Santa Cruz

La homilía de mons. Gualberti el domingo de Ramos en la Catedral de Santa Cruz

Homilía de Mons. Sergio Gualberti

Pronunciada este Domingo de Ramos 25 de marzo

En la catedral de San Lorenzo Mártir

Bendito sea el Rey que viene en el nombre del Señor

Jerusalén punto final de la misión de Jesús

Jesús no responde a las expectativas de las autoridades judías

La causa verdadera de la muerte de Jesús está marcada por el pecado

Jesús en la cruz, se encuentra solo y abandonado, solo quedan su madre, las mujeres y Juan

Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?

“Realmente este hombre era Hijo de Dios”

Jesús se identifica en todo, menos en el pecado, con nuestra condición humana

Dios nos ama con un amor sin límites

Jesús, está siempre presto a derramar con abundancia su misericordia

Ante el gran gesto de amor de Jesús, tenemos que dar nuestra respuesta de fe incondicional

Solo perdiendo la vida por Cristo y el Evangelio, la vamos a encontrar

 “Tu que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme”

Bendito sea el Rey que viene en el nombre del Señor

Hoy, domingo de Ramos, iniciamos la Semana Santa en la que seguiremos paso a paso los últimos días de Jesús en este mundo. La liturgia nos presenta dos acontecimientos aparentemente contrastantes: por un lado, la entrada de Jesús en Jerusalén entre el alboroto y alegría de la gentebendito sea el rey que viene en el nombre del Señor”, que nosotros hemos revivido en la procesión y bendición de ramos. Por otro lado, los trágicos eventos de la pasión y muerte de Jesús en la cruz a los cinco días de su entrada en la ciudad santa, como acabamos de escuchar.

Jerusalén punto final de la misión de Jesús

Sin embargo, si miramos con detenimiento nos damos cuenta que hay mucha relación entre ambos hechos: el día de ramos Jesús entra en Jerusalén como rey, punto final de su misión, de un camino emprendido con decisión y consciencia plena de los riesgos a enfrentar. Jesús, sí es rey, pero rey humilde y pacífico que no se resiste a la violencia ni se vuelca en contra de los que lo ultrajan y lo golpean y que no se apoya en la fuerza ni en el poder de los grandes, sino en el poder del amor de Dios, el único que salva.

Jesús no responde a las expectativas de las autoridades judías

La actuación de Jesús no responde a las expectativas de autoridades religiosas y civiles judías que esperan a un Mesías poderoso al estilo del rey David, que los libere del yugo opresor del imperio romano y devuelva la dignidad a su pueblo. Además están embravecidos con Jesús porque en varias ocasiones se ha confrontado con ellos denunciándoles porque a través del culto del Templo de Jerusalén, no sirven a la gloria de Dios, sino que con engaño se sirven de la religión como medio de poder, de enriquecimiento y explotación del pueblo.

La causa verdadera de la muerte de Jesús está marcada por el pecado

Estas seguramente son las causas históricas que llevaron a la condena a muerte en cruz de Jesús. Sin embargo, detrás de todo, está el designio de salvación Dios que quiere que todos los hombres de todos los tiempos se salven. En este entendido, la muerte de Jesús no ha sido causada por el rechazo de los sectores de poder y de los tribunales religiosos y políticos de su tiempo, ellos lo han ejecutado. La causa verdadera está en la historia de la humanidad marcada por el pecado, por nuestros pecados.

Jesús en la cruz , se encuentra solo y abandonado, solo quedan su madre, las mujeres y Juan

En los días siguientes a su entrada en Jerusalén, Jesús avanza hacia la pasión con el grupo de los discípulos, pero poco a poco se va encontrando solo y abandonado. Al momento en que apresan a Jesús todos los discípulos huyen, Pedro, que tímidamente lo acompaña desde lejos, lo niega cobardemente. Jesús en la cruz, es rodeado por sus adversarios que lo insultan y torturan, solo quedan su madre, las mujeres y Juan, el discípulo amado, testigos silenciosos de ese crimen.

¿Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?

