Sucre

La niñez, entre los deseos y la realidad

Es tanto lo que está en riesgo –nada menos que el futuro nacional– que resulta lamentable que se dedique sólo un día al año a pensar en el estado de la niñez. 

Mientras a lo largo y ancho del país las autoridades nacionales, departamentales y municipales, con el vistoso apoyo de un sinfín de organizaciones públicas y privadas se esmeran hoy en hacer ver lo mucho que les preocupa la niñez boliviana, y para que eso se note organizan todo tipo de actos donde su generosidad se pueda desplegar sin límite, la fría realidad, la que no deja de existir los 364 días que no son “día del niño”, sigue ahí, indiferente a los discursos bienintencionados.

A esa lamentable conclusión se llega inevitablemente al conocer los múltiples informes e investigaciones de organismos nacionales e internacionales, según los cuales Bolivia es una de las naciones más atrasadas del planeta en cuanto a la defensa de los derechos de la niñez, pese a la abundancia de declaraciones líricas en la legislación vigente. Es por ejemplo, entre muchos otros, lo que indica el más reciente informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), que el 58 por ciento de la población infantil de Bolivia carece de al menos dos necesidades básicas, sean éstas vivienda, servicios sanitarios, agua segura, información, educación o salud.

El informe que comentamos, como todos los que abordan el tema, coincide también en destacar que las dos últimas décadas, para ser precisos, nuestro país ha hecho notables mejoras en la gestión de políticas públicas. Es también destacable el hecho de que el actual Gobierno, a diferencia de lo ocurrido con otras políticas de Estado, ha dado continuidad a los programas que se venían ejecutando durante gobiernos anteriores, pero no es menos cierto que aún es mucho lo que falta por hacer sobre todo a escala de los gobiernos departamentales y municipales, de modo que los esfuerzos estatales se acerquen más a sus destinatarios y no se diluyan en manos de ampulosas burocracias.

Pero como velar por el bienestar de la niñez no es asunto que corresponda sólo al Estado sino a toda la sociedad, es también necesario poner especial énfasis en la necesidad de que la población en general, comenzando por la familia, se involucre más activamente en la transformación radical de algunos factores idiosincráticos que impiden que se cumpla la consigna de hacer que los niños sean los únicos privilegiados de la sociedad.

No se puede dedicar, como acontece cada 12 de abril, sólo un día del año para reflexionar sobre la difícil situación de la niñez boliviana. Si los niños constituyen, como decimos habitualmente, el futuro del país, lo menos que tendría que hacerse es actuar en consecuencia, no sólo a nivel del Estado sino, sobre todo, en la sociedad y en cada núcleo familiar.

Es verdad que algo hacen al respecto las diferentes instancias estatales. Pero es evidente que no lo suficiente, pues si bien hay algunos buenos resultados, basta ver la cantidad de niños que sobreviven en las calles de las principales ciudades de nuestro país para constatar que no hay proporción entre la magnitud del problema y los esfuerzos que se hacen para resolverlo.

Es tanto lo que está en riesgo, nada menos que el futuro nacional (en sentido literal y figurado), que tal vez haya que dedicar algo más que un día al año para reflexionar sobre el asunto.