversión hacia los pobres y los sufrientes.

Dios nos hace una invitación a ´que abramos a Lázaro la puerta de nuestro corazón, porque toda persona es un don, sea vecino nuestro o un desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo.

Cada uno de nosotros encontramos a Lázaro en nuestro camino. Toda vida es un don y merece ser acogida con respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico (Proseguirá).