El miedo y la incomprensión de los discípulos manifestados en la última etapa de la vida de Jesús, alcanza ahora su punto culminante: es el escándalo del hijo de Dios entregado en manos de los pecadores, eso no podía caber en su mente. La soledad extrema de Jesús se vuelve un grito hacia el Padre: ”¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?” y con este grito Jesús expira. En este preciso momento en que parecería que Jesús ha sido derrotado definitivamente por el poder del mal, el velo del templo se rasga en dos, de arriba abajo. Es un signo claro: ha terminado  el poder del Templo y del culto judío, ahora inicia el tiempo de la Nueva Alianza donde Jesús mismo en persona es el nuevo Templo, el Templo viviente, el culto agradable al Padre.

“Realmente este hombre era Hijo de Dios”

En la Nueva Alianza todos están llamados a participar, no solo el pueblo judío, incluso los enemigos que lo están crucificando. La identidad divina de Jesús que sus discípulos y el pueblo Judío no habían reconocido, ahora es profesada públicamente por un pagano, el oficial romano que, al verlo expirar, exclama: “¡Realmente este hombre era Hijo de Dios!” Jesús de Nazaret, el hijo del carpintero, aquel que trabajó como carpintero, pisó los caminos de tierra santa predicando, sanando enfermo y perdonando pecadores, que ha sufrido la pasión y la muerte en cruz, no es solo un gran profeta, él es el Hijo de Dios, es nuestro Salvador.

Jesús se identifica en todo, menos en el pecado, con nuestra condición humana

Jesús, en todos los terribles momentos de su pasión, no actúa como una víctima resignada, pasiva e impotente, sino siempre como el protagonista que acepta libremente el sufrimiento y llega al extremo de entregar su vida en la cruz. Él, consciente que este es el camino para hacer suyo el deseo de salvación del Padre, se solidariza y se identifica en todo, menos en el pecado, con nuestra condición humana, con nuestros límites más grandes que son: el dolor y la muerte. “Siendo de condición divina… se hizo la nada del mundo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres”. Solo de esa manera Jesús vence de una vez por todas al pecado y a la muerte, que son los verdaderos enemigos del hombre.

Dios nos ama con un amor sin límites

Ante un Dios que ha tomado partido por el hombre y que nos ama con un amor sin límites, lo que corresponde es quedarnos en silencio y meditar sobre nuestra vida y sobre la vida del mundo que nos rodea, para transparentarlas a la luz del misterio entrañable del Hijo de Dios que se entrega voluntariamente a la muerte para que nosotros tengamos vida.

Jesús, está siempre presto a derramar con abundancia su misericordia

Solo desde esta mirada de fe podemos comprender que Jesús Crucificado, aún en medio de nuestras soberbias, debilidades desobediencias, está siempre presto a derramar con abundancia su misericordia, para establecer una relación de amor con cada uno de nosotros, cumpliendo así el plan de salvación del Padre.

Ante el gran gesto de amor de Jesús, tenemos que dar nuestra respuesta de fe incondicional

Ante el gesto de amor de Jesús crucificado no podemos quedarnos indiferentes, tenemos que dar nuestra respuesta profesando en primer lugar nuestra fe incondicional en él como el Hijo de Dios, nuestro único Señor, y amándolo en toda nuestra vida dispuestos a cargar su cruz junto a él.

Solo perdiendo la vida por Cristo y el Evangelio, la vamos a encontrar

Esto implica ir contracorriente, salir de nuestro egoísmo e intereses y optar por la justicia, la verdad y la libertad, dejar el odio y la venganza, resentimiento y elegir el perdón y la reconciliación. Cargar la cruz significa también aceptar las consecuencias dolorosas de las incomprensiones, las burlas y hasta la persecución que conllevan la entrega y el servicio al plan universal de salvación, animados pero por la certeza de que solo perdiendo la vida por Cristo y el Evangelio la vamos encontrar.

“Tu que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme”

Es una tarea ardua ante la que nos podemos acobardar, pero nosotros elevamos nuestra oración confiada al Señor, pidiendo que nos acompañe con su cercanía y su fortaleza, al igual que el autor del salmo que hemos aclamado: “Pero Tú, Señor, no te quedes lejos; Tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme”. Amén

 

Fuente: Infodecom

Foto: Arzobispado de Santa Cruz