Análisis

Miguel García: “El amor bajo las piedras” en el histórico centro minero de Pulacayo

“EL AMOR BAJO LAS PIEDRAS” EN EL HISTÓRICO CENTRO MINERO DE PULACAYO
 
Por: Miguel García Angelo*

 

No es la constante que un sacerdote presente una novela literaria que toca un tema, también poco común para un pastor católico, como es el amor. Lo corriente es que este tipo de servidores cristianos nos presenten obras vinculadas a la teología, al evangelio de Jesús o la misma Biblia. Pero el caso de Ariel Beramendi es atípico pero al mismo tiempo agradable. Quizás sea porque este joven escritor quillacolleño refleje una grata conducta boffiana. Uno de esos teólogos de la liberación que buscan concretizar al Jesús Histórico a través de la inhumana vida de los mineros de Pulacayo buscando reivindicar y hacer respetar sus derechos, un centro minero potosino que entre 1880 y 1930 fue el segundo exportador de plata más grande de Bolivia. Y desde 1930 hasta 1985 explotador de estaño.

Beramendi, doctor en Pastoral de la Comunicación por la Pontificia Universidad Lateranense, relata que su novela (“El amor bajo las piedras” de la editorial “Kipus”) busca generar emociones en la gente en un mundo plagado de injusticas y miserias. La vida del minero pulacayeño, por ejemplo, es un ejemplo vivo de la explotación del hombre por el hombre. En aquellos fatídicos años del auge de la plata, los mineros tenían que trabajar entre doce y catorce horas diarias, acechados permanentemente por la muerte. “En 1938, un elevador al interior de la mina de Pulacayo se cayó y mató a veinticinco mineros. Esta tragedia enlutó a todo el pueblo. Sin embargo, la única dádiva que cada familia de los fallecidos recibió de la gerencia de la empresa fue diez litros de agua ardiente cada uno. Eso valía un minero. Era un mundo inhumano”, comenta el joven sacerdote quien actualmente trabaja en el Vaticano acompañando al Papa Francisco que en estos momentos está pasando un momento de dolor y vergüenza ajena por el escándalo de la pedofilia de centenares de sacerdotes en varios países del mundo: Estados Unidos, Irlanda, Chile y Austria, entre otros.

 Pulacayo, más conocido como uno de los centros históricos más importantes donde se definió la Revolución Nacional de 1952 en Bolivia a partir de la famosa “Tesis de Pulacayo”, pasó de ser uno de los motores de la economía boliviana gracias a la inmensa explotación de la plata, con más de 20.000 habitantes en ese entonces, a ser hoy prácticamente un pueblo fantasma donde reina la miseria y el abandono de su gente. “Si existen doscientas personas es mucho”, asegura Beramendi quien también es autor de la biografía de Tito Solari, exarzobispo de Cochabamba: “Tito Solari, la fuerza de la humildad. Historia de un pastor” (2016).

 El minero pulacayeño es paciente, pero cuando se le rompe la dignidad o se le humilla ni el mismísimo Diablo se salva. Son muy violentos, y con razón, explica el fundador del primer portal digital de información religiosa en Bolivia (INFODECOM). Años de explotación y humillación de los mineros pulacayeños, como dice uno de los hermosos temas musicales de los siempre grandes “Kjarkas”. Esto, en alusión directa al abuso y explotación que sufrían los trabajadores a manos de los ingenieros y capataces de la empresa, que tenía como propietario en ese entonces a Aniceto Arce. Quien después llegó a ser presidente de Bolivia. Pulacayo también vivió el auge del estaño en el contexto de los tres barones de este precioso mineral que ayudó, incluso, a matar millones de personas durante la primera y la segunda Guerras Mundiales (1915-1918 y 1940-1945): Hochschild, Aramayo y uno de los hombres más ricos del mundo de ese entonces, el cochabambino Simón Patiño.

 Recopilar la historia de Pulacayo ha sido también otro de los objetivos de Beramendi. “En el libro también cito la hermosa cueca titulada ´Fatalidad´. Una hermosa canción que relata la inhumana vida de los mineros de Potosí”, expresa el autor. Eso le generó al quillacolleño sentimientos encontrados que deben ser relatados a la sociedad boliviana. 

Pero bueno, habrá que leer la novela para verificar si realmente refleja las explicaciones que hicieron tanto el autor como el comentarista de la obra ayer en los ambientes de la Universidad Católica Boliviana regional Cochabamba, donde se contó con más de cincuenta personas, entre autoridades académicas, docentes y estudiantes de esta Casa Superior de Estudios. Además de un selecto grupo de residentes pulacayeños en Cochabamba.

 Y como siempre, la muy buena presentación de esta novela fue organizada por la carrera de Filosofía y Letras de la Universidad Católica Boliviana (UCB) regional Cochabamba, que está a la cabeza de su Director de Carrera, un incansable buscador del conocimiento como lo es el filósofo y antropólogo Edwin Claros. Un querido araneño que siempre le da sentido al verdadero rol de la Universidad en Bolivia: la búsqueda de la verdad en la caridad. Gracias por tanto.

Un representante de los residentes pulacayeños tomó la palabra
 
*Comunicador social, Máster en Agroecología, Cultura y Desarrollo Sostenible y Docente Universitario