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La resurrección de Cristo, es finalmente principio y fuente de nuestra futura resurrección. Homilía de Mons. Saldías

El obispo de Tarija, Mons. Jorge Saldías, con un saludo a los fieles que se unían a la celebración eucarística del domingo de Pascua, en la transmisión en vivo desde la parroquia San Martín de Porres; luego de la proclamación del Evangelio, compartió la siguiente homilía:

El Evangelio de Juan 3, 16, presenta un resumen de la doctrina de nuestra fe: “Tanto Dios amó al mundo que dio a su Hijo único para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Nosotros vivimos y celebramos este acontecimiento real, especialmente, durante la Cuaresma, y de manera más densa, en la Semana Santa con el Triduo Pascual del Jueves Santo, Viernes Santo y Domingo de Resurrección.

Hoy Domingo de Resurrección, las lecturas nos conducen al “hecho” y “acontecimiento” de Cristo Resucitado. Se trata del “sepulcro vacío” y el “encuentro con Cristo Resucitado”.

El “sepulcro vacío” ha constituido el primer paso hacia el reconocimiento del “hecho” de la Resurrección como una verdad que no podía ser refutada. Las mujeres, que muy de mañana se habían acercado al sepulcro para ungir el cuerpo de Cristo, fueron las primeras en recibir el anuncio: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí: ¡ha resucitado! (Lc 24, 5-6). Las mujeres, y especialmente María Magdalena, fueron las primeras mensajeras de dar a los Apóstoles la alegre noticia de la resurrección de Cristo (Lc 24, 10).

El “encuentro con Cristo Resucitado”, fortalece la fe de los apóstoles, impulsó a vencer el miedo, da pleno sentido al dolor y al misterio de la muerte que se concluye en la gloria de la nueva vida. Este es el mensaje de salvación que los Apóstoles anuncian a las gentes: “Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos: bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les mandado. Sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos” (Mt 28, 19-20).

Hermanas y Hermanos. Esta difícil e inevitable situación causada por el Covid-19, nos debe ayudar a fortalecer nuestra conciencia para ayudarnos los unos a los otros. Nuestras armas vencedoras son  la disciplina, oración y solidaridad.

Disciplina. Como ciudadanos, nuestras acciones deben estar marcadas en cumplir las determinaciones emitidas por las autoridades nacionales, departamentales y municipales, con el fin de cuidar el supremo bien de la vida y salud de la ciudadanía.

Oración. El Papa Francisco nos ha recordado que la oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras (Papa Francisco, 26-03-2020). Se trata de un discernimiento espiritual para volver a nuestras raíces y formar nuevos discípulos del Señor, desde las familias, como lo hicieron nuestros padres y abuelos, -Iglesia Domestica-. Así, descubrir y experimentar el valor de la oración para llegar a tomar conciencia que todos somos uno: “Que todos sean uno”, dice el Señor (Jn 17,21). La familia sustentada en la unidad propuesta por Cristo, siempre será escuela donde se aprenden valores cristianos de justicia, transparencia, honestidad, fe, oración, entre otros.

Solidaridad. Si bien las autoridades civiles están doblando esfuerzos para disminuir el impacto de la crisis económica a través de diferentes medidas y subsidios, estas acciones todavía son insuficientes. Como familia cristina, necesitamos volver a nuestros valores de sentir compasión, especialmente, con aquellos que están en desventaja nuestra. Hoy, se agudiza la pobreza, especialmente, en familias que no tienen el pan de cada día. No tienen comida. No es los mismo, “distanciamiento social” o “aislamiento sanitario” que indiferencia al prójimo. Pido a nuestros Sacerdotes y Diáconos preparen campañas de solidaridad en bien de los necesitados. Animo a los Fieles laicos para que desde sus familias, y a través de sus Parroquias, Movimientos Eclesiales, Cofradías, Grupos de Oración, ejecuten acciones directas en favor de  los vulnerables y desprotegidos.

La resurrección de Cristo, es finalmente principio y fuente de nuestra futura resurrección. El mismo Jesús habló de ello al anunciar la institución de la Eucaristía como sacramento de la vida eterna, de la resurrección futura: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día” (Jn 6, 54). De ese modo indicaba indirectamente que bajo las especies sacramentales de la Eucaristía se da a los que la reciben participación en el Cuerpo y Sangre de Cristo glorificado.

Ruego al Dios de la vida, alivie el dolor, sane a los enfermos, consuele los corazones afligidos; llene de fortaleza al Personal Sanitario, a las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, y demás Instituciones públicas y privadas que están doblando esfuerzos y trabajos para el bien común de nuestra sociedad.

Encomiendo a cada uno de Ustedes, al cuidado y protección de Dios, bajo la intercesión de la Mamita de Chaguaya y del Patrón San Roque.

+Jorge Saldías Pedraza, O.P.

    Fuente: Infodecom