Análisis

La otra integración

El pasado fin de semana se realizó una nueva “cumbre”, sobre los despojos de otros intentos fallidos de integración de estados independientes y soberanos: la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión Europea (UE). Esta fue la gran originalidad: tender un puente político y económico de América Latina y el Caribe que gozan de una excepcional  bonanza económica, y el viejo continente que pasa una crisis sin precedentes. No participan en la nueva aventura transoceánica, ni los Estados Unidos ni Canadá.

Entre los asistentes  a la cumbre, Evo Morales tuvo una significativa actuación. El primer desafío a tratar -según él- fue el narcotráfico. Pero si Morales sigue tolerando el cultivo excedente de la hoja sagrada no vamos a ninguna parte.

El segundo a tratar fue la crisis financiera internacional, la cual, dijo Morales, “no se resuelve recortando los beneficios sociales”. Pero, indicamos nosotros, tampoco se soluciona haciendo la vista gorda a la corrupción de los mandos medios de la administración pública, tal como se ha comprobado en el descubrimiento de una red de extorsionadores que salpicó la imagen de altos funcionarios del Estado Plurinacional.

El tercer desafío está en que los países desarrollados asuman su deuda climática. ¡Pero, el Gobierno de Morales es el primero en enfrentarse a los pueblos originarios del parque Isiboro-Sécure y, de paso, dar vía libre a los depredadores, cocaleros y  otros!

Ya vamos por el cuarto desafío. Morales propone “un nuevo modelo de integración”, el cual no debe basarse en la “competitividad”, sino bajo la responsabilidad de salvar la vida y a la humanidad. Retórica pura porque, en buena ley integracionista, frente a la competitividad que distancia a unos de otros, hay que fomentar la complementariedad que los acerque.

“El quinto desafío. Nuestros países requieren inversión, pero también conocimiento y tecnología que garanticen la seguridad alimentaria con soberanía”, etc. A esta propuesta cabe responder: ¿Y por qué no es el Gobierno el que da el ejemplo, dejando de fagocitarse las inversiones extranjeras y garantizando  seguridad jurídica a los operadores económicos, tal como lo recomendó el presidente de la Comisión Europea?

Como era de esperar, en una cumbre donde asistían los presidentes de Bolivia y Chile no podía faltar el reclamo marítimo boliviano. Y así fue. Esta vez Morales ofreció a Sebastián Piñera abaratar el gas boliviano a Chile a cambio de un puerto soberano en la costa del Pacífico. No fue una sorpresa que  Piñera mantuviese la tozudez de siempre (el Tratado de 1914 no se toca).

Dirigiéndose a los asistentes a la cumbre, Morales les anunció que “Bolivia nunca se va a quedar callada. Vamos a iniciar una campaña internacional; por eso (pido) su comprensión, su participación para resolver una demanda, un problema histórico de tantos años”, afirmó el presidente boliviano.

Aquí resulta oportuno recordar que durante el Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada se presentó la oportunidad de exportar gas licuado a California, pasando por una planta de licuefacción instalada en Chile. El proyecto se hundió en aguas del Pacífico. El epitafio de esta nueva frustración fue, “ni una molécula de gas” boliviano que pase por Chile. Y así nos está yendo.

Total, que “la otra integración”, la de América Latina y el Caribe, y Europa quedó atrapada en el Mar de los Sargazos de una diplomacia más retórica que capaz de superar las diferencias entre países que se dicen amigos.