Análisis

Miguel Manzanera: Eucaristía y opción por los pobres

Eucaristía y opción por los pobres

EUCARISTÍA Y OPCIÓN POR LOS POBRES

En este año 2018 el 14 de octubre el Papa Francisco canonizará, es decir declarará santos, al Arzobispo de San Salvador, el mártir Oscar Romero, y a la religiosa, Nazaria Ignacia March, fundadora en Bolivia de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia. Ambas personalidades se distinguieron no sólo por su amor incondicional a Cristo Jesús crucificado y resucitado, sino también y como consecuencia por su opción preferencial por los pobres. Gran parte de su oración y de su acción la dedicaron a la evangelización y a la promoción social de las personas excluidas y abandonadas. En el Evangelio, en la oración y en la Eucaristía, encontraron la energía para vivir en plenitud la vivencia de Espíritu de Dios para realizar su acción liberadora a favor de las personas marginadas y excluidas de la sociedad.

Las vidas de estos dos nuevos santos muestran claramente que para la renovación de la Iglesia es esencial celebrar la Eucaristía con sinceridad. Esto incluye necesariamente la opción preferencial por los pobres, asumida en forma personal y comunitaria como fruto de la participación en la santa Misa. Cada comunidad, dentro de su contexto social histórico y según sus posibilidades reales, tiene que plantearse el problema y periódicamente elaborar un programa para poner en práctica la condición exigida por Jesús en el Evangelio: “Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que posees y da a los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme (Mt 19, 21).

La responsabilidad de realizar ese ideal corresponde a todos los miembros de cada comunidad cristiana. Pero primordialmente corresponde a quienes ocupan la presidencia de la comunidad. Presidir la Eucaristía no es simplemente un cargo honorífico y cuidadoso de la celebración litúrgica de la Misa. Incluye también el encargo del mismo Jesús de cumplir el memorial de su pasión. En la cruz Él ofreció al Padre su cuerpo y su sangre, su alma y su divinidad para liberarnos de nuestros egoísmos y de la esclavitud del maligno.

La celebración eucarística, quicio y fundamento de la religión cristiana, no puede ser reducida a un acto de culto semanal obligatorio, ya que, en cuanto memorial del único sacrificio de Jesucristo, simboliza y actualiza la Alianza nueva y eterna que Dios ofrece cada vez que se realiza la Santa Misa. En ella se vive ya de manera real, aunque sacramental, la plena comunión de la familia humana con la Familia Divina Trinitaria. Por ello la comunión fraterna, con su compromiso de liberación económica, social y política de los más pobres y oprimidos, constituye una dimensión ineludible necesaria para la misma autenticidad y credibilidad de la comunión eucarística.

No podemos eximirnos de esa obligación que obviamente interpela con mayor exigencia a las personas ricas o poderosas. Éstas, si se negasen rotundamente a poner en práctica la solidaridad con los más necesitados, se excluyen de la fraternidad eucarística. Se debería podría negarles la comunión en su respectiva parroquia o comunidad cuando, después de una adecuada evangelización, persistiesen en una vida de lujo y de insensibilidad social.

Evidentemente  antes de tomar una medida pastoral drástica es preciso ofrecer una catequesis gradual y paulatina que despierte en la comunidad la vocación a la que Jesús nos llama para seguirle y socorrerle en los más pobres y necesitados. Por eso toda imposición radical está condenada al fracaso.

Podemos concluir indicando que para renovar la Eucaristía no se puede eludir la puesta en práctica de esa solidaridad prioritaria en la comunidad eclesial. La renovación litúrgica, según las disposiciones vigentes de la Iglesia, debe estar acompañada y vivificada por una decidida caridad con las personas necesitadas. Esto es evidente en América Latina, continente que se gloría en llamarse cristiano por estar bautizado un gran número de sus habitantes, aunque sin embargo, al mismo tiempo muchas personas sufren el hambre y la miseria.

 

Miguel Manzanera S.J.