Análisis

Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M. “Nosotros somos colaboradores…”

el buen pastor

Ya estamos en el cuarto domingo de Pascua, llamado Domingo del Buen Pastor. A lo largo del año litúrgico en la Palabra de Dios vamos reflexionando y admirando los diversos nombres que se le da a Jesús, el Señor, Mesías, el Rey, la piedra angular, el Hijo del hombre, la Paz, la Verdad. Hoy, cuando estamos en pleno tiempo pascual, nos invita a conocerlo como el” BUEN PASTOR” para que así podamos amarlo mucho más aún. Cada año la liturgia nos ofrece el capítulo 10 de san Juan. Por ello se ha escogido este día para la JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES que, la Iglesia entera celebra gozosa, consciente que Jesús es el Pastor bueno que cuida siempre de su rebaño.

Cristo mismo hace la presentación de un buen pastor que se cumplen plenamente en él mismo. Las cualidades de un buen pastor las señala Jesús. Ante todo, el buen pastor es el que da la vida por sus ovejas, en contraposición a un pastor asalariado, es el que busca sobre todo su propia seguridad y bien. Y, esto, lo hace voluntariamente: “yo la entrego libremente, nadie me la quita”. Además, Jesús como buen pastor, puede decir: “conozco a mis ovejas y las mías me conocen”. Por otro lado, afirma: “tengo otras ovejas que no son de este redil “también a ellas tengo que traer… y habrá un solo rebaño y un solo pastor”. Estas reflexiones sobre el “buen pastor “nos tendrían que inquietar a todos los que tenemos el encargo de pastorear.

Aunque esta Jornada de Oración Universal por las Vocaciones está dirigida a toda la Iglesia, para que, siguiendo a Jesús el Señor, nos conceda más vocaciones eclesiásticas, obispos, sacerdotes, diáconos… Hay que extender nuestras oraciones a las necesidades de nuestro trabajo pastoral, como nos enseña Jesús: “la mies es mucha y los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de la viña que mande más operarios a su viña”. Además, podemos pensar en la oración de Jesús, el padrenuestro donde nos enseña a pedir, “venga a nosotros tu reino”. El apóstol Pedro tiene clarísima su pertenencia, a la Iglesia y, por ello, hace una llamada a los fieles de Corinto: “el que planta no significa nada, ni el que riega tampoco, cuenta el que hace crecer, o sea, Dios. Nosotros somos colaboradores de Dios” (1 Co. 3-7).

Todo bautizado es un llamado a ser colaborador de Dios, los unos de los otros, porque amar a alguien, es tomar conciencia de ser pastor de esa persona. Es estar pendiente de su bienestar, de sus necesidades, de su felicidad. Es estar dispuesto a sufrir las incomodidades o privaciones para que no le falte nade a la persona amada. El asalariado, en cambio, solo se preocupa por llevar su paga. Por eso, la vocación religiosa o sacerdotal es un desafío a la generosidad del llamado, y también de las familias cristianas. Es una invitación a crear en casa un ambiente propicio para el florecimiento de esta gracia especial. La acción primera de las familias será orar continuamente en el hogar por las vocaciones, como Jesús señala.

Sucre, 22 de abril de 2018.

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre.