Análisis

LA COCAÍNA NOS ESTÁ CAMBIANDO

Hemos despertado a la realidad. Bolivia está cambiando, pero está peor y eso se debe a la cocaína y al narcotráfico, que han transformado a nuestro país en una nación violenta donde todo quiere resolverse a balazos para mantener la hegemonía de un cártel sobre sus rivales. Esta percepción me estremeció cuando supe del atentado que sufrió un abogado cruceño cuando se aprestaba a ingresar en el edificio de la Corte Superior de Distrito para atender asuntos inherentes a su profesión y recibió varios balazos de un sicario, mientras la víctima se recupera en un centro médico.

Hechos análogos suceden con frecuencia y su denominador común es matar a quien se considera rival o competidor en la lucha por la hegemonía de bandas, como sucede en México y Colombia, principalmente.

Iba meditando en esta dolorosa realidad, que no solo es cruceña, sino también boliviana, porque la cocaína es producida y comercializada en todo el territorio nacional, cuando apareció en casa mi abnegada protectora, la cholita cochabambina Macacha, que aprovecha las horas de la mañana para leerme la prensa de todo el país, porque mis cansados ojos ya no pueden hacerlo, coincidiendo ambos en que verdaderamente ‘Bolivia cambia’, pero no para su bien, sino para su mal, y que si en épocas anteriores nuestras diferencias eran definidas a flechazos hoy utilizamos pistolas, ametralladoras y también dinamitazos, mientras voces colombianas u otras con acento caribeño ordenan la defensa de sus laboratorios, depósitos, arsenales y hangares cuando son descubiertos.

Mi comadre cochabambina, al percibir mi preocupación por este cambio que va sufriendo nuestro país por el crecimiento de las áreas cultivadas de hoja de coca y la eclosión de fábricas que producen cocaína, me dijo: “No se angustie, compadre, porque nada malo le sucederá a usted mientras yo esté a su lado”, enseñándome a continuación un chaleco antibalas especial para mujeres, o sea, una combinación de sujetador y coraza metálica, una verdadera obra de arte producida por los fabricantes de lencería y los talleres de mecánica que protege el busto de una mujer sin que esta pierda los encantos femeninos de su ‘pechonalidad’.

Ante mi convencimiento de que Bolivia cambia y también lo harán algunas de nuestras costumbres, confié a la valerosa heroína cochabambina mi protección y defensa en caso de que algunos de los cárteles extranjeros que operan en el país atenten contra mí y de los cuales el ministro de Gobierno, Sacha Llorente, dice desconocer su presencia en el país. Macacha me entregó un artefacto corporal que podría protegerme de algunos atentados explicándome ella que se trataba de un chaleco ‘antibolas’ que me protegería de todos los ciudadanos que niegan que la cocaína, o el dinero que esta produce, favorece a la economía de un gran número de cocaleros en Chapare, en Yungas de La Paz y en el resto del país.