Santa Cruz

Las luces de Navidad hacen visibles a los indigentes

Llegan desde las alturas de Potosí con los bolsillos vacíos. En Santa Cruz, se instalan en las aceras de lugares donde hay mucha gente y estiran la mano. La mendicidad se siente

Se los ve y están entre la multitud. Se los reconoce porque se encuentran vestidos con su ropas típicas y porque estiran la mano. Son los mendigos de la capital cruceña, los indigentes llegados desde las alturas de Potosí en busca de monedas y de la caridad que puedan despertar en estas fiestas de fin de año.

La Navidad, además de luces y de villancicos, de pesebres y de arbolitos adornados con bolas de colores, también trae a personas interesadas en las dádivas de quienes más tienen.

Doña Juana habla poco y tiene los dientes verdes por la coca que mastica desde antes de que sea mayor de edad. Ella ahora tiene medio siglo de vida y llegó a Santa Cruz hace un mes proveniente del sur de Potosí.

Ayer estaba parada en la avenida Libertad, con su sonrisa tímida y su sombrero en la mano invitando a que los conductores de vehículos le lancen monedas o algún billete.

Habla poco porque su lengua madre es el quechua. Como ella, ayer había por lo menos 20 indigentes caminando por el centro de la ciudad o sentados fuera de los restaurantes.

José Fernández (71) vende golosinas fuera del Club Social 24 de Septiembre desde hace 42 años, pero recuerda que el auge de la llegada de estas personas para fin de año data de hace por lo 15 o 20 años.

El ciudadano que camina por la vereda también se refiere al tema. Juan Carlos Mendoza, que ayer caminaba por la acera de una heladería, lamenta que los adultos hagan bailar a los niños para llamar la atención o para sensibilizar el corazón de las personas.

El idioma en contra

Pero doña Juana, que es la única que se atreve a hablar, porque los otros indigentes dan a entender que no hablan castellano, dice que las guaguas acompañan a sus padres porque en sus pueblos no hay familiares para dejarlos.

Los que viven de la mendicidad se asientan en la vereda. Ahí tienden un colcha y acuestan a su bebé (si tienen uno) y depositan ollas y tarros donde a veces guardan alimentos.

Hay quienes esperan fuera de las iglesias para estirar la mano cuando los fieles salgan de misa. Los indígenas del occidente del país compiten con los mendigos locales en ese punto estratégico, vale decir, con ancianos y personas que están discapacitadas.

Pero, en se lugar sagrado, nadie se pelea. Cada pedigüeño espera que la gente se conmueva al verlos con sus caras tristes.

En la exterminal de buses se ven a mendigos del oriente de Bolivia. Ellos se colocan en las jardineras públicas, permanecen sentados y, cuando el semáforo se pone en rojo, acuden a tocarle el corazón a los conductores: “Hola choco, regalame una monedita”, repiten 10, 20, 100 veces al día.

Los vecinos de la zona dicen que llegan puntuales a partir de las 10:00 y que se van antes de que la noche encienda las luces de la avenida ancha