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Los dictadores encubren sus violaciones acusando a los pastores de la Iglesia de “demonios con sotana”: Mons. R. Flock

Cometer actos de violencia y terror en nombre de Dios es la forma más grave de blasfemia

 

Los dictadores encubren sus violaciones a los derechos humanos acusando a los pastores de la Iglesia de “demonios con sotana”

 

Lo peor de sufrir injusticias y persecuciones es el resentimiento que provoca en el alma de sus víctimas

 

Las parábolas de la Oveja; la moneda; y el hijo perdidos, terminan con expresiones de alegría

 

Pensar en la alegría de recuperar a un hijo extraviado nos ayuda a entender las parábolas del hijo perdido, la moneda perdida y la oveja perdida

 

La violencia que se engendra en nombre de Dios es blasfemia; perdonar es santificar su Nombre y acercar su Reino

 

Dios nos invita al banquete de reconciliación con Jesús el cordero de Dios sacrificado para quitar el pecado del mundo

 

Homilía de Mons. Robert Flock
Obispo de la Diócesis de San Ignacio de Velasco
11 de septiembre del 2022
“Blasfemia y Resentimiento, Perdón y Fiesta”

 

Link para ver la Santa Misa presidida por Mons. Robert Flock 

 

 

Queridos hermanos,

En nuestra primera lectura, carta a Timoteo, San Pablo se acusa de blasfemias, persecuciones e insolencias anteriores. Dice que a pesar de esto «nuestro Señor Jesucristo, … me ha fortalecido y me ha considerado digno de confianza.» Entonces, ¿Cómo es posible que se acusa de blasfemia? De acuerdo a los Hechos de los Apóstoles, al defenderse ante una turba en Jerusalén, explica: «Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero me he criado en esta ciudad y he sido iniciado a los pies de Gamaliel en la estricta observancia de la Ley de nuestros padres. Estaba lleno de celo por Dios, como ustedes lo están ahora. Perseguí a muerte a los que seguían este Camino» (Hc 22,3-4).

Según el Catecismo de la Iglesia Católica: “La blasfemia se opone directamente al segundo mandamiento. Consiste en proferir contra Dios -interior o exteriormente- palabras de odio, de reproche, de desafío; en decir mal de Dios, faltarle al respeto, en las conversaciones, usar mal el nombre de Dios” (Nº2145). Evidentemente esto no describe lo que hizo San Pablo. Está claro que su blasfemia fue la misma persecución que realizaba y animaba contra los primeros cristianos. Se acusa de blasfemia, porque lo hizo a nombre de Dios. De hecho, el Catecismo aclara que: “La prohibición de la blasfemia se extiende a las palabras contra la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas sagradas. Es también blasfemo recurrir al nombre de Dios para justificar prácticas criminales, reducir pueblos a servidumbre, torturar o dar muerte.”

Cometer actos de violencia y terror en nombre de Dios es la forma más grave de blasfemia

Hoy día es el vigésimo primer aniversario de los ataques terroristas de Al Queda contra las Torres Gemelas y el Pentágono en los Estados Unidos. Al estrellar los aviones llenos de pasajeros contra edificios llenos de personas, los terroristas gritaron: “Allahu Akbar”, “Dios es grande”. Estos ataques, en que asesinaron a casi tres mil personas y causaron otros 25,000 heridos, demuestran la esencia de lo que es la blasfemia, siendo la forma más grave de tomar el nombre de Dios en vano: cometer actos de violencia y terror en su nombre.

En nombre de Dios, les pido: ¡paren esta masacre!” son palabras del Papa Francisco en el IX aniversario de su elección como Santo Padre el 13 de marzo pasado. Denunció la “barbarie de la matanza de niños, inocentes y civiles indefensos”, y calificó la guerra en Ucrania como “agresión armada inaceptable” explicando: “Dios es sólo el Dios de la paz, no es el Dios de la guerra y los que apoyan la violencia profanan su nombre”. Habló así porque el patriarca Cirilo ha intentado justificar esa guerra como defensa del cristianismo ortodoxo ruso. El Papa le dijo al patriarca que no debería convertirse en monaguillo de Putin.

Los dictadores encubren sus violaciones a los derechos humanos acusando a los pastores de la Iglesia de “demonios con sotana”

Sorpresivamente, Jesús dice: “todo pecado o blasfemia se les perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada” (Mt 12,31). Esto porque lo acusaron a Jesús mismo de ser endemoniado, cuando en realidad estaba ungido por el Espíritu Santo y desde el cielo, Dios Padre lo proclamó “Hijo predilecto”. Por eso, deben tener cuidado los dictadores que acusan a los pastores de la Iglesia de “pecados de lesa espiritualidad”; llamándolos “demonios con sotana”, como hicieron en Nicaragua y Venezuela. Son acusaciones creativas, diabólicamente creativas; pero a fondo son blasfemias contra el Espíritu Santo, realizadas para encubrir toda clase de violación de los derechos humanos de parte de quienes que pretenden un poder absoluto.

Lo peor de sufrir injusticias y persecuciones es el resentimiento que provoca en el alma de sus víctimas.

Lo peor de sufrir injusticias y persecuciones, no es de por sí, la violencia sufrida, sino el resentimiento que provoca en el alma de sus víctimas. Jesús concluyó las Bienaventuranzas diciendo: «Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo» (Mt 5,11-12). Es un consejo muy difícil, pero necesario, precisamente para no convertirnos en demonios, con o sin sotana, corbata, o investidura política.

Las parábolas de la Oveja; la moneda; y el hijo perdidos, terminan con expresiones de alegría

Esta difícil pero necesaria actitud la demuestra Jesús hoy con las parábolas de la Oveja Perdida, de la Moneda Perdida y del Hijo Perdido. Las tres terminan con expresiones e invitaciones a la alegría. «Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido.» «Les aseguro que se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte.» «Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado.»

Pensar en la alegría de recuperar a un hijo extraviado nos ayuda a entender las parábolas del hijo perdido, la moneda perdida y la oveja perdida

Si se alegra por encontrar un tesoro escondido, o por recuperar a una oveja perdida, cuánto más por un hijo extraviado. Si pensamos en la angustia que sufren los padres de un hijo secuestrado, y la alegría si logran recuperarlo sano y salvo, podemos entender estas parábolas. Demuestran que Dios Padre queda angustiado por sus hijos extraviados, perdidos en un mal camino, o quizás peor, secuestrados por el demonio. ¿Qué no hará para recuperarlos? ¡Cuánto se alegra si los recupera!

La violencia que se engendra en nombre de Dios es blasfemia; perdonar es santificar su Nombre y acercar su Reino

Es precisamente el resentimiento que nos convierte en ovejas perdidas, y que nos hace vulnerables a la trata y tráfico del diablo. El resentimiento con la violencia que engendra en nombre de Dios es blasfemia; en cambio, perdonar es santificar su nombre y acercar su Reino. Y es precisamente la misericordia, recibida y ofrecida, que nos hace volver a la casa del Padre y entrar en su fiesta.

Dios nos invita al banquete de reconciliación con Jesús el cordero de Dios sacrificado para quitar el pecado del mundo

De hecho, Dios pagó un gran rescate para recuperarnos: la cruz de Cristo. Y ahora nos invita a una fiesta de reconciliación, de gratitud y de gozo, donde Jesús mismo es el ternero engordado y sacrificado, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. “Dichosos los invitados al banquete del Señor”.