Análisis

LEY SECA AVIVA LA SED

(From Quillacollo, Cochabamba)
-Buenos días, habla usted con su comadre Macacha viuda de Racacha, ¿cómo se encuentra usted de salud?
-Estoy regularcillo, comadre, aunque anoche estuve bailando en el ‘naiclú’ Malena de la populosa ciudad de El Alto, donde se realizó una fiesta llamada Serenata a Perú, porque hoy es su día nacional y también será posesionado su nuevo presidente, elegido en la segunda vuelta de principios de junio, me refiero por supuesto al señor Ollanta Humala.

-Me parece muy bien que haya estado allí demostrando su cariño por el hermano país de Perú y que haya bailado unos valses al son de las canciones que seguramente cantó nuestra amiga Nena Zeballos.

-Sin embargo, estuve muy preocupado por la motocicleta Harley Davidson que le presté. ¿Cómo está mi moto y cómo está usted?
-Su moto y yo estamos bien, compadre, y me hallo cumpliendo con responsabilidad la misión de corresponsal en Quillacollo (Cochabamba), donde usted se negó a venir a causa de la ley seca que dictó la alcaldesa de esta población, Carla Lorena Pinto, con motivo de la próxima fiesta de la Virgen de Urkupiña, que se llevará a cabo en el mes de agosto.

-¡Naturalmente! Juro no ir a la ciudad de Quillacollo mientras se encuentre en vigencia esa maldita e inservible ley, como muchas leyes que ha promulgado el Gobierno nacional que no sirven para nada, sino solo para afianzar el control total sobre nuestra sociedad.

-No se caliente, compadrito, porque se está cumpliendo en Quillacollo lo que usted me dijo sabiamente: la ley seca solo consigue avivar la sed.
-¡Qué buena noticia la que usted me da, comadre! ¿Y su sed se avivó en Quillacollo?

-Le confieso que sí, compadre, y también la de los quillacolleños, que me invitan cerveza Taquiña, chicha y wiski Johnny Walker etiqueta negra en todo sitio al que voy.

-Es que mucha gente no conoce la historia e ignora que cuando se dictó la famosa ley seca en Estados Unidos los estadounidenses comenzaron a sentir más sed y consumían wiski mucho más que antes de la famosa ley.

-Yo les he manifestado a los quillacolleños que no es cuestión de emborracharse para bailar mejor en honor a la Virgencita de Urkupiña, pero que los bailarines lo hacemos mejor cuando bebemos unos traguitos, y les he contado también que cuando estoy con algunos traguitos de más lloro ante Dios por el dolor de mis pecados.

-Yo también bailo y rezo con mayor devoción con dos copitas de wiski.

-Me alegra coincidir con usted, compadre, y le ruego no quebrantar su decisión de no venir a Quillacollo mientras continúe vigente la ley seca. Yo sé que la razón del pueblo se impondrá y bailaremos juntos en la fiesta de Urkupiña en honor de la virgen. Seguiré informando. Lo quiere y lo respeta, Macacha.