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Me duele mi país

“Me duele ver a mi patria, bajo la bandera negra oscureciendo el camino”.
Parafraseando al cantautor peruano Walter Humala, recojo esta cita para iniciar estas ideas.

Duele ver una Bolivia dividida, más aún en medio de una emergencia sanitaría que día a día se lleva vidas valiosas. Duele ver como las ansias por el proceso electoral han despertado los deseos más irracionales de aquellos que están en la carrera electoral.

Duele ver una Bolivia donde las ideologías valen más que la dignidad y el bienestar de sus ciudadanos y se ignoran las verdaderas necesidades, clamores y el sentido de un bien común auténtico para todos.

Duele ver una Bolivia donde sus ciudadanos están siendo presa de las crispaciones, de la guerra sucia que obnubila el pensamiento y lleva a actuar con una irracionalidad hasta los bordes de la estulticia.

Duele ver una Bolivia que no aprende de su historia y errores y lejos de hacerlo mejor y enfrentar los desafíos con mayor dignidad y astucia continua en el escenario de luchas desiguales y crisis económicas y sociales damnificando a la mayoría de la población.

Duele ver una Bolivia donde se encuentran actitudes mezquinas, malintencionadas, mentirosas y dañinas motivadas por intereses ambiciosos, solo con el afán de hacer daño pero que se escudan bajo la mal entendida democracia, la libertad de expresión o la reivindicación de derechos sindicales o comunitarios.  Nada puede justificar el amedrentamiento y las amenazas anónimas que dañen la dignidad e integridad física o emocional de una persona.

Duele ver una Bolivia que en su conjunto no mira hacia adelante, ¿y cómo hacerlo en este estado de cosas?  mientras se promueve la asistencia a las urnas en medio de hechos de corrupción del gobierno transitorio, presiones sociales de los grupos de oposición, crisis sanitaria y económica por la pandemia, clausura del año escolar, colapso de los servicios y escasez de alimentos, por mencionar algunos detonantes.

Y entonces –me pregunto- ¿de quien es la responsabilidad?  – y respondo- ¡Todos y ninguno!

En la literatura española hay una comedia de Lope de Vega que narra cómo los habitantes de la ciudad de Fuente Ovejuna matan al Gobernador porque es un tirano, y lo hacen de tal manera que no se sepa quién ha realizado la ejecución. Y cuando el juez del rey pregunta: “¿Quién ha matado al Gobernador?”, todos responden: “Fuente Ovejuna, Señor”. ¡Todos y ninguno!

También hoy esta pregunta se impone con fuerza al ver los hechos que se suceden en el país ¿Quién es el responsable?, y todos respondemos: no fui yo, yo no tengo nada que ver, serán otros, ciertamente yo no.

Por tanto, no hay un responsable de esta situación, y parafraseando al Papa Francisco que habló sobre la globalización de la indiferencia, parece que en Bolivia también nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro, no tiene que ver con nosotros, no nos importa, no nos concierne.

Tal parece que de a poco nuestra gente –y me incluyo- está perdiendo el sentido de responsabilidad fraterna, está olvidando que la democracia es buena por los valores que conlleva: honestidad, solidaridad, responsabilidad, legalidad, bien común, por mencionar algunas.

Pero por mucho que ahora duela Bolivia, siempre queda la esperanza y la grandeza de corregir los errores, pararse y continuar el camino con la frente en alto. Que la muerte de tantos ciudadanos a causa de esta pandemia en este punto de la historia, nos deje a los que aun quedamos en camino mayor humanidad, sentido de corresponsabilidad, empatía, resiliencia, y la conciencia de contribuir por una Bolivia que nos enorgullezca a todos.

por Carmen Delicia Bocángel
periodista