Internacional

La Virgen de Urkupiña pasó dejando paz en el Norte Argentino

La sagrada imagen de la Virgen de Urkupiña, que se venera en el santuario de Quillacollo, en Bolivia, pasó por el Norte Argentino dejando paz en los corazones de sus devotos. Luego de seis días de recorrido, sus devotos en Salta y Jujuy pudieron honrarla y encomendarse a su protección.

Por primera vez en la historia la imagen mariana salió de su santuario y recorrió Salvador Mazza, Tartagal, San Ramón de la Nueva Orán, Perico, General Güemes, Vaqueros y Salta, donde una multitud extraordinaria se congregó en la catedral basílica del Señor y la Virgen del Milagro para tocar su manto, dejar flores o tan solo depositar a sus pies las plegarias guardadas en el corazón.

El arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello, fue el encargado de recibir la imagen en su ingreso a la arquidiócesis, la que al llegar a Salta, visitó el barrio Autódromo y el barrio Solidaridad, donde se prevé construir un santuario para esta advocación mariana. De allí, la Virgen fue trasladada a la catedral, donde el arzobispo presidió una misa concelebrada junto con el vicario parroquial del santuario de Quillacollo, presbítero Juan Carlos Bascopé.

En la homilía, el sacerdote dijo que la Virgen vino a traer la paz y el amor de su Hijo con un mandato: “Hagan lo que Él les diga”. Y recordó: “Somos hijos de un mismo Padre y una misma Madre, y tenemos a Cristo como hermano. Ella es la Madre del amor y de la alegría”. Destacó que es la primera vez que sale del santuario y hace un largo viaje de cuatro días para estar con ustedes.

“Ella dice «Hijo mío, escucha las necesidades de tu pueblo, y le suplica por la falta de trabajo o armonía en algunos hogares, a quienes se les acabó todo, se les terminó la alegría»”, expresó el presbítero, quien adelantó también que la Virgen podría peregrinar al Brasil, donde viven cinco millones de bolivianos devotos de la Virgen.

Después de la misa, la imagen partió hacia el Centro de Convenciones, donde las agrupaciones folclóricas expresaron su gratitud y su fidelidad a María con cantos y bailes típicos de cada colectividad. La Virgen pasó más tarde por varias parroquias de la ciudad y luego fue llevada a Vaqueros. Allí, el presbítero Martín Farfán, párroco de La Aparecida y encargado de la organización, agradeció el cumplimiento de las normas previstas para la realización de la fiesta. Todo ocurrió como se esperaba: sin pirotecnia ni alcohol.+