Análisis

LA SITUACIÓN ESTÁ QUE ARDE

Una vez más, la situación está que arde y hay orden de no aflojar, fueron las palabras de salutación que lanzó mi comadre cochabambina al ingresar en mi domicilio el martes para recordarme que la Central Obrera Boliviana había declarado paro general de los trabajadores.

Le pregunté si había venido con el propósito de comprobar mi adhesión al paro general, respondiendo mi comadre que ella sabía que no acato órdenes de ningún “sindicatero”, pero que me llevaría a algunas de las marchas y manifestaciones surtidas que se realizarían en la fecha, que prometían emoción social y algo de contento patriótico.

La seguí a desgano y ella me condujo al centro de la ciudad en mi motocicleta Harley Davidson hasta la zona de San Jorge donde guardó el vehículo, obligándome a caminar a su lado, recomendándome que en caso de peligro me pusiera en su retaguardia y me protegiera con sus polleras.

Ya en la Plaza del Estudiante donde se halla el Ministerio de Salud lancé junto a la multitud gritos en contra del Ministro que encendió la chispa en este incendio de proporciones al defender su tesis de que la salud en Bolivia mejorará si los médicos trabajaran ocho horas en vez de seis. Me aprestaba a gritar denuestos contra el Gobierno y su Ministro, colocándome en la retaguardia de la chola cochabambina, cuando aparecieron unos feroces mineros lanzando cachorros de dinamita cual si fueran gelatinas con crema chantilly.

Ante el estallido del explosivo, la heroína de la Coronilla voló por los aires y apareció montada en el caballo del Mariscal de Ayacucho y como yo no podía abandonarla en una situación tan peligrosa porque oficialmente trabajo cual si fuera su hombre, también aparecí montado en el caballo del Mariscal, pegado valerosamente a las polleras de mi heroína cochabambina.

Bajamos como pudimos y Macacha me dijo: “ahora nos dirigiremos hacia la Plaza Murillo donde también hay choque entre manifestantes que apoyan a los médicos y policías que custodian la histórica plaza, símbolo del Gobierno que siendo sólo inquilino del Palacio Quemado, hoy quiere quedarse a vivir en él para siempre.

Dirigimos las acciones de los manifestantes pero fuimos alejados del campo de batalla.

Con el cansancio de los guerreros, volvimos a mi casa, preguntando a mi comadre por mi motocicleta, respondiéndome la valerosa cochabambina: “La motocicleta está bien cuidada en un parking y no quise que volvamos al hogar montados en ella porque el dinamitazo que nos hizo volar me hizo algunas heridas leves en mi retaguardia y no te las mostraré, compadrituy, porque soy muy pudorosa.

Hablamos con nuestros corresponsales y nos dieron la trágica noticia: “Aquí en Cochabamba ya hay 30 crucificados”, lo cual nos aterrorizó.

Mientras tanto, esperamos noticias del Beni, tranquilizando a mi heroína con alguna declaración del ministro de Gobierno, señor Carlos Romero quien dijo respecto a los benianos marchistas: “Disuadiremos, persuadiremos e intervendremos”.