Análisis

La Iglesia y el Gobierno

Al parecer, una vez más se han impuesto dentro del Gobierno y el MAS las corrientes más sectarias, lo que da lugar a actitudes que sin duda llevarán a posteriores arrepentimientos

Esta semana los obispos de la Iglesia Católica emitieron un mensaje en el que destacan la participación ciudadana en las elecciones generales, reconocen los procesos de inclusión y redistribución en curso, convocan a seguir construyendo un país con desarrollo, democracia y justicia social, con independencia de poderes y equitativa participación política, y plantean a las autoridades de gobierno abrir un canal de comunicación directa para procesar en forma conjunta acciones de beneficio al bien común

Además, los obispos han pedido que el Estado pague el doble aguinaldo a los funcionarios que trabajan en los proyectos de desarrollo y asistencia social que, en la gran mayoría de los casos, suplen la incapacidad del Estado de cumplir ese su deber. Es que la Iglesia Católica realiza labores de educación, desarrollo, salud a lo largo y ancho del país con recursos propios y apoyo de la cooperación internacional, mediante programas que no pueden incluir pagos como el del doble aguinaldo.

Lamentablemente las reacciones de las autoridades de gobierno han sido, por decir lo menos, impertinentes. Algunos oficiosos parlamentarios e incluso un ministro de Estado hicieron referencia a que los “jerarcas” de la Iglesia deben distribuir sus riquezas, que en Bolivia ya no hay colonialismo y otras sandeces similares. Por su parte, el Ministro de Economía ha dicho que los responsables de las obras a las que hace mención la Iglesia deberían haber tomado el recaudo del caso para el pago de doble aguinaldo, cuyo cumplimiento es obligatorio, y la Iglesia no puede tener ningún privilegio porque es una más de las iglesias que trabajan en el país.

Por otra parte, ninguna autoridad se ha referido a la propuesta de abrir un canal directo de comunicación. Al parecer, una vez más se han impuesto dentro del Gobierno y el MAS las corrientes más sectarias que, unidas a elevados grados de ignorancia y prepotencia, desechan una apertura que, actitud por la que, hay que estar seguros, mañana se arrepentirán.

En este escenario, las autoridades deberían evaluar, por un lado, qué sucedería con las cientos de miles de personas que forman parte del ejército de pobres del país que la Iglesia atiende diariamente si ésta, ante esas destempladas respuestas, decidiera cerrar los proyectos sociales que mantiene. Por otro, la carta del papa Francisco –que hace una semana se reunió con el Presidente del Estado— a los obispos del país en la que se refiere a la “larga amistad” que lo une con el cardenal Julio Terrazas, de quien dice valorar “la valentía y generosidad con que se entrega cotidianamente a favor de los más necesitados , así como la fidelidad con que proclama el Evangelio, a menudo en medio de dificultades a las que hace frente con magnanimidad”, y agradece a los obispos “por todo el bien que hacen a la Iglesia en Bolivia y a sus connacionales, sin distingos de claves ni favoritismos” y les anima a “continuar trabajando con serenidad y alegría, sin cansarse de hacer el bien, sabiendo que Dios conoce sus fatigas y escucha sus plegarias”.

Los mensajes son claros, sólo queda escucharlos con respeto y atención.