Análisis

María Teresa Zegada: Preguntas detrás de la pregunta del referendo

¿Cuál es el motivo para concurrir a las urnas el 21 de febrero próximo? ¿Qué está detrás de la iniciativa de convocar a una votación -de hecho implica una importante erogación económica- que se realiza apenas a cinco meses de la última consulta? ¿Cuales son los intereses políticos en juego? ¿Es pertinente abrir el texto constitucional para un tema específico apenas a seis años de la promulgación de la nueva Constitución? ¿Es relevante el resultado de esta elección? ¿Por qué el debate ha asumido un corte personalista, cual si se tratara de una competencia entre candidatos?

Estas son algunas de las preguntas que giran alrededor de la decisión por el SÍ o por el NO en la próxima consulta. De ahí que, resulta conveniente separar el problema al menos en tres dimensiones: la primera es de naturaleza institucional y está referida a la pertinencia o no, la legalidad o no de la próxima consulta, así como a los efectos en la democracia. Está claro que sus propulsores han agotado todos los recursos jurídicos para otorgarle legalidad. No obstante, los cuestionamientos se centran alrededor de la democracia y tienen que ver, en primer lugar, con la conveniencia o no de reformar la Constitución con el fin de favorecer a un interés político particular -en este caso del partido gobernante-.

En segundo lugar, con la pertinencia de eventualmente alargar, de manera inédita, una gestión presidencial por un periodo de 20 años seguidos, con los costos de transparencia, corrupción y anquilosamiento en el poder, que de hecho conlleva gestiones sin recambio en el poder.

En tercer lugar, la necesidad de entender que la idea de democracia concebida como “un lugar vacío”, a diferencia de las monarquías, es precisamente permitir que el aparato estatal pueda ser ocupado por distintos sujetos, respondiendo a la competencia política y, por supuesto, a la correlación de fuerzas.

La segunda dimensión es estrictamente política y tiene que ver con la lucha por el poder. El MAS no concibe el triunfo de la próxima elección, la continuidad del “proceso de cambio” y la cohesión organizativa del partido sin el líder carismático que lo preside, dando cuenta, al mismo tiempo, de la ausencia de democracia interna y construcción de nuevos liderazgos, por lo que la reelección de Evo se convierte en cuestión de vida o muerte para el proyecto político.

Por su parte, la oposición está a la pesca de cualquier oportunidad o resquicio para remover el tablero, lo cual es legítimo, pero apuesta a la debacle del MAS y al reposicionamiento de sus habituales candidatos como protagonistas y triunfadores de una consulta que no es personal.

Por último, cabe añadir una tercera dimensión del problema, que es de carácter discursivo y simbólico, ya que de manera bastante particular lo que menos se percibe en las actuales campañas preelectorales es el esclarecimiento sobre la pregunta del referendo o los argumentos específicos a favor o contra de la reforma. En cambio, los discursos se han centrado en personificar la campaña y asociarla a la gestión gubernamental.

Así, desde el Gobierno, el SÍ significa estabilidad, bonanza económica, obras de infraestructura, redistribución de recursos, y se asocia a la “carita” -como dice el Vicepresidente- de Evo Morales en la futura papeleta de 2019, como la única garantía de estabilidad. Desde el mismo lugar se asocia al NO con viejos personajes denostados del pasado, cuyo epítome es el exministro Carlos Sánchez Berzaín.

Desde la oposición, de igual manera, se destacan aspectos negativos de la gestión, como la corrupción, la violación de derechos, la intolerancia política, así como a los personajes que están a favor y en contra.

El punto es que, a estas alturas, hay necesidad de transparentar el sentido real de esta próxima consulta pues, como se puede ver, se encuentra fuertemente revestido de otras señales que distorsionan el derecho a un voto informado.