Análisis

Lloraremos pero bailaremos

Las noticias que leyó para este pobre cieguito mi comadre chaskañawi nos pusieron muy tristes y estuvimos a punto de llorar imaginando a millares de paisanos nuestros con el agua que les llegaba hasta sus kururus buscando refugios para seguir viviendo; yo que soy de lágrima fácil y mi comadre que llora más fácilmente que las griegas en sus tragedias estuvimos a punto de sumergirnos en un mar de tristeza, cuando la cholita cochabambina reparó en que un periódico comunicaba a los bolivianos que los carnavales no serían suspendidos a causa del desastre climático que sufre gran parte de nuestra población.

Como mis lectores saben, mi pariente espiritual y yo somos carnavaleros impenitentes que a pesar de mi vejez prematura (tengo 85 pirulos) y la seriedad mercantil que imprime en sus labores diarias la cholita de Quillacollo somos como dos jovenzuelos saltimbanquis que no podemos mantener quietos a nuestros pies durante toda la semana que dura el Carnaval, prestándonos algunos días de la Santa Cuaresma.

“¡Esa sí que es una buena noticia en medio de tanta tristeza!”, me dijo Macacha, explicándome que noticia tan alegre la había proporcionado el Ministro de Cultura, señor Groux, explicando al país que el Carnaval es un hecho cultural que involucra a todos los bolivianos y que fortalece a la industria del turismo, importante rubro de nuestra economía.

Esa excelente noticia proporcionada por un Ministro inteligente cambió nuestro talante y la cholita cochabambina me abrazó, me apechugó a su gusto y hasta me dio un casto beso en la oreja al decirme que me llevaría con ella a la ciudad de Oruro donde bailaríamos con nuestra fraternidad “Los negritos simpáticos de Potopoto”, y que no me preocupase del dinero que gastaríamos pues ella me prestaría la plata que necesitaríamos con un bajo interés del 10 por ciento mensual.

Su proposición me pareció muy conveniente aunque le sugerí que concluyéramos ese episodio festivo viajando juntos a Cochabamba para rematar con el Corso de Corsos donde nos esperaría nuestro amigo el negro Guardia y otros muchachos.

De pronto, percibí que alguien o algo había tocado mi conciencia y dije a mi alegre comadre de Quillacollo: “Nuestro programa carnavalero no nos haría olvidar a nuestros hermanos bolivianos que sufren y sufrirán por los golpes crueles de la Naturaleza…” La cochabambina salió al frente de mis escrúpulos y me dijo: “No, querido compadrituy, a nuestros hermanos que sufren los seguiremos llevando en nuestros corazones, pues seguiremos sufriendo con ellos pero no se olvide que somos bolivianos y muy bolivianos y, como tales, seguiremos sufriendo con ellos pero seguiremos bailando. ¿Acaso no hemos vivido así a lo largo de toda nuestra historia…? Sufrimos y al mismo tiempo bailamos, lloramos pero seguimos bailando…”

Es que la cholita cochala sabe mucho y es por ello que en estos carnavales lloraremos, lloraremos mucho… pero seguiremos bailando.